Las recientes noticias en torno al «private equity» y el «private credit» han generado preocupación en el mundo financiero. Fondos de importantes gestoras como Blackstone y BlackRock han comenzado a cerrar o congelar la retirada de fondos, alimentando el temor a una posible crisis en los mercados, reminiscentes de la crisis de las hipotecas subprime de 2007.
Para entender la situación, primero es importante aclarar la terminología. En inglés, se diferencian los mercados «públicos» y «privados», pero en español, esto puede llevar a confusiones. Los mercados públicos se refieren a los activos cotizados (como acciones en bolsa), mientras que los privados abarcan aquellos fuera de estos mercados, incluyendo el private equity y el private credit, que son activos de propiedad privada.
El private equity se refiere a inversiones en empresas no cotizadas, donde los capitalistas buscan convertirse en socios inyectando capital de forma directa. Por otro lado, el private credit se refiere a préstamos otorgados fuera del sistema financiero tradicional, donde inversores privados financian empresas a través de contratos individuales.
Desde la crisis financiera de 2008, el interés en estos tipos de mercados ha crecido, principalmente debido a la demanda de financiación alternativa frente al endurecimiento de la oferta crediticia tradicional. Las rentabilidades que han ofrecido estos activos, superior a las de muchos mercados bursátiles, han contribuido a su popularidad.
Sin embargo, el compromiso que implica el private equity y el private credit conlleva una falta de liquidez. Los inversores deben tener en cuenta que las retiradas de capital no son inmediatas y pueden estar sujetas a restricciones temporales, lo que se traduce en un mayor riesgo.
En la última semana, la situación ha empeorado. Dudas sobre la capacidad de algunos fondos para atender las solicitudes de retirada han desencadenado un pánico entre inversores, similar a las tensiones que experimentaron entidades durante crisis pasadas. Las medidas que tomen estos fondos serán cruciales para la confianza del mercado.
Las preguntas sobre la magnitud de la crisis y sus posibles efectos sobre el sistema bancario son inciertas. A diferencia de las hipotecas subprime, el impacto del private equity y el private credit podría no ser tan inmediato ni tan devastador para el sistema financiero, dado que las pérdidas recaen directamente sobre los inversores y no sobre los balances bancarios.
En resumen, si bien el private equity y el private credit han demostrado ser vehículos atractivos en años recientes, los acontecimientos actuales subrayan la importancia de la vigilancia y la comprensión de los riesgos inherentes a estos mercados. Por lo tanto, los inversores deben evaluar su tolerancia al riesgo y su horizonte de inversión antes de participar en estos activos.

