España eleva sus compras a Rusia hasta 1 421 millones de euros entre enero y julio, impulsadas por el gas, mientras Bruselas endurece su estrategia energética frente a Moscú.
Hay una contradicción difícil de ignorar en la política energética europea: Bruselas prepara el cierre definitivo al gas ruso mientras España aumenta sus compras a Moscú.
Las importaciones españolas procedentes de Rusia alcanzaron 1 421 millones de euros entre enero y julio de 2026, un 17% más que en el mismo periodo del año anterior, según los registros de la Secretaría de Estado de Comercio citados por EL ESPAÑOL. El repunte se ha acelerado especialmente durante los últimos meses.
El principal responsable es el gas natural ruso. España adquirió 37 172 GWh de gas procedente de Rusia durante el primer semestre, según el Boletín Estadístico de Hidrocarburos de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (CORES). Rusia se convirtió así en el segundo proveedor de gas de España, solo por detrás de Argelia.
El dato adquiere una dimensión política y estratégica mayor porque la Unión Europea avanza hacia la prohibición progresiva de las importaciones de gas ruso, con el objetivo de completar el proceso entre 2027 y 2028.
España aumenta las importaciones de Rusia en plena tensión con Moscú
Las cifras de comercio exterior muestran un cambio significativo respecto a la trayectoria de los últimos años.
Entre 2015 y 2020, las importaciones españolas desde Rusia promediaron alrededor de 3 300 millones de euros anuales. Tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 se produjo un fuerte incremento, hasta alcanzar 7 392 millones de euros, en un contexto de crisis energética y de reducción de la oferta mundial.
Posteriormente, las compras se redujeron de manera considerable:
- 2023: 3 159 millones de euros.
- 2024: 2 525 millones.
- 2025: 1 796 millones.
- Enero-julio de 2026: 1 421 millones.
La cifra acumulada en los siete primeros meses de 2026 ya representa una parte sustancial del total registrado durante todo 2025. Si la tendencia se mantiene, las importaciones anuales podrían superar el nivel del ejercicio anterior.
El comportamiento mensual muestra, además, una aceleración especialmente intensa desde primavera.
En mayo, las compras crecieron un 72% interanual; en junio, un 32%, y en julio, un 45%, según los datos recogidos por EL ESPAÑOL.
El gas ruso explica buena parte del incremento
El elemento central de esta evolución es el mercado energético.
España compró 37 172 GWh de gas ruso durante el primer semestre de 2026. Solo en junio, las adquisiciones aumentaron un 68% interanual, hasta aproximadamente 5 500 GWh.
La situación tiene una explicación empresarial y energética. Las compañías españolas sostienen que buena parte de estas operaciones responde a contratos de suministro a largo plazo firmados con anterioridad y que las operaciones se realizan dentro del marco de las sanciones europeas vigentes.
También influye la situación internacional del mercado energético.
La guerra y las interrupciones del suministro han reducido la disponibilidad de determinadas fuentes alternativas, mientras el gas natural licuado continúa siendo un componente fundamental del abastecimiento europeo.
Los datos de Eurostat muestran que en el segundo trimestre de 2026 Estados Unidos continuó siendo el principal proveedor de gas natural licuado de la UE, con un 63,2% de las importaciones, mientras Rusia aportó el 17,3%.
Es decir, la dependencia europea del gas ruso se ha reducido notablemente respecto a los niveles anteriores a la guerra, pero no ha desaparecido.
Rusia ya es el segundo proveedor de gas de España
La posición de Rusia dentro del suministro energético español resulta especialmente significativa.
Según los datos de CORES recogidos en la información de origen, Rusia ocupa actualmente el segundo puesto entre los proveedores de gas de España, por detrás de Argelia.
El dato revela hasta qué punto el mercado energético sigue funcionando con una lógica propia pese al enfrentamiento geopolítico.
Mientras los gobiernos europeos mantienen las sanciones contra Moscú y preparan nuevas restricciones, las empresas energéticas continúan recurriendo a los suministros disponibles para garantizar el abastecimiento.
La cuestión no es, por tanto, únicamente política. También afecta al precio de la energía, la seguridad de suministro y la competitividad de la economía española.
Bruselas avanza hacia el veto total al gas ruso
La estrategia de la Unión Europea apunta en dirección contraria a la evolución de las compras españolas.
Bruselas ha aprobado medidas destinadas a eliminar progresivamente las importaciones de gas ruso. El objetivo es completar el proceso de salida de este suministro durante los próximos años.
Según el calendario recogido en la información publicada, el veto total al gas ruso comenzará a aplicarse a partir de 2027, mientras determinadas modalidades de gas canalizado tendrán plazos diferentes y posteriores.
La Comisión Europea ha defendido esta estrategia como parte del proceso de reducción de la dependencia energética respecto de Rusia.
Los datos de Eurostat muestran, entretanto, que el mercado energético europeo sigue experimentando importantes movimientos. Durante el segundo trimestre de 2026, el valor de las importaciones comunitarias de petróleo aumentó un 55,8%, aunque el volumen permaneció prácticamente estable.
La presión sobre el mercado energético sigue siendo, por tanto, uno de los factores que condicionan la política comercial europea.
La paradoja energética española
La principal controversia aparece al comparar ambos movimientos.
Por un lado, España y la UE mantienen una política de sanciones contra Rusia y apoyan la reducción de la dependencia energética respecto de Moscú.
Por otro, las importaciones españolas procedentes de Rusia están creciendo, con el gas natural como principal motor del repunte.
No existe necesariamente una contradicción jurídica: que una empresa española compre gas ruso no significa automáticamente que esté incumpliendo las sanciones europeas. El comercio permitido por la normativa comunitaria continúa siendo legal mientras no entre dentro de los productos, empresas o operaciones específicamente restringidos.
