Un sorprendente estudio revela que crías de pollos pueden asociar sonidos con formas visuales horas después de nacer, un hallazgo que podría cambiar la comprensión del origen biológico del lenguaje humano.
El efecto Bouba-Kiki en pollitos recién nacidos
Investigadores de la Universidad de Padua, en Italia, publicaron en la revista Science que los pollitos domésticos (Gallus gallus), incubados en condiciones controladas, son capaces de asociar sonidos inventados como “Bouba” o “Kiki” con formas redondeadas o puntiagudas.
Este fenómeno, conocido como efecto Bouba-Kiki, se había observado exclusivamente en humanos y se creía vinculado a principios culturales del lenguaje. Ahora, su aparición en aves recién nacidas sugiere que la conexión entre sonido y forma podría ser innata y biológica, mucho más antigua de lo que se pensaba.
Experimento controlado y sin aprendizaje previo
Los científicos incubaron los huevos sin exposición previa a sonidos o formas, descartando cualquier aprendizaje externo. Tras un entrenamiento inicial para familiarizar a los pollitos con paneles ambigüos, llegó la prueba decisiva: se mostraban dos paneles, uno redondeado y otro angular, mientras se reproducían los sonidos “Bouba” o “Kiki”.
Los resultados fueron claros: al escuchar “Kiki”, las crías se dirigían a la forma puntiaguda; con “Bouba”, preferían la forma redonda. Este patrón coincide con el observado en adultos y bebés humanos, lo que sugiere que bases perceptivas del lenguaje podrían estar presentes en especies separadas por más de 300 millones de años de evolución.
Implicaciones sobre el origen del lenguaje
El hallazgo cuestiona la creencia de que ciertas habilidades del lenguaje dependen únicamente de cultura o aprendizaje lingüístico. Si los pollitos pueden establecer estas asociaciones de manera innata, podría existir un fundamento biológico compartido que facilite la adquisición del lenguaje desde etapas muy tempranas de la vida.
Los investigadores advierten que este descubrimiento abre nuevas vías para comprender cómo el cerebro interpreta señales auditivas y visuales, y sugiere que estas conexiones podrían haber surgido mucho antes de la aparición de los humanos modernos.

