El cierre temporal de Lavacolla por las obras en la pista ha puesto a prueba el sistema aeroportuario gallego. Mientras miles de pasajeros sufrían incertidumbre y problemas de movilidad, la dirección de Alvedro asegura que el operativo fue “un éxito total”.
La situación ha reabierto el debate sobre el verdadero papel del aeropuerto de A Coruña dentro de Galicia y sobre la dependencia política y económica del modelo centralizado en Santiago.
Alvedro se reivindica tras el cierre parcial de Santiago
El aeropuerto de Alvedro, en A Coruña, ha vivido durante las últimas semanas una situación inédita. El cierre temporal de las pistas del aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro (Lavacolla) por trabajos de asfaltado obligó a desviar decenas de operaciones diarias hacia otras terminales gallegas, especialmente la coruñesa.
En este contexto, el director de Alvedro, Joan Ibáñez Ferrer, ha defendido públicamente la gestión realizada por el aeropuerto coruñés, asegurando que la infraestructura “atendió toda la programación con garantías” y que el plan especial diseñado por Aena funcionó “perfectamente”.
Las declaraciones llegan después de varios días marcados por imágenes de acumulación de pasajeros, colas y problemas de tráfico en los accesos al aeropuerto, escenas que provocaron críticas entre usuarios y reabrieron el eterno debate sobre la planificación aeroportuaria en Galicia.
“Todos los pasajeros pasaron el control en menos de 10 minutos”
Ibáñez insiste en que, pese al aumento extraordinario de operaciones, no existió saturación real en ninguna de las áreas clave del aeropuerto.
Según explicó, durante los días de máxima actividad se llegaron a gestionar alrededor de 50 operaciones diarias, sumando tanto los vuelos habituales de Alvedro como los desviados desde Santiago.
El responsable aeroportuario defendió que:
- El 100 % de los viajeros atravesaron los controles de seguridad en menos de 10 minutos.
- No se registraron retrasos atribuibles al incremento de tráfico.
- La plataforma de aeronaves funcionó con normalidad.
- La ampliación de servicios de taxi y aparcamiento evitó un colapso mayor en los accesos.
Sin embargo, numerosos pasajeros sí denunciaron durante los primeros días dificultades de movilidad y congestión en determinadas franjas horarias, especialmente por la elevada llegada simultánea de vuelos.
El debate que Galicia nunca resuelve: tres aeropuertos y una guerra política permanente
La crisis temporal derivada del cierre de Lavacolla ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión históricamente polémica en Galicia: la competencia entre los tres aeropuertos gallegos —Santiago, A Coruña y Vigo— y el modelo de gestión impulsado por Aena.
Desde sectores empresariales y políticos de A Coruña y Vigo se lleva años denunciando que Santiago concentra una parte desproporcionada de inversiones, rutas y conexiones internacionales, mientras otras terminales quedan relegadas.
La situación vivida estas semanas ha servido para que desde Alvedro se reivindique la capacidad operativa de la terminal coruñesa. Aunque Ibáñez evitó entrar directamente en la disputa territorial, sí dejó una frase significativa:
“La infraestructura ha podido absorber de forma satisfactoria el total de operaciones programadas”.
Un mensaje interpretado por muchos como una demostración de que Alvedro podría asumir más peso estratégico dentro del sistema aeroportuario gallego si existiese voluntad política y comercial.
Aena evita hablar de nuevas rutas permanentes
Pese al aumento puntual de tráfico y pasajeros, el director de Alvedro evitó confirmar si esta situación extraordinaria podría traducirse en nuevas conexiones estables para A Coruña.
Ibáñez se limitó a señalar que cualquier decisión sobre futuras rutas dependerá del llamado “grupo de trabajo de conectividad aérea de Galicia”, el organismo donde participan administraciones y aerolíneas.
La respuesta refleja la prudencia de Aena, que históricamente ha evitado alimentar la rivalidad entre aeropuertos gallegos.
No obstante, operadores turísticos y sectores empresariales coruñeses consideran que esta experiencia ha demostrado algo que llevan años reclamando: Galicia dispone de infraestructuras infrautilizadas mientras se sigue apostando por una concentración excesiva en Santiago.
Un cierre temporal que deja preguntas incómodas
El asfaltado de las pistas de Lavacolla continuará todavía durante varias semanas, aunque desde Aena aseguran que el dispositivo actual seguirá funcionando “con normalidad”.
Mientras tanto, el episodio deja varias preguntas abiertas:
- ¿Está Galicia desaprovechando la capacidad real de Alvedro y Peinador?
- ¿Existe una planificación equilibrada o prima el centralismo aeroportuario?
- ¿Puede Santiago absorber indefinidamente todo el crecimiento aéreo gallego?
La crisis operativa derivada de las obras ha demostrado que, cuando Lavacolla se detiene, el sistema entero se tambalea y las costuras del modelo aeroportuario gallego quedan expuestas.
Y aunque desde Aena se insiste en que todo ha funcionado “con tranquilidad”, las imágenes de saturación y el malestar de muchos viajeros cuentan una historia bastante distinta.
¿Estamos ante una simple gestión técnica temporal o ante la prueba definitiva de que Galicia necesita replantear por completo su estrategia aeroportuaria?

