Lo que durante siglos se consideró exageración o mito ahora tiene respaldo científico. Un hallazgo reciente confirma que la medicina romana llegó a utilizar excrementos humanos con fines terapéuticos, desatando un incómodo debate sobre los orígenes de la ciencia médica.
Un descubrimiento que desmonta la imagen idealizada de Roma
Un equipo de investigadores ha encontrado restos químicos de heces humanas en un recipiente romano de casi 1 900 años de antigüedad hallado en Pérgamo.
El estudio, publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, aporta la primera prueba material de una práctica que hasta ahora solo aparecía en textos antiguos.
El análisis identificó coprostanol y 24-etilcoprostanol, marcadores inequívocos de origen fecal humano. Es decir, no hay lugar a dudas: el contenido del frasco incluía excrementos.
El ungüento romano que revela una medicina incómoda
El recipiente analizado es un ungüentario, un pequeño frasco de vidrio utilizado en la antigua Imperio romano para almacenar perfumes, cosméticos o preparados medicinales.
En su interior, los investigadores encontraron residuos marrones adheridos al vidrio, que tras el análisis químico confirmaron su origen.
Además, detectaron carvacrol, un compuesto presente en plantas como el tomillo o el orégano. Todo apunta a que se añadía para disimular el olor del preparado, lo que refuerza la hipótesis de uso terapéutico.
Lo que ya decían los textos… ahora confirmado
Autores clásicos como Plinio el Viejo o Galeno ya mencionaban el uso de excrementos en tratamientos para:
- Inflamaciones
- Infecciones
- Problemas cutáneos
Sin embargo, hasta ahora todo se consideraba parte de una medicina primitiva o incluso exagerada. Este hallazgo cambia el panorama: la práctica existió realmente.
Entre ciencia, superstición y necesidad
El descubrimiento revela una realidad que muchos prefieren ignorar:
la medicina antigua mezclaba conocimiento, ensayo-error y creencias difíciles de encajar hoy.
En ciudades como Pérgamo, uno de los grandes centros médicos del mundo clásico, estas prácticas no eran necesariamente marginales. Formaban parte de un sistema donde:
- La higiene era limitada
- La microbiología era desconocida
- La experimentación tenía riesgos evidentes
¿Tan lejos estamos realmente?
Aunque pueda parecer un ejemplo extremo de atraso, la comparación con la actualidad resulta inevitable.
Hoy existen terapias modernas como los trasplantes de microbiota fecal, utilizados bajo control médico para tratar ciertas infecciones intestinales. La diferencia es clara:
la medicina moderna entiende los mecanismos; la antigua actuaba sin ese conocimiento.
Un hallazgo que obliga a replantear la historia
Este descubrimiento no significa que el uso de excrementos fuera generalizado, pero sí demuestra algo clave:
las fronteras entre cosmética, medicina y ritual eran mucho más difusas en la Antigüedad.
También pone en cuestión la tendencia a idealizar civilizaciones como Roma, recordando que su avance convivía con prácticas que hoy resultarían impensables.
Europa ante su pasado sin filtros
En un momento en el que se reescribe constantemente la historia desde enfoques ideológicos, hallazgos como este obligan a mirar el pasado con más realismo.
Ni todo era progreso, ni todo era barbarie. Pero sí queda claro que la evolución científica ha sido mucho más compleja —y a veces incómoda— de lo que se suele contar.
¿Estamos preparados para aceptar que incluso las civilizaciones más admiradas recurrieron a prácticas que hoy consideraríamos inaceptables?
