El FC Barcelona sustituirá el reconocimiento previsto a sus campeones del mundo por un acto en defensa de la estelada tras la polémica actuación policial en Elche. Laporta anuncia el reparto de 10 000 banderas independentistas.
El FC Barcelona vuelve a situarse en el centro del debate político. El club ha decidido sustituir el homenaje previsto a varios de sus futbolistas campeones del mundo por un «acto de exaltación de la estelada», después de la polémica por la detención de un aficionado azulgrana durante los incidentes registrados en los accesos al estadio Martínez Valero de Elche.
La decisión eleva considerablemente el alcance de una controversia que comenzó como una discusión sobre la proporcionalidad de una actuación policial. El presidente azulgrana, Joan Laporta, ha anunciado además que se repartirán 10 000 esteladas en el exterior del estadio.
El Barça defiende la iniciativa como una reivindicación pacífica de la libertad de expresión. Sin embargo, la decisión abre una cuestión inevitable: hasta qué punto debe una institución deportiva de la dimensión internacional del FC Barcelona convertir un partido de fútbol en escenario de una reivindicación política vinculada al independentismo catalán.
El Barça aparca el homenaje a los campeones del mundo
Según la información publicada, el club tenía previsto reconocer a Joan García, Pau Cubarsí, Pedri, Dani Olmo, Gavi, Rodri y Lamine por su condición de campeones del mundo.
Ese homenaje finalmente no se celebrará en los términos inicialmente previstos.
Laporta justificó la decisión argumentando que «no es el contexto ni el momento más apropiado» y defendió que el fútbol debe servir para unir y no para provocar enfrentamientos.
Sin embargo, inmediatamente después anunció una iniciativa que difícilmente puede considerarse ajena al debate político: un acto específicamente dedicado a la estelada, símbolo asociado al independentismo catalán.
El presidente azulgrana sostiene que esta bandera «representa la forma de pensar de muchos culés y catalanes» y considera que su utilización constituye una forma pacífica de expresión.
La contradicción política resulta evidente: el Barça retira un homenaje estrictamente deportivo alegando la necesidad de evitar enfrentamientos y lo sustituye por un acto construido alrededor de uno de los símbolos más reconocibles del separatismo catalán.
Laporta anuncia el reparto de 10 000 esteladas
La iniciativa no quedará limitada a una declaración institucional.
Laporta ha anunciado que el club pretende repartir 10 000 esteladas en el exterior del estadio para que los aficionados puedan mostrar su posición.
El presidente del Barcelona asegura que pretende defender el derecho de los seguidores a portar esa bandera sin poner en peligro su integridad física.
«Es una manera de expresarnos de forma pacífica que no genera violencia ni odio. Se debe respetar la estelada porque representa nuestros anhelos de libertad», afirmó.
La estelada no es una bandera ilegal en España y su exhibición, por sí sola, no constituye necesariamente una incitación a la violencia o al odio. Otra cuestión diferente es la decisión institucional del Barça de promover activamente su presencia mediante el reparto de miles de unidades.
Ahí reside precisamente la controversia.
No se trata simplemente de permitir que un aficionado lleve una estelada. Es el propio FC Barcelona el que anuncia una acción organizada para potenciar su exhibición.
La polémica nace de la detención de un aficionado en Elche
El origen del enfrentamiento se encuentra en los incidentes registrados alrededor del Martínez Valero, antes del encuentro entre el Elche y el Barcelona.
Las imágenes de la intervención policial sobre un aficionado azulgrana provocaron una fuerte polémica y han llevado a investigar las circunstancias de la detención y si existió un uso desproporcionado de la fuerza.
El Barcelona ya había reaccionado oficialmente.
En un comunicado, el club sostuvo que el procedimiento de detención fue «desproporcionado» y que, a su juicio, careció de la necesaria «congruencia y oportunidad en el uso de la fuerza».
El club también se puso a disposición del detenido y de su familia.
Laporta ha endurecido ahora el discurso.
«Las imágenes son espeluznantes y muy claras», afirmó el presidente azulgrana, quien reclamó que, una vez esclarecidos los hechos, se apliquen las responsabilidades correspondientes.
Precisamente porque existe una investigación sobre la actuación, conviene separar dos debates: la legalidad y proporcionalidad de la intervención policial deberá determinarse tras esclarecer los hechos; la decisión política e institucional adoptada posteriormente por el Barça es responsabilidad exclusiva del club.
