España registrará más de 9.400 nuevos casos de melanoma en 2025, un 49% más que hace una década. Con el verano recién iniciado y el Día Europeo de Prevención del Cáncer de Piel celebrado ayer, los especialistas insisten: el protector solar no es opcional.
La temporada de playa ha comenzado. Y con ella, el riesgo más subestimado de la salud pública española: la exposición solar sin protección adecuada. Cada año, millones de españoles se tumban al sol entre las doce del mediodía y las cuatro de la tarde —las horas de mayor radiación ultravioleta— con una crema insuficiente, aplicada de cualquier manera o, directamente, sin nada. El precio de esa costumbre no se paga ese mismo verano. Se paga décadas después, en forma de melanoma.
La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) estima que en 2025 se diagnosticarán en España 9.408 nuevos casos de melanoma cutáneo, 4.336 en hombres y 5.072 en mujeres. Es la cifra más alta de la historia reciente de este tumor en nuestro país, y supone un aumento del 49% respecto a los datos de hace diez años, según datos de la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN). España, con más de 2.500 horas de sol al año en gran parte de su territorio, es un escenario especialmente propicio para este tipo de cáncer. Y, sin embargo, los hábitos de protección solar de la población siguen siendo alarmantemente deficientes.
Qué es el melanoma y por qué es el más peligroso
El cáncer de piel engloba varios tipos de tumores, pero no todos tienen el mismo pronóstico. El melanoma representa solo una fracción de todos los cánceres cutáneos, pero es, con diferencia, el más letal. Se origina cuando los melanocitos —las células responsables de la pigmentación de la piel— comienzan a multiplicarse de forma descontrolada. A diferencia del carcinoma basocelular o del espinocelular, el melanoma tiene una capacidad notable para diseminarse a otros órganos, lo que lo convierte en una enfermedad potencialmente mortal si no se detecta a tiempo.
En 2024, según datos de REDECAN y SEOM, se registraron en España 7.881 nuevos diagnósticos de melanoma cutáneo, con una incidencia de 15 casos por cada 100.000 personas al año. En el mismo año, se contabilizaron 1.056 muertes por esta causa. El melanoma afecta con especial intensidad al grupo de edad de 50 a 69 años, que concentra el 36,8% de los casos, aunque el diagnóstico en jóvenes de entre 25 y 29 años crece a un ritmo del 7% anual, un dato que debería generar una respuesta educativa urgente.
La Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) estima que en España se diagnostican más de 78.000 nuevos casos de cáncer de piel al año si se incluyen todas las modalidades del tumor. Y advierte que el melanoma podría convertirse en el segundo tumor más frecuente en 2040 si no se actúa.
El sol como causa: el daño que no se ve
La relación entre la radiación ultravioleta y el cáncer de piel es una de las más sólidamente establecidas en toda la oncología. Los rayos UVB son los directamente responsables de las quemaduras solares y del daño en el ADN celular que puede derivar en mutaciones cancerosas. Los rayos UVA, aunque no provocan quemaduras visibles de inmediato, penetran más profundamente en la dermis, deterioran el colágeno y la elastina, y tienen implicación directa en el fotoenvejecimiento y en el riesgo oncológico a largo plazo.
La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) señala que las horas de mayor peligro en España durante el verano son las comprendidas entre las 11:00 y las 16:00 horas, franja en la que la intensidad de la radiación solar alcanza su pico máximo. Las nubes no son un escudo eficaz: la radiación UV las atraviesa de forma significativa, por lo que el riesgo persiste incluso en días nublados. Tampoco lo son el agua o la arena de la playa, que reflejan entre el 10% y el 25% de la radiación solar recibida, multiplicando la exposición de quienes creen estar protegidos por el simple hecho de estar bajo una sombrilla.
El patrón de exposición más peligroso, según la AECC, no es el de quien trabaja al aire libre de forma continuada, sino el del español medio que pasa semanas en la playa en verano con exposición solar intensa y escasa protección. Ese perfil —exposiciones cortas pero muy intensas y repetidas año tras año— es el que más directamente se asocia con el melanoma.
El drama de los niños: la piel tiene memoria
Uno de los mensajes más urgentes de la campaña Euromelanoma 2025, cuyo Día Europeo se celebró precisamente ayer, 13 de junio, apunta directamente a la infancia. Las quemaduras solares en los primeros años de vida no son una anécdota del verano: son una hipoteca que la piel cobra décadas después.
La Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria (SEPEAP) advierte de que entre el 50% y el 80% del daño solar acumulado a lo largo de toda la vida se recibe antes de los 20 años. Las células de los niños son más activas metabólicamente y, por tanto, más vulnerables a las alteraciones del ADN que provoca la radiación UV. Una quemadura con ampollas en la infancia no es un accidente menor: duplica el riesgo de desarrollar melanoma en la edad adulta, según el Dr. Agustín Buendía, director de la Fundación Piel Sana de la AEDV.
