El lejano fantasma de una sequía que volverá a Andalucía se cierne sobre la región, recordando que, pese a las lluvias recientes y los niveles históricos de los embalses, la escasez de agua sigue siendo una amenaza latente. La semana pasada, Málaga levantó las últimas restricciones para el consumo humano y los regadíos, y la Junta de Andalucía propuso una «relajación general» de limitaciones en toda la cuenca mediterránea. Sin embargo, los expertos advierten que estas medidas no significan el fin de la sequía, sino un respiro temporal.
El embalse de La Viñuela, el más grande de la provincia de Málaga, se encuentra actualmente al 95% de su capacidad, gracias a las abundantes precipitaciones del último año. Hace apenas doce meses, los niveles eran mucho más críticos: los embalses malagueños estaban al 56% de su capacidad, con 341,88 hectómetros cúbicos de agua entre sus siete presas. Hoy, esta cifra asciende a 575,78 hectómetros cúbicos, lo que representa el 95,46% del total.
Sequías pasadas y planes de emergencia
El lejano fantasma de una sequía que volverá a Andalucía ya se materializó en los últimos años. Entre 2021 y 2024, la Junta elaboró cuatro planes de sequía para intentar paliar la escasez de recursos hídricos. El último, presentado hace dos años, contemplaba una inversión de 217,8 millones de euros en infraestructuras, abastecimiento y ayudas al sector agroalimentario. Incluso se evaluó la posibilidad de traer agua en barco desde la desaladora de Cartagena y Portugal, con un coste superior a cinco millones de euros mensuales, aunque nunca se aplicó.
Además, se estudiaron otras medidas como el uso de agua regenerada, el rediseño de tomas de ciertos embalses y la opción de trasvases desde Portugal mediante la presa de Alqueva, especialmente para agricultores en provincias con déficit hídrico como Huelva. Las nuevas desaladoras en la Axarquía y Almería, o la ampliación de las existentes, también forman parte de un plan de contingencia que requiere años de construcción y mantenimiento elevado.
Impacto del cambio climático en el ciclo hídrico
El lejano fantasma de una sequía que volverá a Andalucía se ve acentuado por el cambio climático, que ha alterado los ciclos tradicionales de escasez y abundancia. Las sequías ya no se distribuyen en ciclos previsibles de tres años de déficit y varios de abundancia; ahora son fenómenos más impredecibles, intensos y con impactos complejos en la agricultura, el turismo y la vida urbana.
La temporada agrícola y turística está relativamente asegurada gracias a los embalses llenos, que alcanzan cifras récord que no se veían desde junio de 2014. Sin embargo, los responsables del agua en la región mantienen un mensaje claro: la sequía volverá, y Andalucía debe continuar preparándose con planes estratégicos y la gestión eficiente de los recursos.
La situación actual de los embalses y restricciones
El embalse de La Viñuela, con más de 148 hectómetros cúbicos ocupados, y el Guadalhorce, experimentan los mejores niveles de su historia reciente. Málaga ha levantado las restricciones de consumo y regadío, mientras que la Axarquía y otras zonas mediterráneas disfrutan de medidas relajadas. No obstante, la memoria de los comités de sequía y los planes de emergencia sigue presente, recordando que cualquier descenso drástico en las precipitaciones podría revertir rápidamente la situación.
El lejano fantasma de una sequía que volverá a Andalucía sigue siendo una realidad con la que convivir. Las lluvias recientes y el llenado histórico de los embalses ofrecen un alivio temporal, pero las autoridades advierten que la planificación a largo plazo y la inversión en infraestructuras hídricas siguen siendo imprescindibles. Andalucía debe seguir adaptándose a un clima cambiante, con medidas que garanticen el suministro humano y agrícola, conscientes de que la sequía es un fenómeno recurrente y que, inevitablemente, volverá.

