Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes por 721 millones de euros, según denuncian expertos y asociaciones de regantes. Desde 2009, la comunidad autónoma acumula proyectos estratégicos sin iniciar ni concluir, lo que incrementa significativamente la vulnerabilidad de la región frente a inundaciones y sequías. La falta de inversión en presas y desaladoras deja a amplias zonas rurales sin la infraestructura básica para gestionar el agua de forma segura y eficiente.
El impacto de la inacción: presas y desaladoras paralizadas
Entre los proyectos más destacados, la presa de Alcolea en Huelva ejemplifica la situación crítica. La construcción se paralizó al 23% de ejecución y aún depende de un convenio entre la Junta y el Gobierno central para poder completarse. La controversia sobre la calidad del agua, debido a los sedimentos de la cuenca minera, mantiene el proyecto estancado, evidenciando cómo Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que podrían mitigar riesgos en caso de lluvias intensas.
Otro caso paradigmático es la desaladora del Bajo Almanzora en Almería, destruida en 2012 por inundaciones y todavía sin funcionamiento, a pesar de ser vital para abastecimiento y riego en la provincia. La ausencia de estas infraestructuras críticas demuestra que Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que podrían haber limitado los daños de los recientes temporales.
Presas estratégicas sin ejecutar
Feragua, la Asociación de Comunidades de Regantes de Andalucía, advierte que desde la entrada en servicio de la presa de La Breña II en 2009 no se ha completado ninguna nueva obra de regulación. Según sus cálculos, Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que suman un valor aproximado de 721 millones de euros. Entre ellas destacan la presa de la Coronada (126 millones) y la de Gibralmedina, en el Campo de Gibraltar, ambas esenciales para controlar avenidas y garantizar suministro de agua.
La presidenta de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Gloria María Martín Valcárcel, señala que proyectos como Cerrada de la Puerta y San Calixto todavía esperan adjudicación o redacción de proyectos. Según Martín Valcárcel, “no es que no queramos hacerlas, es que no se han identificado más emplazamientos viables dentro de una cuenca ya muy regulada y con exigencias medioambientales estrictas”.
Riesgos frente a fenómenos meteorológicos extremos
La reciente ola de lluvias y tormentas en Andalucía ha evidenciado la necesidad urgente de estas infraestructuras. Embalses estratégicos permiten laminar avenidas y proteger zonas agrícolas, caminos rurales y poblaciones vulnerables. La ausencia de estas obras hace que la región sea más propensa a daños por inundaciones, poniendo en evidencia que Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que son vitales para la seguridad hídrica.
Una deuda histórica en infraestructuras
Entre 2013 y 2025, la gestión hídrica en Andalucía se ha limitado a administrar restricciones por sequía y a enfrentar riesgos de inundaciones sin contar con nuevos embalses ni modernización de presas existentes. Feragua recalca que con voluntad política, Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que podrían ejecutarse en los próximos 15 años, recuperando la capacidad de planificación hídrica efectiva y reduciendo la vulnerabilidad de la región.
Lecciones del pasado
El ejemplo histórico del gobierno de Felipe González demuestra que es posible avanzar rápidamente en infraestructuras hidráulicas. Entre 1983 y 1991 se construyeron veinte grandes presas, aumentando la capacidad de almacenamiento en un 30% y dotando a Andalucía de una red de embalses que aún protege la región frente a escasez y avenidas. Hoy, 17 años después de la última obra significativa, Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que reflejan la necesidad de retomar inversiones estratégicas para garantizar seguridad y sostenibilidad hídrica.
Andalucía tiene obras hidráulicas pendientes que no solo representan un coste económico de 721 millones, sino también un riesgo elevado para el territorio y sus habitantes ante fenómenos meteorológicos extremos. La región debe priorizar la ejecución de estas infraestructuras críticas para asegurar suministro de agua y proteger a sus comunidades frente a sequías e inundaciones.

