Una información publicada este viernes sostiene que los servicios de inteligencia detectaron mediante datos de movilidad vinculados a teléfonos concentraciones de decenas de miles de personas camino de Ceuta. Robles confirma que el CNI informó antes de la crisis, mientras Marlaska y Bolaños niegan que existiera una alerta previa sobre su verdadera magnitud.
La polémica sobre qué sabía el Gobierno antes de la entrada masiva en Ceuta adquiere una nueva dimensión. Una información publicada por Libertad Digital, que cita fuentes conocedoras de los acontecimientos, sostiene que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) disponía de información sobre grandes desplazamientos hacia la frontera gracias, entre otras herramientas, al análisis de señales y datos asociados a los teléfonos móviles.
Según esas fuentes, los movimientos permitieron advertir de concentraciones extraordinarias y de un volumen que habría llegado a superar las 80 000 personas, con momentos en los que se habrían detectado concentraciones superiores a 60 000.
Estas cifras concretas sobre la geolocalización no han sido confirmadas públicamente por el CNI ni demostradas mediante documentación oficial accesible. Sin embargo, sí está confirmado un elemento central de la controversia: la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha asegurado en el Congreso que el CNI proporcionó información antes de la crisis y que sus efectivos destinados en Ceuta monitorizaban diariamente la situación.
El problema para el Ejecutivo es que Fernando Grande-Marlaska y Félix Bolaños han ofrecido una versión diferente sobre el alcance de aquellos avisos. Y la cuestión ya no es simplemente si existía un informe escrito: el verdadero interrogante es qué conocía el Gobierno y si la información disponible permitió anticipar lo que se aproximaba a la frontera.
El CNI siguió los movimientos hacia Ceuta, según fuentes de inteligencia
La información publicada sostiene que los movimientos de grandes grupos de personas hacia Ceuta podían ser detectados mediante la actividad generada por miles de terminales conectándose a las redes de telefonía.
Una fuente citada por el medio asegura que España y Marruecos podían conocer esos movimientos a través de los dispositivos móviles y sostiene que existían indicios de un volumen superior a las 80 000 personas.
El mecanismo descrito resulta técnicamente plausible a nivel agregado: cuando una enorme cantidad de teléfonos se desplaza simultáneamente, la actividad de las redes puede revelar cambios de densidad y patrones geográficos.
Eso no implica necesariamente que se espíe individualmente el teléfono de cada persona. Los análisis de movilidad a gran escala pueden trabajar con información agregada y otras fuentes de inteligencia para detectar concentraciones o desplazamientos.
Lo que permanece sin confirmación oficial es que el CNI dispusiera exactamente de los datos cuantitativos atribuidos por la información publicada —más de 80 000 personas y picos superiores a 60 000— antes de la entrada.
Robles confirma que el CNI sí proporcionó información
La revelación llega después de que Margarita Robles defendiera públicamente la actuación del CNI.
Durante su comparecencia extraordinaria en el Congreso, la ministra reveló que 25 miembros del Centro Nacional de Inteligencia están destinados en Ceuta, desde donde monitorizan diariamente la situación desde diferentes perspectivas.
Robles fue además muy clara al defender que los servicios de inteligencia «realizaron la labor que competencialmente les era y es exigible».
La ministra explicó que existieron contactos previos y sostuvo que el CNI compartió información con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y con la Delegación del Gobierno.
El 29 de julio, apenas un día antes de la entrada masiva, el CNI habría informado verbalmente a la Delegación del Gobierno sobre una convocatoria para intentar acceder a Ceuta a nado.
Además, Robles explicó que ese mismo día se detectó una convocatoria difundida mediante WhatsApp y Facebook, incluida una comunidad con alrededor de 180 000 usuarios, en la que se animaba a intentar acceder a Ceuta aprovechando las celebraciones de la Fiesta del Trono en Marruecos.
Las reuniones del 27 y 29 de julio complican la versión oficial
La cronología es especialmente importante.
Según la explicación de Robles, hubo actuaciones y reuniones relacionadas con la situación los días 27 y 29 de julio.
El 27 de julio, el presidente de Ceuta y el delegado del Gobierno se reunieron ante el aumento de entradas irregulares a nado, que entonces rondaban las 150 personas diarias, según la información expuesta durante las comparecencias.
Dos días después apareció la convocatoria masiva en redes sociales.
Y el 30 de julio comenzó la crisis que terminó provocando la entrada de decenas de miles de personas.
Por tanto, sí existían señales previas de una presión creciente y convocatorias para dirigirse a la frontera.
La gran incógnita es otra: ¿permitían esas señales conocer anticipadamente la dimensión extraordinaria que terminaría alcanzando el movimiento?
