Investigadores de la Escuela Politécnica Superior de Jaén (EPSJ) han desarrollado un innovador módulo solar agrovoltaico semitransparente capaz de casi duplicar la eficiencia de paneles bifaciales convencionales, mejorar la calidad de la luz para los cultivos y reducir la evapotranspiración del suelo. Una tecnología estratégica para la España agrícola y seca del siglo XXI.
Energía y agricultura sin competir por el suelo
Durante años, la relación entre energía solar y agricultura se planteó como una dicotomía: o placas o cultivos. Hoy esa lógica está superada. La agrovoltaica avanzada demuestra que ambos usos pueden coexistir si el diseño tecnológico es inteligente.
En un país como España, donde el suelo fértil es limitado y el estrés hídrico aumenta por las sequías recurrentes, la convivencia entre producción energética y agrícola no es un experimento, sino una necesidad estructural.
El equipo liderado por Eduardo F. Fernández, en la Universidad de Jaén, ha apostado por una solución radicalmente distinta: no adaptar paneles tradicionales, sino diseñar un módulo nuevo desde cero, pensado específicamente para el campo.
RearCPVbif: luz difusa sin sombras duras
Los paneles solares convencionales son opacos. Funcionan bien en tejados o plantas industriales, pero generan sombras constantes e irregulares cuando se instalan sobre cultivos.
La solución habitual ha sido el interespaciado entre células, combinado con módulos bifaciales que captan luz por ambas caras. Sin embargo, esto crea patrones de sombra y luz poco homogéneos que pueden afectar negativamente al crecimiento vegetal.
El nuevo sistema, denominado RearCPVbif, introduce tres innovaciones clave:
1 Células fotovoltaicas de menor tamaño
Permiten mayor paso de radiación natural.
2 Concentradores parabólicos compuestos cruzados (CCPC)
Transforman la radiación directa que atraviesa el módulo en luz difusa homogénea, más favorable para las plantas.
3 Cámara de aire aislante
Similar a los dobles acristalamientos, reduce la temperatura del suelo y disminuye la evapotranspiración.
El resultado:
- Mayor producción eléctrica.
- Ambiente lumínico uniforme.
- Menor estrés hídrico en el cultivo.
Casi el doble de eficiencia energética
Las mediciones experimentales muestran que la eficiencia del sistema es casi el doble que la de un módulo bifacial convencional con interespaciado.
La clave no está solo en captar más radiación, sino en aprovechar mejor la radiación trasera y optimizar la distribución de luz sobre el cultivo.
Curiosamente, los resultados reales superaron las simulaciones teóricas iniciales. La calidad de la luz difusa generada fue mejor de lo previsto, reforzando el potencial agronómico del sistema.
Aplicaciones agrícolas y arquitectónicas
El módulo está especialmente orientado a:
- Tomates
- Pimientos
- Fresas
- Cultivos hortícolas de alto valor
Puede instalarse tanto en campo abierto como en invernaderos.
Pero su potencial va más allá del sector agrícola. La capacidad de generar iluminación natural tamizada sin deslumbramientos abre posibilidades en:
- Centros educativos
- Edificios públicos
- Espacios de trabajo
Menos contraste lumínico significa también menos fatiga visual y mejor confort térmico.
Retos industriales pendientes
El principal desafío ahora es la industrialización:
- Optimizar materiales (incluyendo óptica hueca con espejos).
- Reducir peso estructural.
- Evaluar costes a gran escala.
- Confirmar impacto en rendimientos agrícolas comerciales.
La industria fotovoltaica está adaptada a formatos estándar, no a células tan pequeñas, lo que obligó al equipo a negociar soluciones específicas poco habituales.
El contacto con empresas ya está en marcha para escalar la tecnología.
Una pieza estratégica para la soberanía energética
Más allá del avance técnico, el RearCPVbif representa un cambio conceptual: producir energía sin invadir suelo agrícola y, al mismo tiempo, mejorar la resiliencia climática.
En un escenario de cambio climático y presión hídrica creciente, este tipo de tecnología puede:
- Reducir el consumo de agua.
- Aumentar la productividad energética por hectárea.
- Fortalecer la soberanía energética local.
- Adaptar la agricultura al nuevo clima mediterráneo.
No se trata solo de generar más kilovatios, sino de hacerlo con inteligencia territorial.
La gran pregunta ahora es si España será capaz de convertir esta innovación universitaria en una ventaja industrial global.
