La reelección de Juan Antonio Samaranch Salisachs como vicepresidente del Comité Olímpico Internacional (COI) confirma la continuidad de una élite dirigente que controla el olimpismo desde hace décadas, con fuerte presencia española y escasa rendición de cuentas pública. El dirigente barcelonés mantendrá el cargo durante cuatro años más, reforzando su posición en uno de los organismos deportivos más influyentes del mundo, justo en un momento clave marcado por la cercanía de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026.
Reelección estratégica en un momento decisivo para el olimpismo
La decisión se produjo durante la 145.ª Sesión del COI, celebrada en Milán (Italia), donde los miembros del organismo optaron por renovar la confianza en Samaranch, que ya había ejercido como vicepresidente en los periodos 2016–2020 y desde 2022 hasta la actualidad. A sus 66 años, el dirigente español sigue siendo una de las figuras con mayor peso interno dentro del COI, tanto por su experiencia como por su red de contactos internacionales.
La reelección no es un mero trámite administrativo. El puesto de vicepresidente implica participar directamente en las decisiones estratégicas, desde la organización de los Juegos hasta la política económica, los contratos de patrocinio y la relación del COI con gobiernos y grandes corporaciones. En un contexto de creciente politización del deporte, el cargo adquiere una relevancia aún mayor.
Una saga familiar que sigue marcando el rumbo olímpico
Resulta imposible entender la trayectoria de Juan Antonio Samaranch Salisachs sin mencionar el peso histórico de su apellido. Es hijo de Juan Antonio Samaranch Torelló, presidente del COI entre 1980 y 2001, una de las etapas más largas y decisivas en la historia del olimpismo moderno. Precisamente en 2001, el mismo año en que su padre abandonó la presidencia, el hijo ingresó como miembro del COI, iniciando una carrera ascendente que hoy vuelve a situarlo en la cúpula del poder deportivo mundial.
Para muchos observadores, esta continuidad refleja una estructura cerrada, donde las grandes decisiones siguen en manos de un número reducido de dirigentes que se perpetúan en el tiempo. Para otros, en cambio, supone una garantía de estabilidad en un organismo que gestiona miles de millones de euros y un evento seguido por cientos de millones de espectadores en todo el mundo.
Más nombramientos y equilibrio interno en el COI
La sesión celebrada en Milán no solo sirvió para ratificar a Samaranch. También se eligió a tres nuevos miembros de la Comisión Ejecutiva: Ingmar De Vos (Bélgica), Jae Youl Kim (Corea del Sur) y Neven Ilic (Chile). Este último ocupa el puesto dejado por Kirsty Coventry, quien fue elegida presidenta del COI en marzo de 2025, convirtiéndose en la primera mujer en presidir el organismo.
Además, el exjugador español Pau Gasol fue reelegido como miembro de la Comisión de Ética, un cargo simbólicamente relevante pero con escasa visibilidad pública sobre su impacto real en el control interno del COI.
En la misma sesión se confirmó la incorporación de la deportista iraní Soraya Aghaei Haji Agha como nueva miembro, elevando a 107 el número total de integrantes del Comité. De ellos, 48 son mujeres, lo que representa un 44,9 %, un dato que el COI utiliza como muestra de su compromiso con la paridad, aunque las posiciones de máximo poder siguen mayoritariamente en manos masculinas y occidentales.
España mantiene influencia en la gobernanza deportiva global
La reelección de Samaranch consolida a España como actor relevante en la gobernanza del deporte internacional, algo especialmente significativo en un país donde el deporte de base y las infraestructuras deportivas sufren una falta crónica de inversión, mientras sus élites mantienen posiciones privilegiadas en organismos globales.
Desde sectores críticos se señala la desconexión entre el poder institucional y la realidad deportiva nacional, mientras que otros destacan que contar con un vicepresidente español en el COI es una oportunidad estratégica para defender intereses nacionales en la adjudicación de eventos, subvenciones y visibilidad internacional.
Un COI cada vez más político y menos transparente
La continuidad de figuras como Samaranch plantea preguntas incómodas sobre el modelo de gobernanza del COI, un organismo privado con enorme influencia pública, escasa fiscalización externa y una capacidad casi absoluta para decidir sedes, normas y sanciones. En un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, boicots encubiertos y debates sobre derechos humanos, el papel de sus vicepresidentes resulta determinante.
Con Milán-Cortina 2026 a la vuelta de la esquina, el COI afronta desafíos logísticos, económicos y reputacionales. La reelección de Samaranch sugiere que la organización apuesta por la continuidad del modelo tradicional, basado en la experiencia y el control interno, frente a reformas profundas que muchos reclaman desde fuera.
La pregunta de fondo permanece abierta: ¿garantiza esta continuidad estabilidad institucional o perpetúa un sistema cerrado que se resiste a rendir cuentas?

