Investigadores españoles denuncian que la ciencia pública vive atrapada en una maraña burocrática que consume hasta el 44% de la jornada laboral. Formularios, concursos, autorizaciones y límites absurdos en viajes o contratación están expulsando talento y frenando la competitividad científica de España.
Mientras el Gobierno presume de apostar por la innovación, muchos científicos aseguran que apenas pueden investigar.
La denuncia ya no procede únicamente de asociaciones académicas: son los propios investigadores quienes empiezan a señalar públicamente un sistema que consideran asfixiante, ineficiente y profundamente desconectado de la realidad científica internacional.
Y el mensaje es contundente:
España obliga a sus científicos a actuar más como administrativos que como investigadores.
Investigadores denuncian un sistema que castiga la ciencia
Rafael Vázquez Manrique, miembro de la Confederación Española de Sociedades Científicas, ha puesto voz a una queja cada vez más extendida en laboratorios y centros de investigación.
Según explica, los investigadores principales dedican entre el 42% y el 44% de su tiempo a tareas puramente administrativas:
- justificar gastos,
- rellenar formularios,
- preparar concursos,
- tramitar viajes,
- o gestionar contratos.
Es decir:
casi la mitad de la jornada laboral se pierde fuera de la actividad científica.
La burocracia consume recursos públicos y talento
El problema no afecta únicamente a la productividad individual.
Según los cálculos manejados por el propio Ministerio de Ciencia, el tiempo desperdiciado en tareas administrativas supone un coste de oportunidad superior a 20 000 euros anuales por investigador sénior.
Los científicos denuncian que:
- el sistema ralentiza proyectos,
- encarece investigaciones,
- y desincentiva el desarrollo de talento altamente cualificado.
Contratar investigadores se convierte en un laberinto absurdo
Uno de los ejemplos más criticados afecta a la contratación de personal científico.
El Instituto de Salud Carlos III concede contratos públicos con salarios fijados según sus propias tablas retributivas.
Sin embargo, algunos institutos de investigación manejan convenios salariales superiores.
El resultado es una situación que muchos califican de surrealista:
para completar salarios no pueden utilizar fondos públicos competitivos, sino únicamente financiación privada o mecenazgo.
En otras palabras:
para contratar investigadores con dinero público, el sistema impide usar más dinero público.
Viajar a congresos científicos: misión casi imposible
La asistencia a congresos internacionales constituye otra de las grandes quejas del sector.
Los investigadores denuncian límites de alojamiento completamente desfasados:
- alrededor de 65 euros por noche en España,
- y cifras apenas superiores en capitales europeas.
Con los actuales precios hoteleros, muchos científicos:
- renuncian a asistir,
- pagan parte del viaje de su bolsillo,
- o reducen drásticamente su participación internacional.
La ley que sirve para construir carreteras, pero no para investigar
Gran parte de la comunidad científica apunta directamente a la Ley de Contratos del Estado como principal obstáculo estructural.
La legislación obliga a prever compras y servicios con meses de antelación, algo incompatible con la naturaleza imprevisible de la investigación científica.
En disciplinas como:
- biomedicina,
- genética,
- secuenciación de ADN,
- o inteligencia artificial,
los proyectos evolucionan constantemente y requieren capacidad de adaptación inmediata.
Países como:
- Alemania,
- o Reino Unido,
ya excluyeron la investigación científica de ciertas restricciones administrativas para agilizar procesos.
España, denuncian los investigadores, sigue anclada en un modelo rígido y burocrático.
Más formularios, menos descubrimientos
Los científicos también critican la obligación de recurrir a intermediarios y concursos reiterados incluso cuando ya existe un proveedor fiable y competitivo.
Según explican:
- se pierde tiempo,
- aumentan costes,
- y disminuye la eficiencia del gasto público.
Paradójicamente, muchas de las medidas diseñadas para evitar corrupción terminan generando estructuras más caras y menos eficaces.
El talento científico se fuga mientras crece la burocracia
La consecuencia más preocupante, según el sector, es la pérdida progresiva de competitividad internacional.
Muchos jóvenes investigadores optan por marcharse a países donde:
- los procesos son más ágiles,
- existe mayor autonomía,
- y la burocracia no paraliza laboratorios enteros.
España arrastra desde hace años problemas estructurales relacionados con:
- financiación irregular,
- precariedad investigadora,
- y fuga de cerebros.
Ahora, la sobrecarga administrativa se suma como nuevo factor de desgaste.
La comunidad científica exige reformas urgentes
La Confederación Española de Sociedades Científicas reclama cambios profundos:
- flexibilizar contratación,
- simplificar justificaciones económicas,
- permitir mayor autonomía de gasto,
- y adoptar modelos basados en resultados científicos y no en acumulación de facturas y formularios.
Los investigadores insisten en que no piden privilegios.
Piden simplemente poder dedicar su tiempo a aquello para lo que fueron formados:
investigar, innovar y generar conocimiento.
España presume de ciencia mientras ahoga a sus científicos
La denuncia abre además un debate político más amplio:
¿puede un país competir tecnológicamente mientras convierte la investigación en un laberinto administrativo?
Porque mientras otras potencias aceleran inversiones en:
- inteligencia artificial,
- biotecnología,
- defensa,
- y soberanía tecnológica,
España sigue atrapada en un modelo burocrático que muchos investigadores consideran incompatible con la excelencia científica.
Y la pregunta empieza a ser inevitable:
¿quién investiga realmente cuando los científicos pasan media jornada rellenando papeles?
