La caída de ‘El Mencho’ no habría desmantelado la estructura del CJNG. Colectivos y expertos alertan de secuestros, falsas ofertas de empleo y reclutamientos para alimentar las redes criminales.
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, supuso un golpe de enorme impacto contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), pero no habría terminado con una de las realidades más estremecedoras que golpean a México: las desapariciones y el reclutamiento forzado de personas por parte del crimen organizado.
En Jalisco, familias, activistas y especialistas describen un escenario en el que el peligro ya no estaría limitado a quienes se relacionan voluntariamente con el narcotráfico. Falsas ofertas de trabajo, secuestros y captaciones de jóvenes formarían parte de los métodos utilizados por organizaciones criminales para conseguir personas destinadas a distintas tareas.
El testimonio más inquietante resume el miedo instalado entre parte de la población: «Incluso en tu domicilio pueden llegar, tumbar la puerta y llevarte».
La caída de ‘El Mencho’ no habría acabado con el CJNG
‘El Mencho’, histórico jefe del CJNG, murió el 22 de febrero de 2026 durante una operación de las fuerzas mexicanas en Tapalpa, Jalisco, desarrollada en un contexto de cooperación con Estados Unidos.
La operación desencadenó una violenta respuesta. Según las cifras recogidas por EFE citadas por El Mundo, 25 militares y 33 presuntos criminales murieron durante aquellas jornadas.
La fuerte presencia posterior de fuerzas federales permitió atravesar un periodo de relativa calma. Sin embargo, especialistas y colectivos consultados por el citado diario advierten de que la infraestructura del grupo criminal no desapareció con su máximo dirigente.
Darwin Franco, integrante del medio independiente ZonaDocs, sostiene que, pese al despliegue federal, la estructura continuó funcionando y el negocio de la droga siguió activo.
Héctor Flores González, cofundador de Luz de Esperanza Desaparecidos Jalisco, coincide en que los golpes contra los dirigentes no equivalen necesariamente al desmantelamiento de las células sobre el terreno.
El nuevo liderazgo del Cártel Jalisco Nueva Generación
Tras la desaparición de ‘El Mencho’, el CJNG habría iniciado una recomposición de su estructura bajo el liderazgo atribuido a Juan Carlos Valencia González, alias ‘El 03’ o ‘Pelón’, hijastro del histórico jefe del cártel.
Las fuerzas de seguridad también han golpeado otros niveles de la organización. Entre las detenciones mencionadas figura la de Audias Flores Silva, ‘El Jardinero’, producida el 26 de abril.
La cuestión que plantean ahora analistas y colectivos mexicanos es hasta qué punto eliminar o detener a los principales cabecillas consigue destruir una organización caracterizada por su estructura territorial y capacidad para reemplazar mandos.
Ese desafío adquiere una dimensión especialmente dramática cuando se analiza el fenómeno de los desaparecidos.
Falsas ofertas de empleo para captar a jóvenes
Uno de los métodos denunciados para alimentar las estructuras criminales consiste en publicar ofertas laborales aparentemente legítimas.
Ceci Flores Armenta, referente del colectivo Madres Buscadoras de Sonora, asegura que las organizaciones criminales se aprovechan especialmente de personas en situaciones económicas vulnerables.
Las ofertas pueden prometer salarios elevados, vivienda e incluso vehículos.
Pero detrás de algunas de esas propuestas se esconderían mecanismos de captación.
Una vez atrapadas, determinadas víctimas pueden ser sometidas a entrenamiento y obligadas a desarrollar funciones para la organización criminal.
La maestra Nadia Cea describe una de las consecuencias sociales más preocupantes: el miedo comienza incluso en el momento de buscar trabajo, porque resulta difícil determinar cuándo una oferta es auténtica y cuándo puede esconder una trampa.
De sicarios a trabajos forzados para la organización
Las víctimas de reclutamiento no serían utilizadas únicamente como combatientes o sicarios.
Los testimonios recogidos apuntan a un abanico mucho más amplio de actividades impuestas por las organizaciones criminales.
Entre ellas aparecen tareas de cocina y limpieza, transporte y contrabando de drogas, actividades logísticas, explotación sexual y participación directa en operaciones violentas.
