El hundimiento de la DP-4803 expone la fragilidad de las infraestructuras en la costa de A Coruña
La ingeniería civil se enfrenta de nuevo a la fuerza imparable de la naturaleza, pero también a una realidad incómoda: la vulnerabilidad de las infraestructuras públicas en Galicia. La carretera Miño-Perbes (DP-4803), en la zona de la playa de Lago, permanece gravemente afectada tras un corrimiento de tierras registrado en marzo, que ha dejado el terreno en un estado crítico.
Ahora, un informe geotécnico encargado por la Diputación de A Coruña confirma lo que muchos temían: la solución no será rápida ni barata. La estabilización del talud requerirá una obra de gran envergadura, con un presupuesto estimado de 1,2 millones de euros.
26 pilotes de 30 metros: una obra de ingeniería extrema
La intervención prevista no es una simple reparación del firme. Se trata de una actuación estructural compleja que contempla la construcción de una pantalla de contención con 26 pilotes de 1,5 metros de diámetro, que se introducirán hasta 30 metros de profundidad para alcanzar terreno estable.
El objetivo es frenar el avance de una ladera de 32 metros de altura, actualmente inestable y con riesgo de nuevos desplazamientos, agravados por la presencia constante de agua en el subsuelo.
Este factor, según los técnicos, actúa como un lubricante natural del terreno, lo que incrementa el peligro de nuevos colapsos si se producen episodios de lluvias intensas.
Una vivienda condenada y un paisaje alterado por el derrumbe
El corrimiento de tierras no solo ha afectado a la carretera. También ha provocado daños severos en una vivienda cercana, cuyo propietario ha confirmado que la estructura no es recuperable y deberá ser demolida.
La escena es el reflejo de un episodio de inestabilidad geológica que ha arrastrado incluso bloques de hormigón hasta la arena de la playa, evidenciando la magnitud del deslizamiento y el impacto directo sobre el entorno costero.
La Diputación reconoce que la reapertura no llegará en verano
Uno de los golpes más relevantes para la comarca es la confirmación de que la carretera no estará operativa durante la temporada estival. Esto afectará directamente a la movilidad hacia zonas turísticas como Perbes y Pontedeume, en pleno aumento de tráfico veraniego.
La diputada de Vías e Obras, Mónica Rodríguez, ha sido clara tras visitar la zona junto al alcalde de Miño:
“A prioridade absoluta é a seguridade das persoas. Non estamos ante unha reparación sinxela”, afirmó.
La administración provincial insiste en que no se puede forzar una reapertura sin garantías, priorizando la estabilidad del terreno frente a la presión social.
Desvíos, caos circulatorio y una gestión bajo presión
Mientras se prepara el inicio de las obras, la Diputación y el Concello trabajan en planes alternativos de tráfico para intentar reducir el impacto en la movilidad diaria.
Sin embargo, la situación pone sobre la mesa un debate recurrente en Galicia: la lentitud administrativa y la dependencia de soluciones de alto coste cada vez que la infraestructura cede ante fenómenos naturales.
El reto no es menor: gestionar uno de los principales accesos costeros en pleno verano mientras se ejecuta una obra que, por su complejidad, se prolongará durante meses.
Una inversión millonaria que reabre el debate sobre la planificación pública
Los 1,2 millones de euros previstos para estabilizar este tramo vuelven a poner el foco en la planificación de infraestructuras en zonas de alto riesgo geológico.
El caso de Miño evidencia, para muchos analistas, una realidad incómoda: la necesidad de mayor prevención, mantenimiento estructural y evaluación del terreno antes de ejecutar viales en zonas costeras sensibles.
Mientras tanto, la naturaleza ha impuesto su propio calendario, obligando a la administración a actuar con urgencia… y con un coste elevado para las arcas públicas.

