IEE advierte sobre la degradación de infraestructuras en España
España se enfrenta a una creciente preocupación en el ámbito de las infraestructuras, que podría impactar en su competitividad económica y capacidad de crecimiento. Un reciente informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) ha revelado que el país invierte sistemáticamente menos que sus homólogos europeos. Entre 2019 y 2024, se estima que la brecha en inversión alcanzará los 19 000 millones de euros anuales, lo que equivale al 1,4% del PIB. Esta situación es especialmente crítica en el sector público, el cual presenta un déficit de 10 500 millones al año.
Comparando con periodos anteriores, se observa un drástico descenso en la inversión en infraestructuras. En 2007, esta cifra era de aproximadamente 28 000 millones de euros, representando el 2,4% del PIB, mientras que se prevé que para 2024 se reduzca a unos 13 000 millones, es decir, solo el 1% del PIB.
Este descenso no se debe a una contracción económica, dado que el PIB ha experimentado un crecimiento. En su lugar, parece ser un reflejo de una menor prioridad política hacia la inversión productiva. De acuerdo al IEE, mientras la economía es un 23% más grande que en 2012 en términos nominales, la inversión en infraestructuras se encuentra un 13% por debajo de los niveles de aquel año, a pesar de que los ingresos públicos han alcanzado niveles récord.
Además, la falta de inversión no solo afecta a nuevos proyectos, sino también al mantenimiento de las infraestructuras actuales. Entre 2018 y 2024, la inversión promedio anual en conservación ha sido de 10 500 millones de euros, cuando se necesitarían al menos 12 000 millones para mantener adecuadamente el stock existente. De 2013 a 2022, el déficit acumulado en mantenimiento superó los 17 000 millones de euros, lo que ha llevado a una degradación progresiva del capital público.
Las consecuencias de esta tendencia son significativas. El valor del capital en infraestructuras, ajustado por inflación, se ha visto afectado, disminuyendo del 44,3% del PIB en 2013 al 34,6% proyectado para 2024. Este descenso resalta la situación crítica que atraviesan las infraestructuras españolas.
Asimismo, el modelo de inversión presenta desviaciones notables; mientras se han destinado importantes recursos a la alta velocidad, los servicios más utilizados por la ciudadanía, como las redes de cercanías, han recibido inversiones insuficientes, lo cual está relacionado con los problemas recurrentes de calidad del servicio.
El IEE subraya que el deterioro de las infraestructuras repercute directamente en diversos aspectos económicos, como la movilidad, costes logísticos, el turismo y la productividad. Un ejemplo de esta situación es la reciente disminución en el número de viajeros de trenes de alta velocidad hacia Andalucía, lo que indica la importancia de la infraestructura en la actividad económica.
Históricamente, España ha sido un líder en inversión en infraestructuras, pero actualmente presenta un modelo debilitado, caracterizado por una reducción en la inversión, un deterioro del capital existente y un aumento significativo de la brecha en comparación con otros países europeos. La capacidad del sector privado para contribuir a solucionar estos problemas está restringida por la política del Gobierno en su preferencia por mantener la gestión pública de muchas de estas infraestructuras.

