Los ataques de ransomware crecen un 87% interanual mientras la inteligencia artificial generativa abre una nueva vía para la fuga de información empresarial. En España se registran 2 068 ataques semanales por organización.

El riesgo cibernético para empresas y administraciones continúa creciendo en 2026. Los últimos datos recopilados por Check Point Research correspondientes a julio muestran una combinación especialmente preocupante: más ataques, un fuerte repunte del ransomware y empleados introduciendo información potencialmente confidencial en herramientas de inteligencia artificial generativa.

El escenario mundial alcanzó una media de 2 336 ciberataques semanales por organización, un 3% más que en junio y un 16% por encima de julio de 2025.

España presenta una evolución mucho más estable, aunque eso no significa que el problema sea menor: las organizaciones españolas reciben de media 2 068 ataques semanales, apenas un 1% más en términos interanuales.

Pero el dato que dispara las alarmas está en el ransomware. Durante julio se contabilizaron 964 incidentes, un incremento del 87% respecto al mismo periodo del año anterior y cercano al 50% frente a junio.

El ransomware vuelve con fuerza: 964 incidentes en un mes

El ransomware, también conocido como secuestro de datos, consiste habitualmente en comprometer los sistemas de una organización, cifrar información o sustraerla y posteriormente utilizarla para exigir un rescate.

Su regreso con fuerza supone uno de los principales desafíos de ciberseguridad empresarial en 2026.

Los 964 casos registrados durante julio rompen con la relativa estabilidad observada durante buena parte del primer semestre.

Los sectores empresariales más perjudicados fueron los servicios corporativos, la industria manufacturera y los bienes de consumo. Las administraciones públicas también continúan entre los objetivos de los ciberdelincuentes.

Geográficamente, América del Norte concentra prácticamente la mitad de los ataques de ransomware, con Estados Unidos como principal objetivo. Europa reúne más de una cuarta parte de los incidentes, especialmente en Alemania, Reino Unido e Italia.

La IA abre otro agujero en la seguridad de las empresas

El segundo gran problema está apareciendo dentro de las propias compañías.

La expansión de ChatGPT, Gemini, Copilot y otras herramientas de IA generativa ha transformado la productividad de millones de trabajadores, pero también introduce un desafío que muchas organizaciones todavía no han resuelto: qué información pueden proporcionar los empleados a estos sistemas.

Según los datos analizados, una de cada 36 consultas realizadas a plataformas de IA generativa presentó un riesgo elevado de fuga de información.

El problema adquiere mayor dimensión cuando se observa el comportamiento dentro de las empresas. Una gran mayoría de organizaciones habría registrado consultas potencialmente peligrosas realizadas por sus trabajadores.

La información expuesta puede incluir datos personales, documentación financiera e información sobre infraestructuras tecnológicas internas.

Un empleado puede filtrar información sin saberlo

No es necesario que exista una intención maliciosa.

Un trabajador puede copiar un contrato completo para pedir a una IA que lo resuma, introducir una base de datos para analizarla, pegar fragmentos de código propietario para localizar un error o proporcionar información financiera para generar un informe.

El resultado es una nueva modalidad de riesgo corporativo provocado por IA.

Las compañías analizadas utilizan de media ocho plataformas diferentes de inteligencia artificial generativa, mientras cada usuario genera cerca de un centenar de consultas mensuales.

La proliferación de herramientas complica considerablemente la supervisión.

Una empresa puede disponer de estrictos controles sobre el correo electrónico, almacenamiento en la nube y dispositivos externos mientras un empleado copia en segundos información sensible dentro de una plataforma externa de inteligencia artificial.

Datos personales y financieros, entre la información más expuesta

Los datos potencialmente comprometidos pertenecen principalmente a tres grandes categorías:

  • Información personal de empleados, clientes o proveedores.
  • Información financiera y documentación económica.
  • Datos técnicos sobre la infraestructura informática de la organización.

El último apartado resulta especialmente delicado.

Proporcionar configuraciones, código, credenciales, arquitecturas internas o detalles sobre determinados sistemas puede ofrecer indirectamente información útil para preparar posteriores ataques.

