El 89% de los responsables financieros en España reconoce que la burocracia y la fragmentación de datos dificultan el crecimiento. La inteligencia artificial agéntica promete cambiar el modelo: las operaciones rutinarias se aprueban automáticamente y los trabajadores intervienen solo ante anomalías.

La inteligencia artificial agéntica comienza a abrirse paso en uno de los departamentos más sensibles de cualquier empresa: el financiero. El objetivo ya no consiste únicamente en digitalizar facturas o agilizar procesos, sino en permitir que sistemas de IA puedan gestionar y aprobar determinadas operaciones de gasto de forma autónoma, siempre dentro de las reglas y presupuestos definidos previamente por la organización.

El cambio puede ser especialmente relevante para las empresas españolas. Según los datos aportados por el sector, el 89% de los responsables financieros en España considera que la carga burocrática y la fragmentación de la información dificultan la gestión del crecimiento.

La cuestión adquiere todavía mayor importancia porque, según las cifras difundidas, el 94% de las empresas españolas prevé expandirse durante 2026.

El problema es sencillo de identificar: si el negocio crece, también aumenta el número de compras, facturas, solicitudes, comprobaciones y autorizaciones. Mantener un sistema en el que prácticamente cualquier movimiento necesita una revisión humana puede terminar convirtiendo al propio departamento financiero en un cuello de botella administrativo.

La IA agéntica pretende romper precisamente ese esquema.

De pedir permiso para cada gasto a establecer reglas

El planteamiento defendido por compañías tecnológicas especializadas en gestión empresarial como Pleo consiste en sustituir una parte de las aprobaciones manuales por procesos automatizados gobernados mediante inteligencia artificial.

En lugar de revisar una por una todas las operaciones, la empresa establece previamente presupuestos, límites, políticas internas y reglas de control.

A partir de ahí, las transacciones ordinarias que respeten esos parámetros pueden procesarse automáticamente en segundo plano.

La intervención humana se concentra en las excepciones: operaciones sospechosas, desviaciones presupuestarias, gastos fuera de política o comportamientos anómalos.

El principio supone un cambio considerable respecto al funcionamiento tradicional. El responsable financiero deja progresivamente de ser la persona que pulsa el botón de aprobación de cientos de operaciones para convertirse en quien decide qué puede aprobar el sistema, bajo qué condiciones y cuándo debe detenerse y solicitar supervisión humana.

Qué es la IA agéntica y por qué puede cambiar las empresas

La denominada IA agéntica representa una evolución respecto al uso convencional de la inteligencia artificial generativa.

Mientras un asistente tradicional responde normalmente a una petición concreta del usuario, los sistemas agénticos están diseñados para ejecutar secuencias de tareas, tomar determinadas decisiones dentro de unos límites y utilizar herramientas empresariales para alcanzar un objetivo previamente establecido.

Aplicado a la gestión de gastos, el sistema podría comprobar si una operación respeta el presupuesto asignado, verificar determinadas reglas corporativas y decidir si puede continuar automáticamente o necesita una revisión.

Esto permite trasladar buena parte de las tareas repetitivas desde los empleados hacia el software.

No significa necesariamente eliminar el control humano. El control cambia de nivel: las personas definen las normas y supervisan las excepciones mientras la tecnología ejecuta las operaciones previsibles.

Los departamentos financieros, ante uno de sus mayores cambios

Desde Pleo comparan la transformación con la llegada de los sistemas ERP, que modificaron profundamente la administración empresarial al integrar en una misma infraestructura diferentes áreas y procesos.

La nueva etapa podría ir un paso más allá.

La digitalización tradicional permitió sustituir documentos físicos por procesos informáticos. La automatización mediante IA agéntica busca ahora reducir también la necesidad de intervención humana dentro de esos procesos digitales.

Para los departamentos financieros, la diferencia resulta sustancial.

El modelo tradicional obliga a sus profesionales a invertir parte de su jornada en aprobar solicitudes, revisar movimientos, comprobar documentación y perseguir justificantes.

El nuevo paradigma pretende que estos trabajadores dediquen una mayor proporción de su tiempo al análisis financiero, planificación, gestión del riesgo, previsiones y estrategia corporativa.

ChatGPT, Teams, Slack o Claude entran en los procesos internos

Otra de las transformaciones pasa por el lugar desde el que los trabajadores interactúan con los sistemas financieros.

Hasta ahora, realizar determinadas gestiones podía exigir entrar en un programa específico, localizar el apartado correspondiente, rellenar formularios y esperar posteriormente la aprobación de otro empleado.

La tendencia que describe el sector tecnológico es diferente: llevar los procesos financieros hasta las herramientas que los empleados ya utilizan diariamente.

Entre ellas aparecen plataformas como Microsoft Teams, Slack, ChatGPT o Claude.

Así, una solicitud podría iniciarse desde una herramienta habitual de trabajo y ser procesada automáticamente por los sistemas internos sin obligar al empleado a desplazarse continuamente entre diferentes aplicaciones.

La automatización no elimina la necesidad de controles

La posibilidad de conceder mayor autonomía a la inteligencia artificial introduce también una cuestión fundamental: quién controla al sistema que controla los gastos.

Una empresa no puede limitarse a automatizar decisiones financieras sin establecer mecanismos de supervisión, trazabilidad y responsabilidad.

La clave del modelo reside precisamente en fijar de antemano qué operaciones puede gestionar automáticamente la IA, cuáles deben generar una alerta y cuáles necesitan obligatoriamente autorización humana.

Cuanto mayor sea la autonomía concedida a estos agentes, mayor importancia tendrán la calidad de las reglas, la seguridad de los datos y los mecanismos internos de auditoría.

La automatización, por tanto, no supone necesariamente menos gobernanza. Puede exigir una gobernanza más precisa y diseñada desde el origen.

De administrativos del gasto a arquitectos de las reglas

El cambio afecta también al perfil profesional de los departamentos financieros.

Si la tecnología absorbe progresivamente las operaciones mecánicas, los empleados pueden abandonar parte del trabajo administrativo para asumir funciones de mayor valor añadido.

Los responsables financieros pasarían a actuar como «arquitectos» de las reglas empresariales: establecer límites, analizar resultados, identificar riesgos y determinar cuándo un sistema automático puede tomar una decisión.

Este punto resulta especialmente importante porque la IA agéntica no pretende únicamente acelerar los procesos existentes. Su verdadera promesa consiste en rediseñar la forma en que funcionan.

Para las empresas españolas, el desafío durante los próximos años será comprobar si esa automatización consigue reducir realmente la burocracia sin introducir nuevos riesgos.

La batalla empresarial de la IA entra así en una nueva fase. Ya no se trata solo de que una inteligencia artificial escriba un informe, resuma un documento o analice una hoja de cálculo. Se trata de permitirle actuar dentro de la empresa. Y ese salto de asistente a agente puede convertirse en una de las transformaciones corporativas más importantes de esta década.

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