El Partido Popular ha decidido cambiar de estrategia para contener el crecimiento de Vox. Tras el resultado en Extremadura, donde la formación de Santiago Abascal alcanzó un 17 % sin candidato conocido, en Génova asumen que la confrontación directa no funciona. El nuevo plan pasa por ofrecer gobierno y gestión compartida: el clásico “abrazo del oso” para trasladar a Vox el desgaste del poder.
Extremadura, laboratorio del giro
La victoria de María Guardiola dejó al PSOE neutralizado y abrió un escenario claro: el adversario estratégico del PP es Vox, pese a ser socio potencial. La lectura en la cúpula que lidera Alberto Núñez Feijóo es inequívoca: si Vox sigue creciendo, pone en riesgo cualquier mayoría del PP a medio plazo.
Por eso, tras la noche electoral y los elogios sin complejos al resultado de Vox, el PP empujó a Guardiola a negociar con Abascal. De hecho, solo llamó a Vox, no al PSOE, y lanzó después una oferta pública: entrada en el Gobierno, presidencia de la Asamblea y pacto de legislatura con presupuestos. Mensaje interno del PP: “Quien se presenta para no gobernar, ¿para qué lo hace?”.
Del “no” a gobernar juntos… al sí táctico
El movimiento rompe el marco que Feijóo defendió en junio —no gobernar con Vox para evitar el “fantasma” que agita Pedro Sánchez—. Extremadura dinamita ese esquema y abre la puerta a un acercamiento pragmático: pactar mientras se compite en el discurso para ocupar espacios electorales distintos.
Vox, ante el espejo del desgaste
En Vox reciben mal las formas —la oferta llegó por la prensa— y hablan de “poca seriedad”. Pero el dilema es real:
- Rechazar y asumir que sus promesas no se traducen en poder.
- Aceptar y pagar el desgaste de la gestión.
Es el precedente de Ciudadanos: el PP integró a Cs en gobiernos autonómicos y, entre gestión y crisis internas, el socio se desplomó. En Génova creen que repetir la jugada puede desactivar el voto protesta y ensanchar base hacia el centro-derecha.
Alarma en el PP: el factor Alvise
El ascenso de Alvise en las europeas —tres eurodiputados— encendió las alarmas en Bambú. Vox había logrado retener voto protesta y pescar en caladeros del PSOE, pero si sigue subiendo, el PP podría perder apoyos respecto al 23-J. De ahí la decisión de tomar la iniciativa y no esperar a las 200 medidas que Vox ya puso sobre la mesa.
Proyección nacional y próximas batallas
La estrategia no se queda en Extremadura. Afecta a Aragón y Castilla y León, donde los candidatos del PP ya no esconden que gobernarán con Vox si hace falta. La diferencia ahora es clave: el PP ofrece primero, marca las condiciones y sitúa a Vox frente a sus contradicciones.
Conclusión: el PP pasa del choque al abrazo. No por afinidad, sino por cálculo. Compartir poder para compartir desgaste y frenar la escalada de Vox. La partida está en marcha.

