Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas revela que las brisas marinas del Mediterráneo occidental se han debilitado hasta un 17 % en la costa española desde 1981. El fenómeno agrava las olas de calor, reduce la ventilación natural y podría aumentar la sensación térmica en municipios costeros como Castellón, Benicàssim u Oropesa del Mar.
El viento que refrescaba la costa mediterránea ya no sopla con la misma intensidad
Las tradicionales brisas marinas, responsables de aliviar las altas temperaturas durante los meses de verano en el litoral mediterráneo, están perdiendo fuerza.
Así lo concluye un estudio liderado por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del CSIC, la Universitat de València y la Generalitat Valenciana, tras analizar 41 años de registros meteorológicos procedentes de 39 estaciones repartidas por España, Francia, Italia y el norte de África.
Los investigadores detectan una reducción media del 11 % en la velocidad de las brisas desde 1981, porcentaje que alcanza el 17 % en la costa mediterránea española y hasta el 17,6 % en Baleares. Durante el verano, el debilitamiento se intensifica todavía más.
Más calor, menos ventilación y noches más difíciles
La brisa marina se genera cuando la tierra se calienta más rápidamente que el mar, provocando un movimiento natural del aire que refresca las zonas costeras.
Sin embargo, el calentamiento del Mediterráneo está alterando ese equilibrio.
Lejos de fortalecerse, estas corrientes de aire se debilitan, especialmente durante las olas de calor, debido a la presencia de dorsales anticiclónicas y masas de aire muy cálidas procedentes del norte de África que dificultan la circulación atmosférica.
Como consecuencia, las ciudades costeras pierden parte de su ventilación natural, aumenta la sensación de bochorno y las noches resultan más cálidas y difíciles para el descanso.
Castellón, entre las zonas afectadas
Aunque el estudio analiza el conjunto del Mediterráneo occidental, sus conclusiones afectan directamente a la costa de Castellón, donde municipios como Benicàssim, Oropesa del Mar, Almassora, Burriana o Vinaròs dependen en gran medida de la llegada de la brisa para aliviar las altas temperaturas estivales.
La reducción de estos vientos puede traducirse en:
- Mayor sensación térmica durante el día.
- Noches tropicales más frecuentes.
- Menor dispersión de la contaminación atmosférica.
- Más episodios de calor persistente durante el verano.
El cambio climático altera el comportamiento del Mediterráneo
Los investigadores explican que desde 1981 la temperatura del aire ha aumentado aproximadamente 1,3 ºC, mientras que la del mar Mediterráneo ha subido cerca de 1 ºC.
Este calentamiento reduce la diferencia térmica entre el mar y la tierra, alterando el mecanismo que impulsa las brisas marinas y favoreciendo una atmósfera más estable, con menos movimiento de aire.
Además, el Mediterráneo atraviesa una intensa ola de calor marina, con temperaturas del agua muy por encima de la media, lo que agrava aún más esta situación y afecta tanto al clima como a los ecosistemas marinos.
Un fenómeno con consecuencias más allá del calor
Los científicos advierten de que el debilitamiento de las brisas no solo incrementa el calor en las ciudades costeras.
También puede modificar la formación de tormentas estivales, alterar el ciclo hidrológico, empeorar la calidad del aire y reducir el confort térmico de millones de personas que viven junto al Mediterráneo.
En un contexto de cambio climático, preservar y comprender estos mecanismos atmosféricos será clave para adaptar las ciudades costeras a un escenario de temperaturas cada vez más extremas.
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El CSIC alerta de que las brisas marinas del Mediterráneo pierden fuerza. Castellón podría sufrir más calor, menos ventilación y un aumento de las noches tropicales por el cambio climático.
