El Gobierno prolonga tres años la vida de la central nuclear de Almaraz tras el aval del Consejo de Seguridad Nuclear. La decisión responde a las reclamaciones de Extremadura y choca frontalmente con la posición antinuclear de Sumar.
El cierre de Almaraz tendrá que esperar. El Gobierno de Pedro Sánchez ha decidido prolongar la actividad de la central nuclear extremeña hasta junio de 2030, tres años más de lo contemplado inicialmente, en una decisión que supone un importante cambio en la política energética del Ejecutivo y amenaza con provocar un nuevo enfrentamiento entre PSOE y Sumar.
La decisión, impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica, asume la propuesta del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y llega después de meses de presión política, económica y social en Extremadura para evitar el cierre de una instalación estratégica para la región.
El movimiento tiene, además, una importante lectura política. Sumar había exigido mantener el calendario de cierre en 2027 y considera que prolongar la actividad de Almaraz contradice los compromisos alcanzados dentro de la coalición.
El Gobierno prolonga la vida de la central nuclear de Almaraz
La decisión permite que la central nuclear de Almaraz, situada en la provincia de Cáceres, continúe operando al menos hasta junio de 2030.
El Ejecutivo respalda así el criterio favorable planteado previamente por el Consejo de Seguridad Nuclear, organismo encargado de supervisar la seguridad nuclear y la protección radiológica en España.
El cambio resulta especialmente significativo porque Almaraz estaba llamada a convertirse en la primera gran central afectada por el calendario de cierre progresivo del parque nuclear español.
Ahora, ese horizonte se desplaza tres años.
La medida supone también una victoria para quienes llevan meses reclamando que las decisiones sobre energía nuclear se adopten atendiendo a criterios de seguridad energética, empleo, costes eléctricos y estabilidad del sistema, además de los objetivos climáticos.
Extremadura consigue ganar tres años para Almaraz
La continuidad de Almaraz se había convertido en una cuestión de enorme trascendencia política y económica para Extremadura.
Administraciones, trabajadores, empresarios y diferentes organizaciones de la región habían alertado reiteradamente sobre las consecuencias que podría tener un cierre anticipado.
La central constituye uno de los principales polos económicos del entorno y genera actividad directa e indirecta alrededor de numerosos municipios.
El debate, por tanto, supera ampliamente la producción de electricidad.
Almaraz significa empleo, actividad empresarial, ingresos municipales y tejido económico en una región que lleva años denunciando sus dificultades para atraer grandes proyectos industriales.
La decisión de Sánchez supone en la práctica aceptar parte de los argumentos que desde Extremadura venían defendiendo la necesidad de prolongar la explotación.
El giro de Sánchez choca con Sumar
La prórroga abre ahora otro frente dentro del Gobierno.
La formación encabezada por Yolanda Díaz había defendido que el calendario nuclear debía mantenerse y que Almaraz tenía que cerrar en 2027.
Sumar rechaza la prolongación y considera que la decisión contradice el acuerdo alcanzado entre los socios de la coalición.
El asunto tiene especial relevancia porque la política nuclear forma parte de las diferencias históricas entre una izquierda partidaria de acelerar el abandono de esta tecnología y quienes consideran necesario mantener las centrales mientras sean seguras y resulten necesarias para garantizar el suministro.
El Gobierno se enfrenta así a una contradicción política difícil de ocultar: mantener el calendario pactado con Sumar o adaptarlo ante las necesidades energéticas y las reclamaciones territoriales.
En esta ocasión, Sánchez ha elegido lo segundo.
La decisión llega al BOE sin un debate previo en el Consejo de Ministros
Otro de los aspectos que alimenta la controversia es el procedimiento utilizado.
Según la información publicada por El Español, el Gobierno ha respaldado la propuesta del CSN y trasladado la decisión al Boletín Oficial del Estado (BOE) sin que previamente se haya producido un debate específico sobre la cuestión en el Consejo de Ministros.
La vía utilizada reduce el margen para una confrontación pública entre los dos socios de Gobierno, pero difícilmente evitará las consecuencias políticas.
Sumar ha expresado su oposición a la prórroga, mientras el PSOE deberá justificar por qué modifica un calendario energético que hasta hace poco defendía como parte de su estrategia de transición ecológica.
Almaraz reabre el debate sobre el apagón nuclear español
Más allá de la batalla entre PSOE y Sumar, la decisión tiene consecuencias para todo el modelo energético español.
España mantiene un calendario para el cierre escalonado de sus centrales nucleares, cuya culminación estaba prevista para 2035.
Almaraz debía marcar el comienzo de ese proceso.
La extensión hasta 2030 introduce ahora un precedente que inevitablemente alimentará las reclamaciones de otras centrales para revisar sus respectivas fechas.
La pregunta comienza a ser inevitable: si Almaraz puede continuar funcionando con el visto bueno del CSN, ¿debe mantenerse intacto el calendario para el resto del parque nuclear?
La nuclear vuelve al centro de la seguridad energética
La energía nuclear presenta una característica especialmente relevante en el actual sistema eléctrico: puede generar electricidad de manera continua y sin depender de que haya viento o sol.
Las centrales nucleares tampoco generan emisiones directas de CO₂ durante la producción eléctrica.
Sus detractores señalan, por el contrario, el problema de los residuos radiactivos, los costes asociados al desmantelamiento de las instalaciones y la necesidad de mantener exigentes estándares de seguridad durante toda su vida operativa.
Precisamente por ello, el criterio del Consejo de Seguridad Nuclear adquiere especial importancia.
El debate deja de ser exclusivamente ideológico cuando el organismo regulador considera técnicamente posible prolongar la actividad.
El precedente de Almaraz puede cambiar el calendario nuclear
La prórroga introduce una variable que hasta ahora el Gobierno se había resistido a asumir: el calendario nuclear puede modificarse.
Y esa posibilidad puede transformar completamente el debate energético de los próximos años.
Las empresas propietarias de otras centrales podrían utilizar el precedente de Almaraz para reclamar condiciones que permitan ampliar su funcionamiento.
También aumenta la presión para revisar la fiscalidad que soportan las instalaciones nucleares, uno de los argumentos utilizados recurrentemente por el sector para cuestionar su viabilidad económica.
El Ejecutivo tendrá que decidir entonces si Almaraz constituye una excepción extremeña o el primer paso hacia una revisión más profunda de la estrategia nuclear española.
Sánchez cambia de posición ante la presión territorial
Políticamente, el episodio evidencia hasta qué punto el futuro de Almaraz había dejado de ser un asunto exclusivamente energético.
Cerrar la central en 2027 suponía asumir un considerable coste político en Extremadura.
Mantenerla, en cambio, implica enfrentarse a Sumar y al sector más antinuclear de la izquierda.
Pedro Sánchez ha terminado inclinándose por prolongar la vida de Almaraz hasta 2030.
La decisión proporciona tres años adicionales a la central extremeña y aleja, por ahora, el escenario de cierre inmediato.
Pero también abre una discusión mucho mayor: si una central considerada segura puede seguir produciendo electricidad, ¿qué sentido tiene clausurarla únicamente para cumplir una fecha fijada años atrás?
El caso de Almaraz amenaza así con convertirse en el precedente que obligue a España a reabrir por completo el debate sobre el futuro de la energía nuclear.