Sin embargo, los datos de comportamiento son desalentadores. Según el Observatorio de la Asociación Española Contra el Cáncer, el 35,8% de los niños no utiliza ningún tipo de protección solar durante el recreo escolar. Y el 38% de los padres considera que la radiación que recibe su hijo en ese entorno es baja o irrelevante. Australia, que puso en marcha programas de educación en fotoprotección escolar hace 20 años, ha logrado reducir la incidencia de melanoma un 11%. España no tiene un programa equivalente.
Cómo usar el protector solar: lo que la mayoría hace mal
El protector solar existe. El problema es que la mayoría de los españoles no lo usa correctamente. Los dermatólogos señalan sistemáticamente los mismos errores: aplicar poca cantidad, no reaplicarlo tras el baño o el sudor, olvidar zonas como las orejas, el dorso de las manos, los pies o el cuero cabelludo, y creer que una aplicación matutina protege durante todo el día.
Las recomendaciones de los especialistas son claras y están respaldadas por la Academia Estadounidense de Dermatología (AAD) y por la Fundación para el Cáncer de Piel, dos de las referencias internacionales más citadas en la materia:
El factor de protección solar mínimo recomendado para uso diario en verano es SPF 30, que bloquea el 97% de la radiación UVB. Para exposiciones prolongadas al sol —playa, piscina, actividades deportivas al aire libre— los dermatólogos recomiendan SPF 50 como margen de seguridad, especialmente para el rostro, donde la aplicación suele ser insuficiente en cantidad. La dermatóloga Silvia Pérez Gala, en declaraciones recogidas por medios especializados, resume la posición de los especialistas: el SPF 50 se recomienda para compensar los errores en la aplicación, ya que la mayoría de las personas aplica menos crema de la necesaria.
El protector debe reaplicarse cada dos horas, y siempre después de cada baño, aunque sea resistente al agua. En España, por normativa, todos los protectores solares con SPF 30 o superior deben ofrecer protección de amplio espectro —tanto UVA como UVB—, lo que simplifica la elección del producto pero no exime de usarlo correctamente.
Lo que viene: un verano con alerta máxima
En días de verano y durante actividades cotidianas al aire libre, solo el 42,2% de los españoles se aplica crema protectora en la cara, según datos del Observatorio de la AECC. Y un 20,4% reconoce no usar ningún tipo de protección. Son datos que, puestos en contexto con la proyección de más de 9.400 melanomas en 2025, dibujan un problema de salud pública que no se resolverá solo con campañas de comunicación.
Los especialistas de Quirónsalud, en declaraciones coincidentes con el Día Europeo de Prevención del Cáncer de Piel, recuerdan que la mayoría de los tumores cutáneos son evitables, pero que la radiación ultravioleta acumula daño durante toda la vida. El cambio climático añade presión al problema: más días soleados, mayor adelgazamiento de la capa de ozono en determinadas latitudes y temperaturas que invitan a pasar más tiempo al exterior sin que la sensación de calor refleje fielmente la intensidad de la radiación.
La regla es simple. Evitar el sol entre las 11:00 y las 16:00. Aplicar protector solar SPF 50 cada dos horas. No olvidar a los niños. Revisarse los lunares con regularidad. Y acudir al dermatólogo ante cualquier cambio en la piel que no tenga explicación. Son gestos mínimos. El coste de no hacerlos puede ser máximo.
Valoración editorial — La opinión de El Vértice
España tiene sol, playas y una cultura del ocio estival que es parte de su identidad. También tiene, cada vez más, un problema oncológico directamente vinculado a esa cultura. Que el melanoma haya crecido un 49% en diez años no es un dato estadístico abstracto: es el resultado acumulado de millones de veranos sin protección adecuada, de padres que no pusieron crema a sus hijos en el recreo, de adolescentes que se tostaron en la playa pensando que el bronceado era sinónimo de salud.
La prevención del cáncer de piel es barata, efectiva y está al alcance de cualquier persona. Lo que falta no es tecnología ni fármacos: es educación y voluntad política para trasladarla a los colegios, a los centros de salud y a las campañas de verano con la misma energía con que se promueve el turismo de sol y playa. Un país que atrae a cientos de millones de turistas por su sol no puede permitirse ignorar lo que ese mismo sol hace cuando se toma sin precaución.
El protector solar no es un capricho cosmético. Es, literalmente, una vacuna contra el cáncer que ya existe y que la mayoría de los españoles sigue sin tomarse en serio.
