Un equipo español logra resultados prometedores en animales al combinar radioterapia y terapia génica, abriendo la puerta a nuevos tratamientos más eficaces contra tumores agresivos.
Un hallazgo científico con sello español
Investigadores del CIMA Universidad de Navarra han desarrollado una innovadora estrategia contra el cáncer que combina radioterapia y terapia génica, logrando un potente efecto antitumoral en modelos animales.
El estudio, publicado en Cancer Cell, muestra que esta combinación no solo es eficaz, sino también segura, lo que podría marcar un punto de inflexión en la lucha contra tumores resistentes.
Cómo funciona la nueva terapia combinada
El equipo liderado por el investigador Juan Dubrot ha identificado una clave crítica: la radioterapia, aunque destruye células tumorales, también activa mecanismos que frenan la respuesta inmunitaria.
Para contrarrestar este efecto, los científicos han introducido una terapia génica basada en virus adenoasociados que transporta la proteína interleucina 12.
El resultado es doble:
- Refuerza el sistema inmunitario contra el tumor.
- Potencia el efecto de la radioterapia.
Lo más sorprendente, según los investigadores, es que la relación es bidireccional:
la radioterapia mejora la eficacia de la terapia génica y viceversa.
Resultados contundentes en animales
Las pruebas en ratones han arrojado datos especialmente relevantes:
- Fuerte efecto antitumoral en distintos tipos de cáncer.
- Aumento significativo de la supervivencia.
- Curación completa en numerosos casos.
El tratamiento ha sido probado en múltiples tumores sólidos:
- Colon
- Páncreas
- Pulmón
- Vejiga
- Glioblastoma
- Melanoma
Además, también ha mostrado eficacia en modelos de metástasis, logrando efectos incluso cuando solo se trata una lesión concreta.
Seguridad y precisión: claves del avance
Uno de los aspectos más destacados del estudio es la seguridad del tratamiento. Los investigadores no han detectado toxicidad sistémica significativa en los animales.
Esto se debe a que la terapia génica:
- Se administra directamente en el tumor.
- Limita la acción de la IL-12 al área afectada.
- Reduce el impacto en tejidos sanos.
El procedimiento, además, tiene una ventana de aplicación muy concreta:
debe administrarse en un margen de unas seis horas respecto a la radioterapia, lo que facilita su uso clínico.
¿Una revolución terapéutica en camino?
Los investigadores confían en iniciar ensayos clínicos en humanos a partir de 2027, un paso clave para confirmar su eficacia real.
Además, esta tecnología podría ir más allá:
- Mejorar la respuesta a inmunoterapia
- Potenciar tratamientos como CAR-T
- Aplicarse a distintos tipos de tumores sólidos
Esperanza… pero con cautela
Aunque los resultados son prometedores, conviene recordar que los ensayos se han realizado en animales, por lo que aún queda un largo camino hasta su aplicación clínica generalizada.
Sin embargo, este avance vuelve a situar a la investigación española en el mapa y plantea una cuestión clave:
¿Estamos ante el inicio de una nueva generación de terapias contra el cáncer o ante otro avance que tardará años en llegar a los pacientes?

