La adicción al tabaco es una de las más desafiantes de superar, a menudo más que la dependencia de otras drogas. Las tasas de éxito al dejar de fumar son bajas, incluso entre quienes utilizan métodos como parches o terapias conductuales. En la búsqueda de alternativas, los cigarrillos electrónicos, conocidos como vaper, han ganado popularidad como una opción para aquellos que desean reducir o eliminar el uso del tabaco.
Según Lino García, de la cadena de tiendas de cigarrillos electrónicos Ivapeo, países como Francia y Reino Unido están adoptando el vaper como una herramienta para dejar de fumar y minimizar los riesgos asociados al tabaco. Varios organismos de salud pública en Europa han comenzado a considerar el vapeo como una forma de reducción de daños frente al tabaquismo tradicional, particularmente para fumadores adultos que no han podido dejar la nicotina mediante otros métodos.
El vaper es un dispositivo que calienta un líquido denominado e-liquid, que puede contener propilenglicol, glicerina vegetal, aromas naturales y, en algunos casos, nicotina. Este proceso elimina la combustión, una de las principales fuentes de sustancias nocivas del tabaco, como el alquitrán y el monóxido de carbono, reduciendo considerablemente los riesgos para la salud.
El uso de vapers ha mostrado resultados positivos en algunos estudios. Un ensayo clínico en Reino Unido, publicado en el New England Journal of Medicine, reveló que el 18 % de los fumadores que utilizaron cigarrillos electrónicos con apoyo conductual logró dejar de fumar al cabo de un año, en comparación con el 9,9 % que usó métodos de reemplazo de nicotina tradicionales. Encuestas en Gran Bretaña también indican que aproximadamente el 31 % de los vapeadores con antecedentes de tabaquismo consideran que el vaper les ayudó a abandonar el tabaco.
Aunque el vaper parece ser una herramienta efectiva para ayudar a los fumadores a dejar el tabaco, los expertos advierten que su uso es más eficaz como un medio de transición en lugar de una sustitución permanente. El Servicio Nacional de Salud británico (NHS) ha integrado el vapeo en su estrategia antitabaco como una opción para adultos que buscan dejar el cigarrillo convencional y mitigar su exposición a productos de la combustión.
En Francia, aunque la postura es más cautelosa, se reconoce que el vapeo presenta un menor riesgo en comparación con el tabaquismo tradicional. La agencia de salud ANSES enfatiza la baja exposición a tóxicos, pero también subraya la importancia de un enfoque matizado.
La Organización Mundial de la Salud mantiene una actitud cautelosa hacia el vapeo, recomendando una regulación estricta y desalentando su uso entre jóvenes y no fumadores. En resumen, el vaper se consolida como una herramienta de transición dentro de las políticas de control del tabaco en países como Reino Unido y, con precauciones, en Francia.