El Barça acusa a la Policía de requisar esteladas
La entidad azulgrana también denunció que agentes de la Policía Nacional habían requisado esteladas a seguidores del Barcelona.
El club insistió en que la estelada es un símbolo legal y sostuvo que su exhibición constituye una manifestación legítima de la libertad de expresión mientras no exista incitación a la violencia o al odio.
Además, anunció que permanece a la espera de explicaciones y se reserva la posibilidad de adoptar las actuaciones que considere necesarias para defender los derechos de sus socios y aficionados.
Laporta ha ido un paso más allá al pedir que el próximo acto sirva para que los seguidores puedan portar la estelada y para que, según sus palabras, el símbolo deje de estar «estigmatizado por las fuerzas de seguridad y orden público del Estado».
Es una acusación de considerable gravedad porque ya no cuestiona únicamente la actuación concreta de determinados agentes en Elche, sino que extiende el reproche a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en términos mucho más amplios.
De condenar una actuación policial a promover un símbolo independentista
El Barcelona tenía pleno derecho a pedir explicaciones sobre una actuación policial que considera desproporcionada.
También puede ofrecer asistencia a un socio o aficionado y exigir que cualquier eventual abuso sea investigado.
Pero la estrategia anunciada por Laporta introduce un elemento diferente.
La respuesta institucional a una intervención policial controvertida pasa a convertirse en una reivindicación colectiva de la estelada.
El club transforma así un asunto susceptible de investigación administrativa o judicial en un acontecimiento cargado de simbolismo político.
Y lo hace además sustituyendo un homenaje a futbolistas.
La pregunta que deja la decisión es especialmente incómoda para una institución que lleva décadas presentándose como «més que un club»: ¿debe ese lema implicar que el Barcelona adopte institucionalmente símbolos y reivindicaciones que no representan necesariamente a todos sus socios?
Un club global con una profunda división política alrededor
El FC Barcelona cuenta con seguidores en toda España y con una masa internacional de aficionados que trasciende ampliamente Cataluña.
Entre sus socios y seguidores existen independentistas, constitucionalistas y personas que sencillamente no quieren mezclar fútbol y política.
El derecho individual de un aficionado a mostrar una bandera legal no equivale necesariamente a que una entidad deportiva deba asumir su promoción institucional.
Ese matiz es fundamental.
Tolerar un símbolo es una cosa. Repartir 10 000 unidades desde el entorno del club y organizar un acto de exaltación es otra muy distinta.
Laporta parece haber optado claramente por lo segundo.
El fútbol vuelve a quedar relegado por la batalla política
La consecuencia más llamativa de la decisión es que los protagonistas deportivos quedan desplazados.
Los jugadores que iban a recibir el reconocimiento dejan paso a una controversia institucional sobre independentismo, Policía Nacional, libertad de expresión y esteladas.
Y ahí aparece la principal contradicción del argumento empleado por Laporta.
Si el objetivo era impedir que el fútbol generase enfrentamientos, convertir el estadio en escenario de una exhibición organizada de simbología independentista difícilmente despolitiza el encuentro.
Puede defenderse legítimamente la estelada.
Puede criticarse legítimamente la actuación de la Policía.
Puede exigirse una investigación rigurosa.
Pero presentar una reivindicación política como sustituto de un homenaje deportivo supone una decisión distinta y deliberada.
Laporta vuelve a colocar al Barça en el debate político
La iniciativa vuelve a situar a la directiva azulgrana ante una cuestión recurrente: dónde termina la representación deportiva del FC Barcelona y dónde comienza el activismo político de sus dirigentes.
Laporta ha tomado partido de forma explícita.
El Barça no se limitará a pedir una investigación sobre lo sucedido en Elche. Tampoco se limitará a defender jurídicamente a sus aficionados.
La entidad pretende convertir la siguiente cita deportiva en una demostración pública alrededor de la estelada, con 10 000 banderas preparadas para amplificar el mensaje.
El club podrá argumentar que está defendiendo la libertad de expresión. Sus críticos podrán responder que está utilizando su enorme plataforma deportiva para impulsar una determinada simbología política.
Lo indiscutible es que el homenaje a los campeones ha quedado relegado y la política vuelve a ocupar el césped antes incluso de que ruede el balón.
