Trump y Xi vuelven a verse las caras en una de las reuniones más decisivas de los últimos años para la economía mundial. El presidente de Estados Unidos y el líder chino llegan a la nueva cumbre bilateral con una tregua parcial en la guerra comercial, pero también con múltiples frentes abiertos que amenazan con volver a disparar la tensión entre las dos mayores potencias del planeta.

Los aranceles, las tierras raras, la crisis del petróleo derivada del conflicto con Irán y la batalla tecnológica por los microchips centrarán gran parte de una negociación que puede redefinir el equilibrio económico global durante los próximos años. La reunión entre Trump y Xi se produce además en un contexto especialmente delicado para ambos mandatarios: Washington necesita estabilidad económica antes de las elecciones legislativas de medio mandato y Pekín intenta frenar la desaceleración de su crecimiento industrial.

La relación entre Trump y Xi ha pasado en menos de una década de la cordialidad diplomática a una rivalidad estratégica total. En 2017 ambos líderes escenificaron una aparente sintonía durante el encuentro celebrado en Mar-a-Lago, pero pocos meses después comenzó la primera gran ofensiva arancelaria impulsada por Estados Unidos contra China. Desde entonces, la tensión ha ido creciendo con diferentes treguas temporales que nunca lograron solucionar el conflicto de fondo.

Trump y Xi afrontan una batalla por los aranceles

Uno de los principales asuntos que marcarán la reunión entre Trump y Xi será la política arancelaria. Aunque en los últimos meses se produjo una cierta congelación de nuevos gravámenes, la amenaza de una nueva escalada sigue muy presente sobre la mesa.

El déficit comercial estadounidense con China continúa siendo una obsesión para Donald Trump. A pesar de la reducción parcial lograda durante los últimos años, Washington considera que Pekín sigue aprovechándose de unas relaciones comerciales desequilibradas. Por ello, el mandatario estadounidense quiere arrancar nuevos compromisos de compra de productos agrícolas y una mayor apertura del mercado chino a las empresas norteamericanas.

China, por su parte, llega a la negociación intentando proyectar una imagen de estabilidad internacional frente al proteccionismo estadounidense. El Gobierno chino ha tratado de compensar el impacto de los aranceles aumentando sus exportaciones hacia Europa y otros mercados asiáticos, además de reforzar el consumo interno mediante estímulos económicos.

Sin embargo, la realidad es que tanto Estados Unidos como China siguen profundamente conectados en las cadenas globales de suministro. Muchos productos continúan dependiendo de componentes fabricados en ambos países, lo que hace extremadamente difícil una ruptura económica total.

Las tierras raras, la gran arma de China

Otro de los puntos clave de la cumbre entre Trump y Xi será el control de las tierras raras, consideradas ya por muchos analistas como el “petróleo del siglo XXI”.

China domina actualmente buena parte de la producción y, sobre todo, del refinado mundial de estos minerales estratégicos esenciales para fabricar baterías, coches eléctricos, sistemas de defensa, inteligencia artificial y dispositivos tecnológicos avanzados.

Estados Unidos necesita urgentemente reducir esa dependencia, especialmente tras comprobar cómo Pekín ha utilizado en varias ocasiones las exportaciones de tierras raras como herramienta de presión diplomática y económica. Durante la última tregua comercial, China accedió a flexibilizar parcialmente las restricciones, pero Washington teme que vuelva a endurecerlas si fracasan las negociaciones.

La importancia estratégica de estas materias primas ha convertido las tierras raras en una de las principales bazas de Xi Jinping frente a Trump. Incluso aunque Estados Unidos logre aumentar sus compras a otros países, buena parte del refinado mundial sigue pasando por instalaciones controladas por China.

La guerra tecnológica entre Trump y Xi sigue creciendo

La batalla tecnológica también marcará la reunión entre Trump y Xi. Estados Unidos mantiene numerosas restricciones a la exportación de microchips avanzados y semiconductores destinados al desarrollo de inteligencia artificial china.

Washington considera que permitir a Pekín acceder libremente a esta tecnología supondría fortalecer militar y económicamente a su principal rival estratégico. Por ello, durante los últimos años ha impuesto severos controles a empresas estadounidenses como Nvidia para limitar las ventas de determinados chips.

Sin embargo, China ha conseguido avanzar notablemente en inteligencia artificial pese a estas restricciones. El desarrollo de nuevos modelos tecnológicos chinos ha encendido las alarmas en Estados Unidos, que teme perder su liderazgo mundial en sectores clave.

Trump llega a la cumbre dispuesto a utilizar estas limitaciones tecnológicas como elemento de presión negociadora. Mientras tanto, Xi intentará lograr una relajación parcial de las sanciones para garantizar el crecimiento tecnológico chino durante la próxima década.

El petróleo iraní añade más tensión a la cumbre

La situación geopolítica en Oriente Medio añade todavía más presión al encuentro entre Trump y Xi. La guerra en Irán y las amenazas sobre el estrecho de Ormuz han disparado la preocupación por el suministro energético mundial.

China depende enormemente del petróleo iraní y ha rechazado públicamente las sanciones estadounidenses contra las refinerías privadas que compran crudo procedente de Teherán. Pekín considera que Washington intenta utilizar la crisis energética como herramienta de presión política internacional.

Estados Unidos, en cambio, busca aislar económicamente al régimen iraní y presionar a China para que reduzca sus importaciones de petróleo. Esta disputa amenaza con provocar nuevas tensiones comerciales y financieras entre ambos países.

Además, cualquier alteración grave en el estrecho de Ormuz tendría consecuencias directas sobre los precios internacionales del petróleo y la inflación global, afectando tanto a la economía estadounidense como a la china.

Trump y Xi se juegan mucho más que una tregua comercial

La nueva reunión entre Trump y Xi no será únicamente una cumbre diplomática más. Ambos líderes llegan conscientes de que las decisiones que adopten tendrán un enorme impacto sobre la economía mundial, los mercados financieros y la estabilidad geopolítica internacional.

Trump necesita exhibir fortaleza frente a China de cara a sus votantes y reforzar la imagen de que protege los intereses industriales y agrícolas estadounidenses. Xi, mientras tanto, quiere consolidar a China como una potencia estable capaz de desafiar el liderazgo económico occidental.

Aunque es probable que ambas partes intenten evitar una nueva guerra comercial inmediata, las diferencias estructurales siguen siendo enormes. Aranceles, tecnología, petróleo, inteligencia artificial y tierras raras seguirán marcando la rivalidad entre dos potencias condenadas a competir por el liderazgo global durante las próximas décadas.

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