Marlaska mantiene que no recibió un aviso de semejante magnitud
Aquí aparece la contradicción que Moncloa todavía no ha conseguido cerrar.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, sostuvo después de los acontecimientos que «no hubo ningún informe ni aviso» del CNI de nada parecido a lo ocurrido.
Robles, en cambio, insiste en que la inteligencia sí funcionó y proporcionó información.
La ministra llegó a señalar que no toda la inteligencia tiene que materializarse mediante documentos escritos:
«No hace falta muchas veces ir a informes manuscritos», explicó en el Congreso.
Esta precisión resulta fundamental.
La controversia puede estar girando en parte alrededor del significado de palabras como «informe», «aviso», «información» o «alerta».
Es posible que existieran comunicaciones sobre un riesgo creciente sin que hubiera una estimación precisa de que decenas de miles de personas terminarían atravesando la frontera.
Pero esa explicación necesita ser aclarada documentalmente.
Bolaños: «No había información previa ni precisa de la magnitud»
La posición oficial del Gobierno quedó todavía más definida con la comparecencia de Félix Bolaños.
El ministro aseguró que el Ejecutivo no disponía de información previa y precisa sobre la magnitud de la entrada.
La formulación utilizada por Bolaños es importante porque no equivale exactamente a afirmar que no existiera ninguna información.
El Gobierno sostiene, en esencia, que no sabía que el movimiento alcanzaría las dimensiones que finalmente tuvo.
Eso permitiría intentar conciliar parcialmente las dos versiones: el CNI pudo informar sobre riesgos, convocatorias y movimientos, mientras Interior sostiene que nunca recibió una alerta capaz de anticipar una entrada de semejante tamaño.
Pero la nueva información sobre el supuesto seguimiento de concentraciones mediante teléfonos vuelve a cuestionar ese equilibrio.
Si realmente los servicios de inteligencia llegaron a cuantificar decenas de miles de dispositivos desplazándose hacia la frontera antes del momento crítico, la pregunta sería inevitable: ¿quién recibió esa información y qué hizo con ella?
La geolocalización de móviles, una herramienta para detectar grandes movimientos
El análisis de movilidad mediante redes telefónicas no debe confundirse automáticamente con la intervención individual de conversaciones privadas.
Las redes móviles generan información técnica cuando los dispositivos se conectan con diferentes estaciones base. Analizada de forma agregada y combinada con otras fuentes, esa actividad puede servir para detectar cambios bruscos en la concentración o desplazamiento de grandes grupos de personas.
Los servicios de inteligencia pueden complementar este tipo de análisis con imágenes de satélite, fuentes abiertas, redes sociales y otros sistemas de información.
En el caso de Ceuta, las propias convocatorias difundidas públicamente por redes constituían otra señal disponible.
Lo verdaderamente relevante, por tanto, no es la existencia de tecnología capaz de detectar movimientos masivos, sino qué información concreta produjo el CNI durante aquellas horas y a quién se la trasladó.
El Gobierno afronta ahora una cuestión de responsabilidades
La controversia ha dejado de ser una discusión técnica.
Si el CNI avisó, pero la información no llegó correctamente a los responsables operativos, existiría un problema de coordinación.
Si llegó y fue infravalorada, habría que explicar por qué no se adoptaron medidas suficientes antes de la crisis.
Y si la inteligencia disponible únicamente advertía de una convocatoria sin poder anticipar su magnitud, el Gobierno debería demostrarlo y explicar dónde termina la información confirmada y dónde comienzan las estimaciones realizadas posteriormente.
La oposición ya ha reclamado explicaciones parlamentarias ante las diferencias entre Robles y Marlaska. El PP ha llegado a plantear un «careo» político entre ambos ministros para esclarecer sus versiones.
Ceuta convierte el papel del CNI en un problema para Moncloa
El Gobierno trata de presentar las declaraciones de sus ministros como compatibles. La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, ha defendido precisamente esa interpretación y considera necesario investigar cómo se originó la entrada masiva.
Pero la secuencia conocida mantiene abiertos demasiados interrogantes.
Está confirmado que el CNI monitorizaba Ceuta. Está confirmado que Robles sostiene que hubo información previa. También está documentada una convocatoria masiva en redes el 29 de julio. Y, simultáneamente, Marlaska ha negado que existiera una alerta que anticipara algo comparable con lo finalmente ocurrido.
Lo que todavía necesita pruebas independientes es la nueva afirmación de que los datos de movilidad permitieron al CNI conocer de antemano desplazamientos superiores a 80 000 personas.
Esa diferencia es crucial.
Porque si acaba acreditándose que la inteligencia española pudo observar en tiempo real una concentración de esa dimensión y el Gobierno recibió esa información, el debate dejaría de centrarse en si hubo capacidad para anticipar la crisis y pasaría directamente a otra pregunta mucho más comprometida:
¿por qué no se actuó antes?
