La carrera tecnológica avanza sin freno, pero no todos parten desde la misma línea. La advertencia es clara: la revolución de la robótica podría ampliar aún más la brecha entre países ricos y pobres, dejando atrás a millones de personas.
Un joven español en el centro del debate global
Con solo 27 años, Guillem Martínez Roura se ha convertido en una de las voces clave dentro de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), organismo dependiente de la ONU.
Desde su posición como responsable de inteligencia artificial y robótica, lanza una advertencia que choca con el optimismo dominante:
no todos se beneficiarán de esta revolución tecnológica.
La robótica avanza… pero no para todos
Según Martínez, estamos en un punto de inflexión. Los robots ya no son prototipos futuristas: están listos para entrar en la vida real.
Sin embargo, ese avance no es homogéneo. Mientras algunos países lideran el desarrollo, otros ni siquiera tienen acceso a la infraestructura básica.
El dato es contundente:
2 600 millones de personas siguen sin acceso a Internet en el mundo.
El riesgo real: concentración de poder tecnológico
La preocupación principal no es la tecnología en sí, sino quién la controla.
Martínez advierte de un escenario donde:
- Infraestructura tecnológica se concentra en pocos países
- El acceso a datos y talento queda limitado
- Las capacidades en IA y robótica se convierten en herramientas de poder
Esto podría generar una nueva forma de desigualdad global, aún más profunda que la actual.
Robots humanoides: más marketing que realidad
El auge de los robots humanoides genera titulares, pero la realidad es menos espectacular.
Según el experto:
- Tienen utilidad limitada
- Funcionan mejor en entornos muy concretos
- Su autonomía sigue siendo reducida
El verdadero avance está en robots especializados, diseñados para tareas específicas, no en máquinas “todoterreno” que imitan al ser humano.
El problema que Europa no quiere ver
Mientras países como China o Estados Unidos avanzan con inversiones masivas, Europa sigue atrapada entre regulación y cautela.
El riesgo es evidente:
quedarse atrás en una de las revoluciones tecnológicas más importantes del siglo.
La UIT insiste en evitar la concentración, pero la realidad apunta en dirección contraria.
Seguridad, privacidad y desconfianza
Otro de los grandes obstáculos es la confianza. Los robots conectados a Internet plantean riesgos claros:
- Vulnerabilidades ante ciberataques
- Problemas de privacidad
- Falta de estándares globales vinculantes
Aunque la UIT trabaja en recomendaciones, estas no son obligatorias, lo que limita su impacto real.
¿Estamos creando una sociedad a dos velocidades?
El propio Martínez lo resume con una reflexión clave:
“Tenemos que decidir qué tipo de sociedad queremos”.
Si el acceso a la robótica queda restringido, el resultado podría ser una sociedad donde:
- Unos pocos disfrutan de automatización avanzada
- Otros quedan atrapados en modelos económicos obsoletos
Una revolución con consecuencias políticas
La robótica no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión de poder, economía y geopolítica.
Quien controle estas tecnologías:
- Tendrá ventaja industrial
- Liderará la innovación global
- Marcará las reglas del futuro
Advertencia clara desde la ONU
El mensaje es directo:
si no se actúa ahora, la brecha digital no solo persistirá, sino que crecerá con la robótica.
Y esta vez, las consecuencias podrían ser irreversibles.
¿Estamos ante una oportunidad histórica de progreso o ante el inicio de una desigualdad tecnológica sin precedentes?

