Alejandro Villena alerta sobre los riesgos de la pornografía
El sexólogo Alejandro Villena, en su intervención en el podcast Tengo un Plan, advierte sobre las implicaciones de la pornografía en la salud mental y el desarrollo neurológico, afirmando que puede actuar como un agente tóxico que altera los mecanismos de recompensa del cerebro.
Según Villena, el consumo de pornografía industrial se asemeja al consumo de cocaína, ya que activa rutas neuronales similares, lo que podría generar dependencia. Esto lleva a un fenómeno de tolerancia, donde los usuarios buscan contenidos cada vez más extremos, alejándose de una experiencia sexual saludable.
La situación resulta preocupante, especialmente entre las nuevas generaciones. Se estima que uno de cada diez niños accede a este tipo de contenido antes de los ocho años. Villena destaca que el consumo prematuro de pornografía puede afectar el desarrollo del autocontrol, en un periodo crítico para la formación de la corteza prefrontal en los jóvenes.
El exceso de exposición a estímulos pornográficos puede provocar un deterioro en la sustancia gris del cerebro, dificultando la capacidad de autocontrol. Esta dependencia, argumenta Villena, puede llevar a individuos que no controlan su conducta e impulsos.
La denominada «pornografía 5.0», que incorpora inteligencia artificial, y sus efectos, son otra preocupación que plantea Villena. Cita casos de personas que usan software para desnudar digitalmente a individuos de su entorno, lo que plantea serios dilemas éticos relacionados con el consentimiento.
Villena destaca que la industria pornográfica a menudo proyecta una imagen distorsionada, mencionando que alrededor del 80% de las actrices porno han experimentado estrés postraumático durante el rodaje, lo que contrasta con las narrativas de empoderamiento y libertad que a veces se difunden.
Para abordar este fenómeno, Villena propone la intervención clínica y la recuperación de la reflexión frente a la impulsividad, sugiriendo que el tratamiento no debe limitarse a «dietas tecnológicas» o ayunos de dopamina, sino que debe abarcar un enfoque ético que promueva conexiones reales y saludables.
En conclusión, afirma que el sexo auténtico se basa en la complicidad y el juego, elementos que a menudo son ignorados por la industria pornográfica, cuya finalidad principal es el lucro a través de la excitación.

