Residentes y comerciantes de la calle de La Merced denuncian años de abandono, exceso de velocidad y pasos de peatones peligrosos mientras el Ayuntamiento sigue sin actuar con contundencia.
Lo que ocurre en este barrio de A Coruña ha encendido la indignación vecinal. Conductores circulando a velocidades impropias de una zona residencial, peatones obligados a cruzar prácticamente “a la carrera” y una sensación creciente de inseguridad han llevado a los vecinos de Os Castros a organizarse por su cuenta. Sin campañas institucionales ni medidas efectivas del consistorio, han sido los propios ciudadanos quienes han decidido plantar cara al problema con una iniciativa tan sencilla como demoledora: colgar carteles en los árboles pidiendo a los conductores que “frenen” y circulen “amodo”.
Vecinos hartos del abandono municipal en La Merced
La protesta ciudadana se concentra en la calle de La Merced, una vía que conecta con la ronda de Outeiro y que, según denuncian residentes y comerciantes, se ha convertido en un auténtico punto negro para peatones y familias.
Los carteles, visibles junto a un paso de peatones especialmente conflictivo, buscan apelar al sentido común de los conductores con mensajes cargados de ironía y crítica social. Detrás de la iniciativa está un grupo de vecinos que, cansados de la pasividad institucional, decidió actuar.
Uno de los impulsores de la campaña es Dani Blasco Balbás, responsable de la librería y espacio cultural A Tobeira de Oza, quien explica que la idea surgió de las conversaciones diarias entre residentes del barrio.
Según relata, la zona soporta un tráfico constante de vehículos pesados, furgonetas de reparto y coches que atraviesan el barrio a gran velocidad pese a tratarse de un entorno residencial con presencia habitual de niños y personas mayores.
“Parece una autopista”: el miedo diario de los peatones
La sensación entre los residentes es unánime: muchos conductores circulan como si estuvieran en una vía rápida y no en una calle urbana estrecha y con mala visibilidad.
Una vecina denuncia que los vehículos llegan desde la ronda de Outeiro “a velocidades completamente inadecuadas”, mientras otros residentes aseguran que cruzar el paso de peatones se ha convertido en una maniobra de riesgo constante.
La indignación es mayor porque la zona es utilizada diariamente por menores que se dirigen a centros escolares y actividades deportivas como el Judo Club Coruña. A ello se suma la presencia de edificios en obras y calles antiguas con aceras estrechas y vehículos mal estacionados.
Varios vecinos proponen soluciones inmediatas que el Ayuntamiento todavía no ha ejecutado, como la instalación de un paso de peatones elevado tipo badén, una medida habitual en muchas ciudades españolas para obligar a reducir la velocidad.
Comerciantes denuncian carreras de coches y furgonetas
Los negocios de la zona también sufren el problema. Begoña Vázquez, trabajadora de la peluquería Extensión, situada frente al paso de peatones, asegura que el ruido de los motores deja claro cuándo los coches circulan de manera temeraria.
La comerciante señala especialmente a las furgonetas de reparto, que atraviesan la calle “a toda velocidad”, hasta el punto de que apenas da tiempo a distinguir el modelo de los vehículos.
Desde la farmacia de la zona describen la situación de forma aún más contundente: “Hay coches que pasan como si esto fuese un circuito de Fórmula 1”.
Un paso de peatones “mal diseñado” y casi invisible
Otro de los puntos más criticados es el estado del propio paso de peatones. Los residentes consideran que la infraestructura está mal planteada y carece de visibilidad suficiente tanto para conductores como para peatones.
La pintura horizontal está desgastada, el tamaño del paso es reducido y existen problemas añadidos de movilidad por vehículos estacionados en zonas conflictivas.
Además, en la confluencia entre La Merced, Juan Montes y Pintor Seijo Rubio suele haber coches ocupando espacios indebidos, lo que empeora todavía más la visibilidad.
Los vecinos reconocen que la Policía Local aparece ocasionalmente para sancionar infracciones, pero consideran que las medidas son insuficientes y temporales.
A Coruña y el debate sobre la inseguridad urbana
El caso de Os Castros vuelve a poner sobre la mesa un debate cada vez más frecuente en numerosas ciudades españolas: el deterioro de la seguridad vial en barrios residenciales mientras las administraciones priorizan campañas ideológicas o proyectos urbanísticos de escaparate.
Los residentes denuncian que las soluciones básicas —más control policial, pasos elevados, mejor señalización y orden en el estacionamiento— siguen esperando mientras el problema se cronifica.
La situación también evidencia cómo muchos barrios tradicionales sufren una combinación peligrosa de calles antiguas, aumento del tráfico y falta de adaptación urbana moderna.
La protesta vecinal que se ha hecho viral
La campaña improvisada de los vecinos ha despertado simpatía entre numerosos coruñeses en redes sociales por su tono irónico y directo. Los mensajes colocados en los árboles buscan llamar la atención sin confrontación agresiva, aunque detrás de ellos existe un profundo malestar ciudadano.
Para muchos residentes, el problema ya no es únicamente el exceso de velocidad, sino la sensación de que las instituciones reaccionan tarde y solo cuando ocurre una desgracia.
Y esa es precisamente la pregunta que comienza a resonar en Os Castros: ¿tendrá que producirse un atropello grave para que alguien actúe de verdad?

