El gobierno municipal de BNG y Compostela Aberta ha logrado sacar adelante el presupuesto más alto de la historia de Santiago, pero con una paradoja que ya incendia el debate político: las inversiones reales caen más de un 50 % mientras barrios y parroquias denuncian abandono. La aprobación definitiva de las cuentas de 2026 evidencia además la profunda fractura interna de la izquierda compostelana y deja a la alcaldesa Goretti Sanmartín dependiendo de antiguos concejales socialistas expulsados de su partido.
Santiago aprueba un presupuesto récord de 148,5 millones
El pleno del Concello de Santiago aprobó este miércoles de forma definitiva el presupuesto municipal para 2026, unas cuentas que alcanzan los 148,5 millones de euros entre ingresos y gastos. Sin embargo, el documento todavía no entrará en vigor hasta su publicación oficial en el Boletín Oficial de la Provincia.
La aprobación se produjo tras el rechazo de las tres alegaciones presentadas durante el período de exposición pública. El ejecutivo local, formado por BNG y Compostela Aberta, consiguió nuevamente el respaldo de los cuatro concejales no adscritos, antiguos miembros del PSOE compostelano, cuya posición continúa siendo decisiva para la supervivencia política del bipartito.
La votación confirmó un escenario político extremadamente frágil y marcado por la descomposición interna del socialismo local.
El gran foco de polémica: las inversiones se desploman
Aunque el gobierno municipal presume de haber aprobado “el mayor presupuesto de la historia”, la oposición ha puesto el foco en un dato especialmente delicado: el capítulo de inversiones cae hasta los 6,3 millones de euros, más de un 50 % menos que en 2025.
Tanto PP como PSOE coincidieron en denunciar que el Concello dispone de más dinero que nunca, pero destina menos recursos a transformar la ciudad, mejorar barrios o resolver problemas estructurales.
La concejala popular Rosario Ferreiro calificó las cuentas como un “presupuesto de subsistencia” y aseguró que el ejecutivo local “no invierte en el futuro” de Santiago.
Por su parte, la socialista Marta Abal sostuvo que las cuentas “carecen de ambición” y denunció que parroquias y barrios continúan acumulando carencias básicas mientras el gobierno local prioriza otras áreas menos urgentes.
Las alegaciones vecinales retratan el malestar en los barrios
Uno de los elementos que más desgaste político ha provocado al gobierno municipal ha sido el contenido de las alegaciones presentadas por la asociación vecinal Sandra Prego, de Pontepedriña.
Los vecinos reclamaban actuaciones concretas y muy visibles:
- Mejora de la calle Samos
- Mantenimiento de las viviendas Compostela y Cardenal Quiroga
- Reposición de la iluminación del área deportiva del barrio
Sin embargo, todas las reclamaciones fueron rechazadas por cuestiones técnicas y jurídicas, al considerar el Concello que no encajaban dentro de los supuestos legales permitidos para modificar el presupuesto mediante alegaciones.
Aun así, el concejal de Facenda, Manuel César (BNG), prometió intentar ejecutar esas mejoras “por otras vías”, una afirmación que la oposición considera insuficiente y que evidencia, según PP y PSOE, la falta de planificación real del ejecutivo.
El gobierno sobrevive gracias a los exsocialistas expulsados
La aprobación del presupuesto vuelve a demostrar que la estabilidad del gobierno de Goretti Sanmartín depende exclusivamente de los cuatro concejales no adscritos expulsados del PSOE.
Ya ocurrió en marzo, cuando la alcaldesa tuvo que someterse a una cuestión de confianza tras no lograr inicialmente aprobar las cuentas.
Aquella maniobra evitó la apertura de un posible escenario de moción de censura, y este miércoles volvió a repetirse el mismo esquema.
La edil no adscrita Mercedes Rosón justificó nuevamente su apoyo afirmando que la ciudad necesitaba disponer de presupuesto y defendió que su voto buscaba evitar “entorpecer” el funcionamiento municipal.
No obstante, Rosón insistió en que su respaldo “no legitima” las cuentas del bipartito.
La guerra interna del PSOE estalla otra vez en el pleno
El debate presupuestario volvió a convertirse también en un ajuste de cuentas interno dentro del socialismo compostelano.
Mercedes Rosón lanzó durísimas acusaciones contra antiguos compañeros del PSOE, asegurando que algunos permanecen en el grupo socialista “por intereses políticos” y negando que los no adscritos sean “tránsfugas”.
La respuesta de la socialista Marta Abal fue inmediata. La concejala defendió la legitimidad de las distintas posiciones adoptadas durante la crisis interna y rechazó las acusaciones de deslealtad o intereses personales.
El enfrentamiento dejó patente que las heridas abiertas tras la ruptura socialista continúan lejos de cerrarse y que la izquierda compostelana atraviesa uno de sus momentos de mayor división política en años.
Un presupuesto histórico… pero con dudas sobre el futuro de Santiago
El gobierno local insiste en presentar estas cuentas como un presupuesto “social” y centrado en los servicios públicos. Sin embargo, la caída de la inversión real ha abierto una fuerte discusión sobre el modelo de ciudad.
La oposición denuncia que Santiago pierde capacidad para:
- Renovar infraestructuras
- Mejorar barrios históricos
- Impulsar vivienda
- Dinamizar comercio y actividad económica
- Modernizar equipamientos culturales
El debate ya no gira únicamente sobre cuánto dinero maneja el Concello, sino sobre en qué se gasta realmente.
Mientras el ejecutivo presume de cifras récord, cada vez más voces alertan de que Santiago podría estar entrando en una etapa de simple gestión administrativa, sin grandes proyectos transformadores ni planificación estratégica a largo plazo.
Una legislatura marcada por la debilidad política
La aprobación definitiva del presupuesto evita momentáneamente una nueva crisis institucional en Santiago, pero deja múltiples interrogantes abiertos.
El bipartito logra sobrevivir gracias a apoyos externos inestables, el PSOE continúa fracturado y las críticas sobre la falta de inversiones amenazan con convertirse en el gran problema político de la legislatura.
Porque detrás de los titulares sobre “presupuestos históricos”, muchos vecinos empiezan a preguntarse una cuestión mucho más incómoda: ¿cómo puede tener Santiago más dinero que nunca y, al mismo tiempo, invertir menos que antes?
