Con el inicio de 2026, es común que muchas personas retomen sus propósitos de año nuevo, entre los que se encuentra el cuidado de la piel. Una opción que cobra relevancia en enero es el peeling químico, un tratamiento dermocosmético que provoca una descamación controlada de las capas superficiales de la piel mediante la aplicación de ácidos quimioexfoliantes. Este procedimiento tiene como objetivo activar la regeneración celular y mejorar la calidad de la dermis.
La realización de peelings químicos en invierno, cuando la exposición solar es menor, disminuye el riesgo de desarrollar manchas en la piel y facilita una recuperación cutánea más efectiva, lo que convierte enero y febrero en meses ideales para este tratamiento.
Según la facialista Pilar Gaudí, directora de los centros Nina Merli en Granada, los peelings químicos se clasifican en superficiales, medios y profundos, dependiendo de la profundidad a la que actúan los principios activos, la cual está determinada por factores como el pH y la concentración del ácido utilizado. Los tratamientos suelen incluir una serie de 4 a 6 sesiones, espaciadas cada 15 días, y los ácidos más comunes son los alfahidroxiácidos (AHAs) y los betahidroxiácidos (BHAs).
El uso de AHA, que provienen en su mayoría de frutas y vegetales, se adapta a diferentes tipos de piel y busca oxigenar, purificar y dar luminosidad, además de unificar el tono y reducir el tamaño de los poros. Este tratamiento es indicado para diversos problemas cutáneos, incluyendo hiperpigmentaciones y marcas de acné.
La preparación adecuada de la piel es un aspecto crucial antes de realizar un peeling, y debe incluir una cita de diagnóstico con un profesional especializado que evalúe el estado de la piel y su idoneidad para el tratamiento. La recuperación varía según la profundidad del peeling, siendo los superficiales más rápidos, con un enrojecimiento y descamación que puede durar hasta siete días. Los peelings más profundos, en contraste, requieren un periodo de recuperación más largo y pueden presentar efectos secundarios como sequedad o tirantez.
Es fundamental que los tratamientos se realicen bajo la supervisión de profesiona les capacitados, así como consultar a dermatólogos o esteticistas especializados, para asegurar la seguridad y eficacia del procedimiento.

