El próximo 5 de mayo, Santiago de Compostela será testigo del arranque de la nueva edición del Correlingua, la polémica serie de carreras escolares que, bajo el lema “Co galego no corazón, facemos revolución”, pretende normalizar el uso del gallego entre los más jóvenes. La iniciativa se extenderá hasta el 27 de mayo, recorriendo ciudades como A Coruña, Moaña, Lalín, A Estrada, Monforte, Narón, Ourense, A Mariña, Pontevedra, Vigo y Lugo.
Más que una carrera: adoctrinamiento disfrazado de cultura
Organizado por la Asociación Cultural Correlingua y con la participación de autoridades locales como la alcaldesa de Santiago, Goretti Sanmartín, y representantes de CIG-Ensino, el evento busca involucrar a unos 20 000 participantes, según cifras oficiales, en actividades que van más allá del deporte: creación literaria, música infantil y regueifas colectivas forman parte del programa anual.
El lema de esta edición, surgido de un concurso en el que participaron más de 1 800 alumnos de 50 centros, refuerza un mensaje ideológico: “Co galego no corazón, facemos revolución”, elegido por estudiantes de primer curso de Actividades de Panadería y Pastelería del CIFP de Vilamarín (Ourense). La alcaldesa Sanmartín defendió la iniciativa asegurando que usar el gallego es “transformador y radical”, aunque los datos muestran una tendencia a la baja del uso del idioma entre los jóvenes.
El activismo lingüístico como espectáculo
Según los organizadores, las carreras y los conciertos que las acompañan pretenden asociar el gallego con el ocio y la diversión, no solo con la escuela. Sin embargo, críticos advierten que se trata de un programa de adoctrinamiento cultural encubierto, que transforma las calles en un escenario para imponer la lengua oficial de forma masiva, involucrando a los niños como protagonistas de un mensaje político y lingüístico.
Un evento respaldado por instituciones
El Correlingua, ahora en su vigésimo sexta edición, cuenta con el patrocinio de las cuatro diputaciones gallegas y de los ayuntamientos de las siete principales ciudades. Los defensores destacan su valor cultural, mientras que voces críticas alertan del riesgo de que este tipo de iniciativas, presentadas como educativas y festivas, promuevan una agenda política lingüística bajo la apariencia de celebración escolar.
La gran pregunta: ¿es el Correlingua una oportunidad cultural para los jóvenes o un instrumento de adoctrinamiento institucional disfrazado de deporte y música?