Por este motivo, las políticas corporativas de IA empiezan a convertirse en una extensión de las tradicionales políticas de ciberseguridad y protección de datos.

España registra 2 068 ataques semanales por organización

El panorama español presenta cierta estabilidad respecto al ejercicio anterior.

Durante julio se contabilizó una media de 2 068 ciberataques semanales por organización, aproximadamente un 1% más que en julio de 2025.

Las administraciones públicas se encuentran entre los principales objetivos en España.

Tras ellas aparecen sectores relacionados con bienes y servicios de consumo y entidades financieras, además de telecomunicaciones, servicios empresariales, industria y energía.

Que el crecimiento interanual español sea reducido tampoco permite interpretar que exista una disminución significativa de la amenaza. Más de 2 000 intentos o incidentes semanales por organización representan una presión constante sobre las infraestructuras digitales.

Europa registra un crecimiento del 18%

La evolución europea resulta más negativa.

Según los datos del informe, Europa registra un incremento interanual del 18% y supera los 2 000 ataques semanales por organización.

A escala mundial, América Latina registra el mayor volumen, seguida de Asia-Pacífico y África.

Uno de los sectores especialmente castigados continúa siendo la educación, con una media mundial de 4 848 ataques semanales por organización.

Después aparecen las instituciones gubernamentales y las telecomunicaciones.

También preocupa el incremento registrado en energía y servicios públicos, debido al carácter estratégico de unas infraestructuras cuya interrupción puede tener consecuencias que trascienden a la propia empresa atacada.

El correo electrónico continúa siendo una puerta de entrada

Pese a la aparición de ataques cada vez más sofisticados, una herramienta tan antigua como el correo electrónico continúa desempeñando un papel central.

Aproximadamente el 1% de los correos recibidos fue clasificado como fraude electrónico, mientras alrededor de un 20% se consideró spam o potencialmente sospechoso, según los datos difundidos.

Las campañas de phishing continúan aprovechándose del factor humano.

Un correo aparentemente procedente de un superior, una factura falsa, una notificación de Microsoft 365 o una página fraudulenta de inicio de sesión pueden convertirse en el primer paso para obtener credenciales corporativas.

La incorporación de inteligencia artificial también puede aumentar la calidad lingüística y personalización de determinados intentos de fraude, reduciendo algunas de las señales que tradicionalmente permitían reconocerlos.

The Gentlemen, Qilin y DeadLock, entre los grupos más activos

El ecosistema del ransomware tampoco permanece estático.

Durante el periodo analizado, The Gentlemen y Qilin aparecen como dos de los grupos más activos, con un 14% de las intrusiones publicadas atribuidas a cada uno de ellos, seguidos por DeadLock.

Estos datos reflejan además una característica fundamental del ciberdelito moderno: los actores y marcas criminales pueden cambiar rápidamente, mientras las técnicas y redes utilizadas continúan evolucionando.

Por ello, las empresas no pueden diseñar su estrategia únicamente alrededor de un determinado grupo criminal.

La ciberseguridad entra en una nueva etapa marcada por la IA

La inteligencia artificial presenta una paradoja para las organizaciones.

Puede utilizarse para detectar comportamientos anómalos, analizar enormes volúmenes de eventos y acelerar la respuesta frente a incidentes, pero al mismo tiempo introduce nuevos vectores de riesgo.

El problema no consiste únicamente en que los ciberdelincuentes utilicen IA.

También está en cómo utilizan la inteligencia artificial los propios empleados.

Las empresas deberán establecer políticas claras sobre qué información puede introducirse en servicios externos, qué plataformas están autorizadas y qué controles deben aplicarse sobre documentación confidencial.

El crecimiento del ransomware en 2026 añade todavía más presión. La combinación de ataques externos, robo de credenciales, ingeniería social y posibles filtraciones internas a través de herramientas de IA convierte la protección empresarial en un desafío cada vez más transversal.

La ciberseguridad ya no depende únicamente del departamento informático: cada empleado con acceso a información sensible y a una herramienta de inteligencia artificial puede convertirse, involuntariamente, en un nuevo punto de exposición.

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