Un metaanálisis con 25 ensayos clínicos y varias revisiones sistemáticas coinciden: la glutamina no aumenta la fuerza ni la masa muscular en deportistas bien alimentados, aunque conserva un papel concreto en inmunidad y recuperación en contextos de estrés físico extremo.
Uno de los suplementos más vendidos en tiendas de nutrición deportiva —la glutamina— no cuenta con evidencia científica sólida que respalde su uso para ganar músculo o mejorar el rendimiento, según el metaanálisis más citado sobre la materia. El estudio, publicado en 2019 en la revista Clinical Nutrition por Ramezani Ahmadi y su equipo, es una revisión sistemática con metaanálisis de ensayos clínicos diseñada para obtener un resultado concluyente sobre los efectos de la suplementación con glutamina en deportistas. Sus conclusiones contradicen buena parte del marketing que rodea a este aminoácido en el sector del fitness.
El aminoácido más abundante del cuerpo humano
La glutamina es el aminoácido más prevalente en el plasma y los músculos esqueléticos: constituye aproximadamente el 60% del total de aminoácidos libres en el músculo esquelético y el 20% de los aminoácidos presentes en el plasma sanguíneo. Se trata de un aminoácido condicionalmente esencial: en condiciones normales el propio organismo lo sintetiza en el músculo, y solo deja de ser suficiente en situaciones de estrés fisiológico elevado.
Esa capacidad de síntesis propia es la razón por la que, durante años, se ha discutido si tiene sentido suplementarla en personas sanas que entrenan con regularidad. El ejercicio prolongado o exhaustivo puede reducir las concentraciones plasmáticas de glutamina, especialmente cuando la recuperación es insuficiente o el estrés del entrenamiento es muy elevado, y esa caída es la base biológica que sostiene el interés por su suplementación en el deporte.
Lo que dice el metaanálisis de referencia
El trabajo de Ramezani Ahmadi extrajo datos sobre masa corporal, masa libre de grasa, porcentaje de grasa corporal, VO2 máx y recuentos de linfocitos, leucocitos y neutrófilos para determinar los efectos de la glutamina sobre el rendimiento. Sus conclusiones, en síntesis:
- La suplementación con glutamina no afecta al rendimiento aeróbico, mientras que su efecto sobre el rendimiento anaeróbico y la fuerza no pudo determinarse con claridad.
- El estudio tampoco encontró efecto alguno sobre los recuentos de leucocitos, linfocitos y neutrófilos.
- Sí se observó, en cambio, una mayor reducción de peso en los grupos suplementados con glutamina.
Esta conclusión no es aislada. Candow y su equipo ya habían señalado en 2001 que la suplementación con glutamina no producía efectos significativos en el entrenamiento de fuerza de jóvenes de entre 18 y 24 años. Y una revisión posterior, publicada en la revista Nutrición Hospitalaria, fue más allá al señalar un problema de fondo en la literatura disponible sobre el tema: de todos los estudios encontrados sobre glutamina y fuerza muscular, solo seis cumplían los requisitos mínimos de calidad metodológica exigidos por los propios revisores.
Dónde sí hay indicios de beneficio
El panorama, sin embargo, no es enteramente negativo. La evidencia apunta a usos concretos, ligados a situaciones de estrés físico intenso más que al entrenamiento habitual de un deportista bien alimentado.
En deportes de combate con cargas de entrenamiento muy exigentes, por ejemplo, una dosis de 3 gramos diarios durante dos semanas en judocas atenuó la supresión de la función de los neutrófilos y los marcadores de daño muscular durante un periodo de entrenamiento intensivo. En otro ensayo centrado en la recuperación tras esfuerzos excéntricos, una dosis de 0,3 gramos por kilo de peso corporal al día, mantenida 72 horas después del ejercicio, mejoró la recuperación de la fuerza y redujo el dolor muscular.
También existe respaldo, aunque mixto, en el terreno de la inmunidad tras el ejercicio de resistencia. Un estudio aleatorizado en deportistas de deportes de combate encontró que tres semanas de suplementación con glutamina mejoraron la inmunoglobulina A salival y el estado hormonal, y redujeron la incidencia de infecciones del tracto respiratorio superior tras un entrenamiento intensivo. No obstante, un estudio anterior había encontrado que mantener la disponibilidad plasmática de glutamina no evitaba los cambios inmunitarios inducidos por el ejercicio repetido, lo que confirma que los resultados son inconsistentes según el tipo de esfuerzo y la población estudiada.
Por qué persiste el mito del «suplemento para ganar músculo»
La confusión tiene una explicación biológica de partida razonable, pero mal trasladada al consumidor: si la glutamina es el aminoácido más abundante del músculo, parece lógico pensar que tomarla en polvo debería traducirse en más músculo. La ciencia, sin embargo, no ha confirmado ese salto. La evidencia actual no respalda la suplementación con glutamina como ayuda ergogénica para maximizar ganancias de masa muscular, mejorar la composición corporal o potenciar el rendimiento de resistencia o fuerza en deportistas que ya siguen una alimentación adecuada.
La industria de suplementación, por su parte, ha construido buena parte de su discurso comercial sobre estudios preliminares, muestras pequeñas o poblaciones clínicas —pacientes críticos, quemados, postoperados— cuyos resultados no son extrapolables sin más a un deportista sano que entrena en un gimnasio.
La opinión de El Vértice
La glutamina ilustra un problema más amplio que el de un aminoácido concreto: la distancia entre lo que vende la industria de la suplementación deportiva y lo que sostiene la evidencia revisada por pares.
No se trata de descartar la ciencia nutricional aplicada al deporte, que sí ofrece herramientas útiles y bien probadas, sino de exigir el mismo rigor que se exige a cualquier otro producto que se vende con promesas de salud. La seguridad jurídica del consumidor pasa también por la veracidad de lo que se le vende en un bote de suplemento.
Mientras no exista una regulación más exigente sobre las afirmaciones que pueden hacerse en el etiquetado y la publicidad de estos productos, seguirá siendo responsabilidad del ciudadano informado —y de medios como este— contrastar la promesa comercial con el dato de la revista científica.
¿Cuánto de lo que compramos en la farmacia deportiva responde a evidencia y cuánto a marketing bien construido?
