La conexión ferroviaria entre Vigo y Portugal sufrirá un golpe histórico: el tren Celta dejará de circular directamente hasta Oporto y solo llegará a Valença, mientras continúan las polémicas obras de modernización de la línea del Miño a cargo de ADIF. Los pasajeros deberán desplazarse en autobús durante aproximadamente 12 meses, en un caos operativo que afecta también a los trenes hacia el norte de Galicia.
Obras de ADIF paralizan el servicio directo a Oporto
A partir del martes 7 de abril, el tráfico de pasajeros desde Vigo Guixar hacia la frontera portuguesa quedará suspendido. Renfe se encargará de trasladar a los viajeros en autobuses hasta Valença do Minho, mientras duren las obras. Esta medida afecta tanto a los trenes internacionales como a los regionales que conectan con Guillarei, donde también se establecerá transporte por carretera.
La compañía ferroviaria advierte que esta adaptación puede generar variaciones en horarios de salida, llegada y paradas intermedias, recomendando a los usuarios consultar la programación con antelación. Todos los cambios y anulaciones serán sin coste para los pasajeros afectados.
Impacto en conexiones con Santiago, A Coruña y el norte de Galicia
Los problemas no se limitan a Portugal. Los trenes con origen o destino en Santiago y A Coruña trasladarán su operativa a Vigo Urzaiz durante un mes, provocando la supresión de paradas históricas en estaciones como Redondela y Redondela Picota. Este cambio refleja la incompetencia en la planificación de ADIF, que obliga a los usuarios a adaptarse a un servicio más lento y menos directo.
Interrupciones adicionales en la línea del Miño
La reestructuración temporal se extiende a las conexiones con Ourense y Ponferrada, donde los trenes Regional Express deberán cubrir en autobús el tramo entre Vigo Guixar y Guillarei, prolongando el tiempo de viaje y generando un impacto negativo en el transporte regional.
Este nuevo episodio evidencia la crisis del transporte ferroviario gallego, que acumula retrasos y cortes de servicio mientras ADIF promete modernización, pero olvida la planificación real y la comodidad de los ciudadanos.
Los usuarios se enfrentan a un año de trenes sustituidos por autobuses, lo que plantea serias dudas sobre la eficiencia y transparencia en la ejecución de las obras públicas ferroviarias.

