El cierre del estrecho de Ormuz por la guerra en Irán ha convertido al Canal de Panamá en una de las rutas alternativas más codiciadas del comercio marítimo. El tránsito ha subido cerca de un 11 %, los cupos se encarecen y algunos buques han llegado a pagar hasta 4 millones de dólares por cruzar.
Panamá convierte una crisis global en una oportunidad millonaria
Cuando una ruta estratégica se cierra, el comercio mundial busca otra salida. Eso es lo que está ocurriendo con el Canal de Panamá, que se ha convertido en uno de los grandes beneficiados por la crisis en el estrecho de Ormuz, la principal vía marítima para el transporte mundial de petróleo y gas.
Desde el inicio de la guerra en Irán, el 28 de febrero de 2026, el tráfico por Ormuz se ha desplomado y las navieras han tenido que rediseñar rutas para mover energía, contenedores y mercancías sin exponerse a una zona cada vez más militarizada. Reuters informó en abril de que el tráfico por Ormuz se mantenía bajo mínimos por el bloqueo y la tensión entre Estados Unidos e Irán.
En ese escenario, Panamá ha ganado centralidad. El Canal no solo ofrece una ruta alternativa entre el Atlántico y el Pacífico; también proporciona seguridad, previsibilidad y una infraestructura capaz de absorber parte del desvío del comercio global.

El tránsito por el Canal sube cerca de un 11 %
Según la Autoridad del Canal de Panamá, citada por BBC Mundo, el tránsito por la vía interoceánica ha aumentado cerca de un 11 % desde el inicio del conflicto en Irán, con picos de hasta 20 % en los días de mayor demanda. El fenómeno responde al desvío de buques que buscan evitar el estrecho de Ormuz y otras zonas de riesgo en Oriente Medio.
Reuters ya había informado a finales de abril de un aumento del tráfico por el Canal de Panamá debido a la guerra en Oriente Medio. La vía panameña, que venía recuperándose tras la crisis de sequía de 2023 y 2024, ha pasado a operar con una presión mucho mayor por el incremento de barcos energéticos, especialmente buques de gas natural licuado.
El administrador del Canal, Ricaurte Vásquez, señaló en marzo que la vía estaba operando prácticamente a plena capacidad, con entre 36 y 38 buques diarios, por encima del promedio proyectado para el año fiscal.
Ormuz, el cuello de botella que disparó la demanda
El estrecho de Ormuz es una de las arterias más sensibles del planeta. Por allí circula una parte clave del petróleo y del gas que sale del Golfo Pérsico hacia Asia, Europa y otros mercados. Cuando esa ruta se bloquea o se vuelve insegura, el impacto se traslada inmediatamente al precio de la energía, a los seguros marítimos, a los fletes y a la planificación de las navieras.
Reuters informó que Irak exportó en abril apenas 10 millones de barriles de petróleo a través de Ormuz, muy por debajo de los 93 millones mensuales previos a la guerra, por los problemas de seguridad y seguros asociados al conflicto.
Esa caída muestra la dimensión del problema. Si los buques no pueden pasar con normalidad por Ormuz, las empresas buscan rutas alternativas aunque sean más largas, más caras o requieran reorganizar toda la cadena logística.
El Canal cobra más: hasta 4 millones de dólares por un cruce
El beneficio para Panamá no viene solo por el aumento de barcos. También llega por el encarecimiento de los cupos y las tarifas asociadas al tránsito.
El Canal de Panamá funciona con un sistema de reservas y subastas para determinados cupos. Cuando una empresa no tiene un turno reservado y quiere cruzar antes, puede pujar por un espacio disponible. En momentos de alta demanda, esos cupos pueden dispararse.
BBC Mundo informó que un buque gasero llegó a pagar 4 millones de dólares por cruzar el Canal, una cifra excepcional pero muy reveladora del valor que las navieras están dispuestas a asumir cuando necesitan mover carga energética sin pasar por zonas de guerra.
La lógica es simple: para una empresa que transporta gas, petróleo o mercancía de alto valor, pagar más por un tránsito seguro puede resultar más barato que exponerse a retrasos, seguros disparados, ataques, bloqueos o incertidumbre operacional.
Panamá gana dinero, pero también peso geopolítico
El Canal de Panamá no solo está ingresando más. También está ganando relevancia estratégica.
En tiempos normales, la vía interoceánica ya es fundamental para el comercio mundial. Pero en tiempos de guerra, su valor aumenta. Cada buque que evita Ormuz o rutas inseguras y opta por Panamá refuerza la posición del país centroamericano como pieza indispensable de la logística global.
Esto le da a Panamá más ingresos, más visibilidad y más poder de negociación. También convierte al Canal en una infraestructura aún más sensible para Estados Unidos, China, Europa y las grandes navieras.
