Construido por los musulmanes hace aproximadamente 1.200 años sobre un espolón rocoso que domina el Mediterráneo, el castillo de Oropesa del Mar es uno de los testimonios más completos de la superposición histórica de civilizaciones en la costa de Castellón.
Conquistado por el Cid en 1090, reconquistado por Jaime I en 1233, asaltado por Barbarroja en 1536 y destruido por las tropas napoleónicas en 1811, este enclave declarado Bien de Interés Cultural sobrevive hoy como ruina consolidada en el corazón del casco histórico de Orpesa, propiedad del Ayuntamiento y de acceso libre.

Los orígenes: una fortaleza islámica sobre el Mediterráneo
El castillo se construyó aproximadamente hace 1.200 años en época musulmana. Tiene una planta en forma de polígono irregular, con un recinto de murallas que conecta un total de cinco torres, y está situado en lo alto de un pequeño cerro a cuyos pies se desarrolla el núcleo antiguo de la villa. Su posición privilegiada, elevada sobre el mar y vigilando una antigua vía de comunicación romana, lo convirtió desde el principio en un punto estratégico de primer orden en la costa valenciana.
Esta primera fortaleza estaba construida con tapial, la técnica constructiva propia del mundo andalusí, que consistía en mezclar tierra y cal en moldes de madera. La población musulmana vivía en los alrededores del castillo y se refugiaba en su interior en momentos de peligro.
La antigüedad del enclave, no obstante, es aún mayor. Existen pruebas de que los primeros pobladores de Oropesa del Mar se asentaron en la Serra d’Orpesa durante el Paleolítico inferior, y hay constancia arqueológica de asentamientos en la Edad del Bronce, como el Tossal Redó, una fortificación costera ubicada en la sierra. El geógrafo árabe Abu Abd Allah Muhámmad Aldrisi dejó constancia escrita de la población en sus textos medievales, lo que certifica su relevancia en el mundo islámico peninsular.

El Cid, Jaime I y las órdenes militares: la larga Reconquista cristiana
La transición entre el dominio musulmán y el cristiano no fue un acto único, sino un proceso largo y violento que se extendió durante más de siglo y medio. El castillo de Oropesa es de época musulmana, aunque ya a finales del siglo XI, en 1090, pertenecía al Cid, pasando más tarde a manos de Pedro I de Aragón. De este periodo quedan en pie unos viejos paredones de tapial y un aljibe de dos naves que los expertos consideran de posible época musulmana.
Sin embargo, la victoria del Campeador fue efímera. A finales del siglo XI fue conquistada por Rodrigo Díaz de Vivar, para ser de nuevo reconquistada por los árabes unos años después. Antes de la conquista definitiva, en 1169, fue otorgada a la Orden del Temple por Alfonso II de Aragón.
La zona no llegaría a ser completamente controlada por los cristianos hasta 1233, bajo la soberanía de Jaime I. Sin embargo, el castillo ya había sido otorgado a las órdenes militares: a la Orden de Malta en 1149 y a la Orden del Temple en 1169, aunque no pudieron ocuparlo efectivamente.
Tras la conquista definitiva de Jaime I, toman posesión del castillo la Orden del Hospital, donde se asigna un comendador, Fra Ramón de Ciri. En 1259 pasó a manos de Fernando Pérez de Pina, y en 1296 a Berenguer Dalmau. En 1654, Felipe IV creó el Condado de Oropesa para Gerard de Cervelló.

La amenaza berberisca y la artillería del siglo XVI
La consolidación cristiana del enclave no trajo la paz. En el siglo XV, Oropesa sufrió continuas incursiones de piratas berberiscos que provocaron modificaciones y ampliaciones en el castillo, con las que alcanzaría su fisonomía definitiva. En el año 1536, el pirata berberisco Barbarroja asaltó y se apoderó de la fortaleza. Otro de los ataques más virulentos se produjo en 1619, con casi 50 víctimas y otras tantas personas cautivas.
Para hacer frente a estos ataques, el castillo fue artillado en el siglo XVI. A diferencia de muchos castillos del interior, la fortificación no fue abandonada tras la expulsión de los moriscos; la amenaza de los corsarios hizo que se convirtiera en una herramienta defensiva importante, adaptada en la medida de lo posible a los nuevos tiempos.

