La tragedia vuelve a golpear el corazón marítimo de A Coruña. Un ciudadano letón ha muerto en circunstancias similares a otros casos anteriores, reavivando un debate incómodo: ¿es realmente segura la dársena pese a las medidas adoptadas?
Un nuevo fallecimiento que reabre viejas heridas
Lo ocurrido en la madrugada del Lunes de Pascua no es un hecho aislado. Un hombre de nacionalidad letona fue hallado sin vida hacia las 5:30 horas en la dársena de A Coruña, junto a las escaleras próximas al Real Club Náutico.
Vestía ropa deportiva y portaba documentación personal, incluyendo un carné de BiciCoruña y otro de usuario de la Cocina Económica, lo que ayudó a su identificación.
Las primeras hipótesis de la Policía Nacional apuntan a un accidente fortuito:
- Escaleras resbaladizas
- Posible pérdida de equilibrio
- Caída al mar tras un golpe
Sin embargo, este caso no llega en un vacío, sino que se suma a una preocupante estadística: es la cuarta muerte en circunstancias similares desde 2017.
Un patrón que se repite: cuatro muertes en una década
2017: el año que encendió todas las alarmas
El precedente más impactante se remonta a marzo de 2017, cuando Manuel Rodríguez Gómez, de 27 años, desapareció tras una noche de ocio. Su cuerpo fue hallado días después en la dársena.
La investigación concluyó que:
- No hubo violencia
- La muerte fue por ahogamiento
- Pudo sufrir mareo o desorientación
Solo semanas después, otro caso sacudió a la ciudad: el actor Mateo González Miño, de 35 años, falleció tras caer al agua en la misma zona tras asistir a los Premios María Casares.
Las cámaras confirmaron que:
- Cayó tras detenerse cerca de un pantalán
- El golpe le impidió reaccionar
Dos muertes en menos de un mes que provocaron una fuerte presión social.
Medidas adoptadas… ¿insuficientes?
Tras aquellos sucesos, el Ayuntamiento implementó varias actuaciones:
- Instalación de bancos de granito como barrera perimetral
- Refuerzo de la iluminación
El objetivo era claro: reducir el riesgo sin alterar la estética del entorno.
Pero los hechos posteriores ponen en duda su eficacia.
2022: otra víctima mortal
En diciembre de 2022, un hombre peruano de 54 años falleció tras caer al agua en la misma dársena.
Los indicios volvieron a señalar:
- Accidente sin violencia
- Caída fortuita
- Imposibilidad de salir del agua
El caso generó una nueva ola de indignación vecinal.
Más incidentes: cuando el riesgo es evidente
Además de los fallecimientos, la zona acumula otros episodios que evidencian su peligrosidad:
- Una mujer de 82 años cayó al mar en 2020 y sobrevivió gracias a la intervención de un ciudadano y la Policía Local.
- Un furgón se precipitó al agua en 2017 tras quedarse sin freno de mano.
Estos incidentes refuerzan una percepción creciente: la dársena sigue siendo un punto crítico de riesgo.
El debate político y social: estética vs seguridad
Cada tragedia reabre la misma cuestión:
¿Se ha priorizado la estética urbana sobre la seguridad real de los ciudadanos?
Vecinos y expertos llevan años señalando problemas estructurales:
- Ausencia de barreras físicas contundentes
- Escaleras peligrosas en condiciones de humedad
- Zona de alta afluencia nocturna vinculada al ocio
Desde sectores críticos se acusa a las administraciones de aplicar medidas “cosméticas”, más orientadas a la imagen de la ciudad que a la prevención efectiva.
Un problema sin resolver
El patrón se repite: madrugada, soledad, caída, ahogamiento.
Y mientras las investigaciones siguen calificando estos sucesos como accidentes, crece la sensación de que existe un fallo estructural no resuelto.
La pregunta ya no es solo qué ocurrió en cada caso, sino algo más incómodo:
¿Cuántas muertes más serán necesarias para que se adopten medidas realmente eficaces?
Elementos multimedia sugeridos
- Fotografía de la dársena y las escaleras donde ocurrió el suceso
- Infografía con la cronología de víctimas desde 2017
- Mapa señalando los puntos de mayor riesgo