Augusto Chacón Benavides, director de Jalisco Cómo Vamos, señala además que no todas las desapariciones responden al reclutamiento.
También pueden producirse por venganzas, cobros de deudas o asesinatos cuyos responsables posteriormente hacen desaparecer los cuerpos.
Esta combinación convierte el fenómeno de los desaparecidos en uno de los problemas más complejos de la crisis de seguridad mexicana.
El miedo entra en la vida cotidiana de Jalisco
El impacto del narcotráfico no termina en los enfrentamientos entre cárteles y fuerzas de seguridad.
Los testimonios describen cómo la sospecha se ha introducido en comportamientos absolutamente cotidianos.
Una discusión de tráfico, enfrentarse a un desconocido o responder a una provocación puede generar temor ante la posibilidad de que la otra persona pertenezca a un grupo criminal o vaya armada.
La violencia termina así condicionando decisiones aparentemente triviales.
Pero la expresión más grave de este miedo aparece cuando las familias deben decidir si denuncian una desaparición.
Más de 130 000 desaparecidos en México
La magnitud del problema supera ampliamente las fronteras de Jalisco.
México contabiliza más de 130 000 personas desaparecidas, según los datos citados en la información original.
En el caso concreto de Jalisco, el Registro Estatal contabiliza 16 191 desaparecidos.
Las cifras, además de estremecedoras, podrían no reflejar la totalidad del fenómeno.
Colectivos de búsqueda advierten de que algunas familias no denuncian por temor a represalias.
El miedo aumenta cuando el secuestro se produce delante de familiares y los responsables amenazan directamente a quienes intenten buscar a la víctima.
Familias que buscan a sus desaparecidos bajo amenazas
Héctor Flores González conoce personalmente esta realidad.
Su hijo Dani desapareció en 2021 cuando tenía 19 años. Según su testimonio, fue sustraído de su vivienda por miembros de la Fiscalía del Estado.
Casos como este alimentan otro de los grandes problemas que rodean la lucha contra las desapariciones: la desconfianza hacia determinadas instituciones cuando existen sospechas de infiltración o colaboración de funcionarios con redes criminales.
Para una familia, acudir a las autoridades debería constituir el primer paso después de una desaparición. Sin embargo, cuando existe miedo a filtraciones o represalias, el propio mecanismo de denuncia puede ser percibido como un riesgo.
El CJNG demuestra el límite de la estrategia contra los grandes capos
La situación de Jalisco plantea una pregunta fundamental para México: ¿es suficiente acabar con los jefes de los cárteles para destruir las organizaciones?
La muerte de ‘El Mencho’ y las posteriores detenciones demuestran la capacidad de las fuerzas de seguridad mexicanas para golpear a figuras situadas en la cúspide del narcotráfico.
El problema es diferente cuando debajo de esos dirigentes permanecen células, rutas, recursos económicos, armas, redes de distribución y estructuras locales de reclutamiento.
Descabezar una organización puede debilitarla e incluso desencadenar disputas internas, pero no necesariamente elimina inmediatamente toda su capacidad operativa.
Y mientras esas estructuras sobrevivan, la población civil continúa siendo la parte más vulnerable.
El desafío de México va mucho más allá de detener narcotraficantes
La batalla contra el Cártel Jalisco Nueva Generación no se juega exclusivamente en grandes operaciones militares.
También se libra en internet, donde aparecen las presuntas ofertas laborales utilizadas para captar víctimas; en las fiscalías, donde las familias buscan respuestas; y en comunidades donde el miedo puede impedir que los ciudadanos denuncien.
Los más de 130 000 desaparecidos contabilizados en México reflejan la dimensión de una crisis que difícilmente puede resolverse únicamente mediante la captura o eliminación de los grandes capos.
Jalisco concentra 16 191 desapariciones registradas, mientras las organizaciones de familiares continúan buscando personas y reclamando respuestas.
La caída de ‘El Mencho’ demostró que el Estado puede golpear la cúspide del narcotráfico. El verdadero reto es impedir que las estructuras que sobreviven continúen consiguiendo víctimas para mantener funcionando el negocio criminal.
