El reconocimiento llega en un momento en el que aún se debaten las decisiones políticas tomadas durante la pandemia. Mientras algunos gestores siguen sin rendir cuentas, profesionales como Fernando Lamelo emergen como ejemplo de entrega real.
Un médico en primera línea cuando otros dudaban
El Colegio Oficial de Médicos de A Coruña ha concedido por unanimidad su máxima distinción, la Medalla de Oro y Brillantes, al doctor Fernando Lamelo Alfonsín, una figura clave durante los momentos más críticos del COVID-19 en Galicia.
En plena crisis sanitaria de 2020, Lamelo —jefe del Servicio de Hospitalización a Domicilio y Cuidados Paliativos del Chuac— impulsó la Unidad de Coordinación y Apoyo a Residencias, un modelo pionero que permitió asistir a los colectivos más vulnerables cuando el sistema estaba al borde del colapso.
Su labor no fue menor: coordinó la atención médica en residencias de mayores, uno de los focos más castigados por la pandemia, donde la mortalidad y la falta de medios evidenciaron las debilidades estructurales del sistema sanitario.
Un modelo que contrastó con la gestión política
Mientras las administraciones acumulaban críticas por su gestión errática y tardía, el equipo liderado por Lamelo ofreció una respuesta ágil, directa y humana, convirtiéndose en referencia no solo en Galicia, sino en toda España.
El acta del Colegio no deja lugar a dudas: el galardonado destacó por su “entrega sin reservas” y por “jugarse la vida para salvar a los más frágiles” en un contexto donde, según el propio documento, atender a pacientes COVID era “coquetear con la muerte”.
Este reconocimiento vuelve a poner sobre la mesa una cuestión incómoda:
¿Por qué fueron los profesionales sanitarios quienes tuvieron que suplir las carencias de planificación institucional?
Trayectoria de compromiso y vocación
Nacido en Ourense en 1963, Lamelo se formó en la Universidad de Santiago de Compostela y desarrolló toda su carrera en el Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac).
Especialista en medicina familiar y comunitaria, ha dedicado su vida a la atención domiciliaria y los cuidados paliativos, áreas tradicionalmente menos visibles pero esenciales en un sistema sanitario equilibrado.
Desde 2023, dirige el servicio que combina ambas disciplinas, reforzando un enfoque donde la medicina no solo cura, sino también acompaña y humaniza.
El reconocimiento de pacientes y profesionales
Más allá de los premios institucionales, el verdadero aval de Lamelo proviene de quienes vivieron de cerca su trabajo:
pacientes, familiares y trabajadores de residencias.
Todos coinciden en destacar su capacidad de escucha, cercanía y compromiso, valores que, según el acta, representan los principios hipocráticos de:
“curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre”.
En un contexto donde la tecnología y la burocracia ganan terreno, su figura recuerda que la medicina sigue siendo, ante todo, un acto profundamente humano.
Un premio compartido y un mensaje implícito
El propio Lamelo ha restado protagonismo al galardón, subrayando que es fruto de un trabajo colectivo. Sin embargo, su figura simboliza algo más:
la diferencia entre la gestión política y la vocación profesional real.
El doctor recibirá oficialmente la distinción el próximo 20 de junio, durante el XVIII Encuentro Médico en la Universidad de A Coruña, junto a otras figuras destacadas del ámbito sanitario.
Una reflexión necesaria
El caso de Fernando Lamelo reabre un debate que sigue vigente:
cuando el sistema falla, ¿quién responde realmente?
Mientras algunos responsables públicos evitan asumir errores, médicos como él demuestran que la responsabilidad individual y la ética profesional siguen siendo el verdadero pilar de la sanidad.