La crisis demuestra algo que los gobiernos suelen olvidar hasta que estalla un conflicto: la soberanía logística vale tanto como la soberanía energética. Quien controla rutas seguras, controla parte del comercio mundial.
El gas natural licuado, protagonista del desvío
Uno de los sectores más impactados ha sido el del gas natural licuado, especialmente el que sale desde Estados Unidos hacia Asia. Reuters informó en marzo de que el Canal estaba priorizando envíos de GNL estadounidense y que planeaba ofrecer un cupo diario para ese tipo de buques, frente a los cuatro cupos mensuales que se manejaban anteriormente.
Este dato es clave porque muestra cómo el conflicto en Irán reordena el mapa energético. Si Ormuz queda inutilizado o limitado, los compradores asiáticos necesitan nuevas rutas y nuevos proveedores. Estados Unidos gana margen como exportador de GNL, y Panamá se convierte en paso estratégico para que esa energía cruce hacia el Pacífico.
La guerra, por tanto, no solo altera precios. También cambia rutas, contratos, prioridades y alianzas comerciales.
El Canal se recupera tras la sequía
La oportunidad llega después de un periodo complicado para Panamá. Entre 2023 y 2024, la sequía obligó a limitar el número de tránsitos por el Canal, lo que afectó ingresos y generó preocupación sobre la capacidad de la vía para competir en un comercio marítimo cada vez más exigente.
Ahora, con mejores condiciones operativas, el Canal vuelve a estar en el centro del tablero. Reuters informó el 15 de mayo de 2026 que la administración no prevé restringir el paso de buques durante el resto del año, incluso si un fenómeno de El Niño comienza en la segunda mitad de 2026.
Ese mensaje busca tranquilizar a las navieras. En plena crisis de Ormuz, la confianza es tan importante como la capacidad física. Las empresas necesitan saber que Panamá puede responder.
Los ganadores de la crisis: energía, bancos, armas y rutas alternativas
La crisis en Ormuz confirma una regla incómoda de la geopolítica: cuando estalla un conflicto, alguien pierde vidas, estabilidad y seguridad, pero otros ganan dinero.
BBC Mundo señala que entre los beneficiados por la guerra en Irán figuran empresas de petróleo y gas, bancos de inversión, industria armamentística y ahora también el Canal de Panamá, por el aumento del tránsito y de los ingresos asociados.
No se trata de celebrar la guerra. Se trata de entender cómo funciona el mundo real. Las crisis destruyen para unos y abren oportunidades para otros. Panamá, en este caso, no provocó el conflicto, pero sí está aprovechando una ventaja estructural: tener una de las rutas marítimas más importantes y seguras del planeta.
El coste oculto: más dependencia de rutas estratégicas
El auge del Canal de Panamá también deja una advertencia. El comercio mundial depende de muy pocos pasos críticos: Ormuz, Suez, Panamá, Malaca y algunos corredores marítimos más. Cuando uno falla, los demás se tensionan.
El País ha señalado que el transporte marítimo está evolucionando a golpe de crisis, con navieras que ya priorizan resiliencia, seguros, rutas alternativas y vigilancia en tiempo real por encima de la vieja obsesión por la eficiencia pura.
Esto significa que el comercio global será más caro. Más seguro, quizá. Pero también menos eficiente. Las empresas tendrán que pagar más por seguros, más por rutas alternativas, más por cupos prioritarios y más por proteger sus cadenas de suministro.
Y al final, parte de esos costes puede terminar en el consumidor.
Panamá ante una oportunidad histórica
Para Panamá, la coyuntura abre una oportunidad enorme. Si el país administra bien este momento, puede reforzar su papel como plataforma logística, financiera y comercial.
Pero también hay riesgos. Más tráfico exige más eficiencia, más transparencia en las subastas, más inversión en mantenimiento, más seguridad y una gestión cuidadosa del agua, el recurso más crítico para el funcionamiento del Canal.
La crisis de Ormuz puede dejar ingresos extraordinarios. Pero el verdadero desafío es convertir esos ingresos en capacidad permanente, no en una ganancia pasajera.
El Canal de Panamá se ha convertido en uno de los grandes ganadores indirectos de la crisis del estrecho de Ormuz. El cierre o la inseguridad de la ruta energética más sensible del mundo ha empujado a las navieras a buscar alternativas, y Panamá ha respondido con más tránsito, más demanda y tarifas mucho más elevadas.
El aumento de cerca del 11 % en los cruces, los picos de hasta 20 % y pagos excepcionales de hasta 4 millones de dólares por un tránsito muestran la dimensión del negocio.
La guerra en Irán está redibujando el mapa del comercio marítimo. Y en ese nuevo mapa, Panamá vuelve a aparecer como una pieza central: pequeña en territorio, pero gigantesca en importancia estratégica.

