El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, instó este viernes a los principales gigantes petroleros estadounidenses a invertir masivamente en Venezuela para reconstruir una industria energética que calificó de “podrida” tras décadas de deterioro, nacionalizaciones y falta de inversión.
Trump se reunió en la Casa Blanca con altos ejecutivos de compañías como Exxon Mobil, Chevron y ConocoPhillips, a quienes planteó un ambicioso objetivo: movilizar hasta 100.000 millones de dólares para multiplicar la producción de crudo en el país sudamericano.
El petróleo se ha convertido en el eje central de la estrategia de Washington en Venezuela tras la captura del exmandatario Nicolás Maduro en una operación estadounidense el pasado 3 de enero. Trump aseguró que las empresas norteamericanas tendrán la oportunidad de reconstruir infraestructuras clave y elevar la producción “a niveles nunca antes vistos”.
“Vamos a decidir qué compañías petroleras participarán”, afirmó el presidente, quien también destacó un acuerdo con las autoridades venezolanas interinas para suministrar 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, donde numerosas refinerías están adaptadas al procesamiento de petróleo pesado venezolano. Según Trump, estos envíos podrían mantenerse de forma indefinida, con el objetivo adicional de reducir los precios de la energía en el mercado estadounidense.
Sin embargo, el entusiasmo del mandatario contrasta con el escepticismo del sector. Inversores y analistas advierten de los elevados costes, la inseguridad jurídica y la persistente inestabilidad política. Durante la reunión, el consejero delegado de Exxon, Darren Woods, fue especialmente claro al señalar que Venezuela es actualmente “no invertible” para la compañía, recordando que sus activos fueron confiscados en dos ocasiones en el pasado.
Exxon y ConocoPhillips abandonaron Venezuela hace casi dos décadas tras las nacionalizaciones impulsadas por el chavismo. Chevron, por su parte, es la única gran petrolera estadounidense que sigue operando en el país, aunque también se muestra cauta a la hora de comprometer nuevas inversiones de gran envergadura.
Trump prometió garantías de seguridad física y financiera para las compañías que decidan regresar, aunque sin detallar los mecanismos concretos. Desde la Administración se ha deslizado incluso la posibilidad de utilizar el Banco de Exportación e Importación de EE. UU. para financiar grandes proyectos energéticos y reducir el riesgo para las empresas.
Venezuela, miembro de la OPEP y poseedora de las mayores reservas de crudo del mundo, produce hoy alrededor de un millón de barriles diarios, muy lejos de los 3,5 millones que llegó a extraer en la década de 1970. Décadas de subinversión y mala gestión han dejado una industria energética gravemente dañada, cuyo futuro dependerá ahora de si las promesas políticas logran traducirse en compromisos empresariales reales.

