En la actualidad, muchas personas pasan aproximadamente el **90% del tiempo** en interiores, un fenómeno que ha llevado a que se hable del «trastorno por déficit de naturaleza». Este término, propuesto por **Richard Louv**, se refiere a la desconexión de los entornos naturales y su impacto en la salud física y mental.

Investigaciones de instituciones como **la Universidad de Stanford**, **la Universidad de Michigan** y **la Universidad de Chicago**, así como el concepto japonés de **Shinrin-yoku** o «baños de bosque», sugieren que invertir entre **20 y 30 minutos** en un espacio verde puede resultar en efectos positivos medibles en el cuerpo y el cerebro.

Un hallazgo notable es la reducción de **cortisol**, la principal hormona del estrés; estudios de la **Universidad de Michigan** indican que este intervalo es efectivo para disminuir significativamente estos niveles hormonales. Además, se ha documentado que esos momentos en la naturaleza pueden disminuir la **frecuencia cardíaca** y la **presión arterial**, proporcionando una sensación de calma que puede perdurar por horas, incluso hasta el día siguiente.

El entorno natural también influye positivamente en la actividad mental. Caminar en espacios como parques inicia un proceso conocido como «atención suave», en contraste con la «atención dirigida» requerida en entornos urbanos, lo que permite al cerebro descansar y reducir el ciclo de pensamientos intrusivos. Esto se relaciona con la actividad en la **corteza prefrontal subgenual**, que se asocia con la rumiación mental.

Además, se ha encontrado que el contacto con la naturaleza puede mejorar la **memoria de trabajo** en un **20%** tras caminatas de cerca de **50 minutos**. Incluso la exposición pasiva a imágenes o sonidos naturales puede incrementar la memoria hasta en un **10%**.

Previo a estos beneficios, los árboles liberan **fitoncidas**, que mejoran la actividad de las células **Natural Killer (NK)**, vitales en la defensa contra virus y células tumorales.

Finalmente, se recomienda que las personas que viven en zonas urbanas que carecen de áreas verdes aprovechen cualquier oportunidad para salir al aire libre. No es necesario viajar a un entorno remoto; simples actividades como caminar por un parque o sentarse bajo un árbol son suficientes para obtener beneficios significativos. La recomendación es ofrecer entre **dos horas semanales** de contacto con la naturaleza para contribuir al bienestar físico y mental general.

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