La Hermandad impulsa el proceso oficial para coronar a María Santísima de la Piedad, con el Cabildo General del 8 de marzo como primer paso clave. Si la autoridad eclesiástica lo aprueba, la corporación fija el horizonte en 2028 para una cita histórica.
Un anhelo largamente esperado en la Hermandad
La Hermandad de la Sagrada Mortaja ha iniciado formalmente el camino para solicitar la coronación canónica de su titular mariana, María Santísima de la Piedad, una aspiración compartida desde hace años por hermanos y devotos.
La decisión marca un punto de inflexión en la vida de la corporación, que plantea este proceso no solo como la preparación de un acto solemne, sino como un auténtico itinerario espiritual basado en la oración, la formación y la caridad.
El Cabildo del 8 de marzo, primer paso decisivo
El arranque oficial llegará el domingo 8 de marzo, con la celebración de un Cabildo General en la iglesia de Santa María de la Paz. En esa sesión se expondrán:
- Las líneas maestras del proyecto.
- El calendario de trabajo previsto.
- Los requisitos canónicos que deberán cumplirse en los próximos años.
La hermandad ha subrayado que el proceso exige unidad, corresponsabilidad y compromiso colectivo, dejando claro que no se trata únicamente de una celebración externa, sino de una reafirmación de identidad y fe.
Una devoción arraigada durante generaciones
La imagen de la Virgen de la Piedad, que sostiene en su regazo el Cuerpo inerte del Redentor, constituye el centro espiritual de la cofradía. Durante generaciones ha sido refugio y consuelo para numerosos fieles, consolidando una devoción popular profundamente arraigada.
Desde la corporación se entiende que la coronación canónica supondría el reconocimiento público y eclesial de esa trayectoria de culto, así como del testimonio cristiano sostenido a lo largo del tiempo.
2028, horizonte marcado
Si la autoridad eclesiástica concede su aprobación, la hermandad sitúa el año 2028 como fecha probable para la coronación.
Este amplio margen permitiría preparar no solo los aspectos litúrgicos y canónicos, sino también un programa complementario de:
- Misiones evangelizadoras.
- Actos formativos.
- Obras de caridad y acción social.
La coronación, de confirmarse, no sería únicamente un acto simbólico, sino un acontecimiento de relevancia espiritual y social para la comunidad.
En un tiempo marcado por la secularización y el alejamiento de las raíces cristianas, iniciativas como esta evidencian que la tradición y la fe siguen vivas en el corazón de muchas hermandades. La pregunta ahora es clara: ¿dará la autoridad eclesiástica el visto bueno para que la Piedad sea coronada como expresión pública de una devoción que ya reina en el pueblo?

