La ruptura entre Santiago Abascal y Javier Ortega Smith ya es total. Lo que durante años fue una alianza política y personal clave en la consolidación de Vox ha terminado en enfrentamiento abierto, con la expulsión de Ortega Smith del partido tras su destitución como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid, el último cargo orgánico relevante que conservaba.
El relevo en la Secretaría General en 2022 marcó el punto de inflexión definitivo. Ignacio Garriga asumió el puesto que hasta entonces ocupaba Ortega Smith, en un movimiento interpretado internamente como el inicio de una renovación estructural impulsada por Abascal. Desde entonces, el distanciamiento fue creciendo hasta desembocar en una crisis sin retorno.
El relevo que nunca aceptó
La salida de Ortega Smith de la Secretaría General no fue solo un ajuste orgánico. Supuso una pérdida real de poder dentro del partido. Durante años había ejercido una fuerte influencia interna, con un estilo de liderazgo que generó apoyos, pero también fricciones y quejas dentro de la formación.
Abascal optó por mantenerle inicialmente como vicepresidente y posteriormente como candidato a la Alcaldía de Madrid, pero la derrota frente a José Luis Martínez-Almeida debilitó aún más su posición. Desde ese momento, las tensiones internas se hicieron más visibles.
Fuentes del partido aseguran que Ortega Smith nunca asumió plenamente el relevo ni la nueva estructura organizativa. Las convocatorias a medios sin coordinación con la dirección y algunos gestos de autonomía política fueron interpretados en la sede nacional como desafíos a la disciplina interna.
El intento fallido de disputar el liderazgo
En 2023, tras la movilización frente a la sede del PSOE en la calle Ferraz, el nombre de Ortega Smith comenzó a sonar como posible rival de Abascal en unas eventuales primarias. Sin embargo, no logró reunir los apoyos necesarios ni los avales suficientes para formalizar una candidatura alternativa.
Abascal salió reforzado del proceso interno posterior, consolidando un equipo renovado y ampliando el Comité Ejecutivo Nacional con perfiles territoriales y nuevas incorporaciones. Ortega Smith quedó relegado a un papel secundario dentro de la estructura.
El último pulso desde el Ayuntamiento
La portavocía municipal en Madrid era el último bastión político de Ortega Smith dentro de Vox. Pero incluso ahí surgieron nuevas tensiones. La destitución de la directora de comunicación del grupo municipal, junto a otras decisiones internas, incrementó el malestar en la dirección nacional.
El relevo como portavoz adjunto y el creciente protagonismo de nuevas figuras del partido terminaron de evidenciar su aislamiento. Desde la cúpula consideran que su actitud suponía una deslealtad reiterada, mientras que su entorno lo interpreta como una marginación progresiva.
Un cambio generacional en Vox
La reestructuración impulsada por Abascal ha buscado reforzar perfiles jóvenes y ampliar la base electoral. La dirección defiende que Vox es un partido en crecimiento que necesita adaptación estratégica y cohesión interna.
Ortega Smith, identificado con la primera etapa fundacional del partido, representaba un perfil más duro y vinculado a los orígenes ideológicos de la formación. La nueva etapa, según la cúpula, apuesta por una ampliación del espectro político y una modernización organizativa.
Final de una etapa
La historia entre Abascal y Ortega Smith simboliza también la transformación de Vox desde sus inicios hasta su consolidación como fuerza política nacional. Lo que comenzó como una alianza estratégica terminó en ruptura.
Con su expulsión, se cierra una etapa marcada por la tensión interna y el intento fallido de disputar el liderazgo. Vox continúa ahora su proceso de consolidación bajo el mando reforzado de Abascal, mientras Ortega Smith queda fuera del proyecto que ayudó a fundar.
