La expresión «darse con un canto en los dientes» es utilizada para referirse a situaciones en las que una persona se conforma con un resultado que, aunque no era el esperado, evita un desenlace peor. Este dicho puede ser escuchado con frecuencia en contextos cotidianos, como al aprobar un examen de forma ajustada o al obtener un resultado mínimo que se percibe como un alivio.
El origen de esta frase se remonta a prácticas medievales religiosas, donde algunos individuos manifestaban su gratitud por lo que consideraban un favor divino a través de gestos de autoflagelación. Principalmente, se realizaba un acto que consistía en golpearse el pecho con un canto, es decir, una piedra lisa, como símbolo de aceptación y agradecimiento por haber evitado una adversidad mayor.
Con el paso del tiempo, el simbolismo de esta acción se trasladó a los dientes, una parte del cuerpo más sensible, lo que acentuó la idea de sacrificio y resignación. Aunque la práctica física ha desaparecido, la metáfora de «darse con un canto en los dientes» se ha consolidado hasta nuestros días, siendo usada para expresar el alivio por un resultado menos negativo del que se podría haber esperado. Durante el siglo XIX ya se reconocía la expresión en su forma figurada, utilizada para indicar conformismo ante la situación vigente.