La herida napoleónica: el golpe que lo derrumbó
Si los piratas berberiscos habían dañado la fortaleza pero no logrado destruirla, sería la artillería francesa la que le propinaría el golpe definitivo. En octubre de 1811, las tropas napoleónicas del mariscal Suchet atacaron la población. Tras varias semanas de asedio lograron tomar el castillo y abrir una brecha en sus murallas. Las tropas francesas permanecieron hasta julio de 1813, y en el momento de su abandono volaron y asolaron el castillo.
Un dato que ilustra la relevancia histórica del enclave es que sus propios planos originales no están en España. Debido a la relevancia del castillo durante la Guerra de la Independencia Española, los documentos acabaron en manos de las tropas de Napoleón y actualmente los tiene el gobierno francés. Una paradoja histórica que añade una capa más de complejidad a la memoria de este lugar.
Durante la Guerra Civil de 1936 se volvió a ocupar momentáneamente el castillo, con el establecimiento de un nido de ametralladora y la construcción de unas galerías en su interior.
El castillo hoy: ruina consolidada con vistas al Mediterráneo
El Castillo y las murallas de Oropesa del Mar son actualmente unos pocos restos de lo que en su momento fueron los bastiones de defensa de la población. Están declarados, de manera genérica, Bien de Interés Cultural, según consta en la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Generalitat Valenciana, con el código 12.05.085-003, con anotación ministerial número R-I-51-0010725.
Es propiedad del Ayuntamiento de Oropesa del Mar y es de acceso libre. Su protección legal se encuadra en la declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949 (BOE núm. 125, de 5 de mayo de 1949) y en la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español (BOE núm. 155, de 29 de junio de 1985).
Las ruinas que se pueden contemplar en la actualidad son el resultado de un plan de recuperación y excavaciones arqueológicas, con el que se ha desenterrado parte de la estructura primaria de origen musulmán y se ha descubierto que en la zona ya hubo asentamientos desde la Edad del Bronce. Con las excavaciones arqueológicas se han recuperado algunas estancias del castillo y, en algunos lugares, se puede ver el suelo original.
Desde su punto más alto, se pueden contemplar los campos de naranjos entre Marina d’Or y Oropesa del Mar, la capilla de la Virgen de la Paciencia, los bloques de viviendas en los acantilados de la costa, las playas y las montañas cercanas. Una panorámica mediterránea que lleva siglos siendo la misma para quienes han controlado este cerro, desde los andalusíes del siglo IX hasta los turistas del siglo XXI.
Oropesa del Mar cuenta con una población de 12.640 habitantes según el INE 2025. El turismo, con el macrocomplejo Marina d’Or como referencia, ha transformado el municipio, pero su casco histórico sigue siendo el depósito de su identidad más profunda.
La opinión de El Vértice
El castillo de Oropesa del Mar es algo más que una ruina pintoresca sobre el Mediterráneo: es un compendio de civilizaciones que se sucedieron en este rincón de Castellón durante más de doce siglos. Musulmanes, cruzados, piratas berberiscos, tropas napoleónicas y milicianos de la Guerra Civil dejaron aquí su huella. Que los planos originales del castillo reposen en los archivos del gobierno francés —botín de la ocupación napoleónica— dice mucho sobre la violencia que atraviesa su historia y sobre las deudas pendientes del patrimonio español.
El estado actual de ruina consolidada, con acceso libre y gestionado por el Ayuntamiento, es una solución digna pero insuficiente para una estructura de semejante valor histórico. La Generalitat Valenciana tiene instrumentos legales —la propia declaración de BIC lo exige— para impulsar una restauración y un plan de difusión a la altura del monumento. La pregunta es cuándo pasará de ser un punto turístico secundario a convertirse en el corazón cultural que merece ser.