Pero sí existe una tensión estratégica evidente entre aumentar las compras a corto plazo y acelerar simultáneamente el proceso para abandonar ese suministro.
Las empresas alegan contratos firmados antes del veto
El sector energético ofrece una explicación adicional.
Las compañías señalan que parte de los cargamentos responde a contratos de largo plazo suscritos meses o años antes y que las operaciones se ejecutan respetando las restricciones establecidas por Bruselas.
Esta circunstancia es importante porque las importaciones de gas no pueden compararse directamente con una decisión política adoptada de un día para otro.
Los contratos energéticos suelen incorporar compromisos de suministro, calendarios de entrega y condiciones comerciales que se prolongan durante años.
Por ello, el aumento registrado en 2026 no implica necesariamente que España haya decidido aumentar políticamente su dependencia de Rusia. Los datos demuestran el incremento de las compras, pero no permiten atribuir por sí solos una intención política a las empresas que las realizan.
El factor Oriente Próximo también pesa
El comportamiento del mercado energético no puede analizarse únicamente desde la relación entre Rusia y Europa.
La evolución del conflicto en Oriente Próximo y las dificultades en determinadas rutas de suministro han incrementado la incertidumbre sobre el mercado internacional del gas.
En este contexto, el suministro ruso puede resultar atractivo para operadores que necesitan asegurar volúmenes de gas dentro de los límites permitidos por la normativa europea.
El resultado es un escenario paradójico: cuanto mayor es la incertidumbre sobre otras fuentes de suministro, más difícil resulta acelerar la desconexión completa del gas ruso sin asumir costes adicionales o riesgos para el abastecimiento.
España no es una excepción dentro de Europa
La evolución española debe situarse dentro de un fenómeno más amplio.
Eurostat señala que durante el segundo trimestre de 2026 la Unión Europea siguió importando gas ruso, aunque con una dependencia muy inferior a la existente antes de la invasión de Ucrania. En el caso del gas natural licuado, Rusia representó el 17,3% de las importaciones comunitarias, frente al liderazgo de Estados Unidos con el 63,2%.
En el gas transportado por gasoducto, Rusia aportó el 10,2% de las importaciones comunitarias durante ese trimestre, por detrás de Noruega, Argelia y otros suministradores.
La dependencia energética de Moscú, por tanto, ha caído con fuerza, pero la ruptura no es todavía completa.
La factura energética vuelve a ser un problema estratégico
El caso español abre un debate que va más allá de Rusia.
La seguridad energética exige disponer de proveedores suficientes, infraestructuras adecuadas y capacidad para reaccionar ante interrupciones del suministro.
España cuenta con una posición particularmente relevante en el mercado europeo de gas natural licuado gracias a su infraestructura de regasificación, pero esa ventaja no elimina la exposición a las fluctuaciones internacionales.
Además, el aumento de las importaciones energéticas puede influir en la balanza comercial.
Eurostat registró que la zona euro acumuló entre enero y julio de 2026 un superávit comercial de 17 000 millones de euros, muy inferior a los 92 800 millones registrados durante el mismo periodo de 2025. El incremento de las importaciones, especialmente energéticas, ha contribuido a reducir ese colchón comercial.
La clave estará en 2027
El calendario europeo será determinante.
Si Bruselas mantiene el calendario previsto para la eliminación progresiva del gas ruso, las empresas tendrán que adaptar sus contratos y fuentes de suministro durante los próximos meses.
Eso plantea tres cuestiones fundamentales para España:
- Qué proveedores sustituirán al gas ruso.
- A qué precio llegará ese suministro alternativo.
- Cómo afectará el cambio a la industria y a los hogares españoles.
La sustitución puede aumentar la diversificación energética, pero también puede tener costes si las nuevas fuentes resultan más caras o si se produce una nueva crisis internacional de suministro.
Un aumento que llega en el peor momento diplomático
El dato del 17% adquiere especial relevancia por el momento en que se produce.
La relación entre Rusia y la Unión Europea continúa marcada por la guerra de Ucrania, las sanciones y las acusaciones europeas sobre actividades hostiles y operaciones híbridas.
La UE prorrogó recientemente las sanciones individuales relacionadas con la guerra hasta el 22 de septiembre de 2029, manteniendo medidas como la congelación de activos y las restricciones de viaje para las personas incluidas en las listas correspondientes.
En paralelo, la Comisión Europea ha denunciado públicamente una campaña de acciones híbridas y provocaciones rusas contra la Unión y sus Estados miembros.
En este contexto, que España incremente sus compras a Rusia mientras Bruselas endurece su estrategia energética proporciona un evidente motivo de debate sobre la coherencia y el coste de la transición.
Qué dicen realmente los datos
Conviene separar los hechos de las interpretaciones.
Los datos disponibles permiten afirmar que España aumentó un 17% sus importaciones desde Rusia entre enero y julio de 2026 y que el gas natural desempeñó un papel central en ese crecimiento.
También permiten afirmar que la UE mantiene todavía importaciones de gas ruso, aunque está avanzando hacia su eliminación progresiva.
Lo que los datos no permiten afirmar por sí solos es que exista una decisión política española destinada a incrementar deliberadamente la dependencia de Moscú.
La explicación empresarial aportada por el sector apunta a contratos previos y necesidades de suministro, dentro de las restricciones comunitarias vigentes.
La cuestión de fondo queda abierta: ¿puede Europa acelerar el abandono del gas ruso sin encarecer la energía y poner en riesgo su seguridad de suministro?
Para España, la respuesta tendrá consecuencias directas sobre la factura energética, la industria y la competitividad durante los próximos años.
