La multinacional confirma que la transición eléctrica se frena y mantiene la planta de Balaídos como pilar industrial. El Turbo 100, un tricilíndrico de gasolina completamente renovado, debutará en los Peugeot 208 y 2008, asegurando la continuidad de la producción en Galicia.
Vigo, garantía de futuro para Stellantis
Stellantis da un giro estratégico en Europa, priorizando la convivencia entre motores de combustión y eléctricos. La multinacional ha presentado el Turbo 100, un motor de 1,2 litros y 101 CV que reemplaza a los polémicos PureTech y promete mejor respuesta a bajo régimen, ideal para conducción urbana y adelantamientos. Su desarrollo fue exhaustivo: 30 000 horas de pruebas y 3 millones de kilómetros recorridos, con prototipos superando los 200 000 km sin incidencias significativas.
Para la factoría de Balaídos, esta decisión supone una garantía de continuidad laboral y de carga de trabajo, reafirmando su papel como centro estratégico en la producción de segmento B y B-SUV, donde la demanda aún es fuerte.
Transición eléctrica más realista
El anuncio llega tras las declaraciones del CEO Antonio Filosa, quien reconoció que la estrategia anterior, bajo Carlos Tavares, sobreestimó la velocidad de electrificación, generando pérdidas de 22 000 millones de euros en el último ejercicio. Ahora, Stellantis apuesta por un equilibrio entre motores de combustión y eléctricos, adaptándose a la demanda real y evitando el riesgo de desindustrialización en centros clave como Vigo.
Impacto en el mercado y en la plantilla
El Peugeot 2008, fabricado en Vigo, será uno de los primeros en estrenar el Turbo 100, reforzando su posición de liderazgo en Europa, con 172 000 unidades vendidas en 2025. Fuentes sindicales confirman que la compañía había contemplado abandonar la producción de este modelo a favor de eléctricos urbanos, pero la nueva estrategia garantiza la continuidad de la planta gallega y su relevancia industrial.
La apuesta de Stellantis demuestra que, en plena transición hacia el vehículo eléctrico, la combustión todavía tiene un papel estratégico, especialmente en regiones con fuerte tradición industrial como Galicia.

