Hezbolá se une al conflicto en Oriente Medio y ha lanzado una ofensiva con cohetes y drones contra el norte de Israel como represalia por la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei. La decisión de Hezbolá de unirse al conflicto marca un punto de inflexión en la crisis regional y reaviva el temor a una guerra abierta entre Israel y Líbano, con Irán como telón de fondo.
La milicia chií proiraní anunció en un comunicado que el ataque consistió en “una andanada de misiles avanzados y una ráfaga de drones” dirigidos contra un sistema de defensa antimisiles al sur de Haifa. Aunque no se han registrado víctimas, el gesto supone una ruptura formal del alto el fuego vigente desde noviembre de 2024.
Hezbolá se une al conflicto y rompe el alto el fuego
El hecho de que Hezbolá se une al conflicto no solo implica una acción militar puntual, sino la ruptura de un frágil equilibrio en la frontera norte de Israel. Desde el cese de hostilidades, la tensión había sido constante, con intercambios esporádicos y bombardeos selectivos, pero sin una ofensiva directa de esta magnitud.
De los tres proyectiles lanzados, uno fue interceptado por el sistema defensivo israelí y los otros dos impactaron en zonas despobladas. Sin embargo, el simbolismo del ataque es contundente: Hezbolá se une al conflicto como actor activo en respuesta a la operación conjunta de Estados Unidos e Israel contra la cúpula iraní.
La organización justificó la ofensiva como una “represalia legítima” por la muerte de Jamenei, considerado su principal respaldo político, ideológico y financiero.
Israel responde con ataques masivos
La reacción israelí no se hizo esperar. Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) lanzaron decenas de ataques aéreos sobre posiciones estratégicas en territorio libanés, incluyendo objetivos en Beirut. Según fuentes militares, varios miembros de alto rango de Hezbolá habrían sido eliminados.
El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ordenó preparar a las tropas para una posible escalada prolongada. “Las tropas se han preparado para un escenario así”, afirmó, subrayando que Israel considera que Hezbolá se une al conflicto de forma deliberada y con intención de abrir un nuevo frente regional.
Como medida preventiva, las autoridades israelíes ordenaron la evacuación de residentes en 53 localidades del sur y este del Líbano ante la posibilidad de nuevos bombardeos.
Beirut condena la ofensiva
El Gobierno libanés ha intentado desmarcarse rápidamente. El primer ministro, Nawaf Salam, calificó el ataque de Hezbolá como un “acto irresponsable y sospechoso” que pone en riesgo la estabilidad nacional. Salam convocó una reunión urgente con el presidente Joseph Aoun para analizar la situación.
El Ejecutivo de Beirut insiste en que la decisión de ir a la guerra corresponde exclusivamente al Estado libanés, no a una milicia armada. Sin embargo, la realidad es que Hezbolá se une al conflicto actuando de manera autónoma, evidenciando la limitada capacidad del Gobierno para controlar sus acciones militares.
Un movimiento estratégico tras la muerte de Jamenei
La entrada directa en combate llega en un momento delicado para la organización. Tras la eliminación de su histórico líder Hasan Nasrala en una operación israelí previa, Hezbolá atraviesa una etapa de reconfiguración interna bajo el liderazgo de Naim Qassem.
El anuncio de que Hezbolá se une al conflicto puede interpretarse como un intento de reafirmar su papel dentro del llamado “eje de resistencia” liderado por Irán. Con Teherán debilitado tras la muerte de Jamenei y la ofensiva contra su cúpula militar, la milicia libanesa busca demostrar que mantiene capacidad operativa y voluntad de confrontación.
No obstante, expertos regionales advierten que la organización ha sufrido un desgaste significativo en recursos, liderazgo y apoyo popular dentro del propio Líbano.
Riesgo de guerra regional
El hecho de que Hezbolá se une al conflicto amplía el alcance geográfico de la crisis y aumenta la probabilidad de un enfrentamiento a gran escala. Estados Unidos mantiene bases militares en la región y ha reiterado su respaldo a Israel, lo que podría desencadenar una reacción en cadena si los ataques continúan.
Además, la muerte de Jamenei ha generado un vacío de poder en Irán que podría incentivar decisiones más agresivas por parte de facciones radicales. La combinación de incertidumbre política en Teherán y la activación de Hezbolá en el frente libanés crea un escenario de alta volatilidad.
Analistas militares coinciden en que, aunque el ataque inicial no causó víctimas, su valor estratégico reside en el mensaje político: Hezbolá se une al conflicto como respuesta directa a la ofensiva contra Irán y está dispuesto a asumir las consecuencias.
Un equilibrio cada vez más frágil
La comunidad internacional observa con preocupación cómo la tensión escala día a día. Naciones Unidas ha pedido contención, mientras potencias europeas intentan mediar para evitar una guerra abierta.
Sin embargo, con Hezbolá ya implicado activamente, el margen para la diplomacia se reduce. La región se enfrenta a uno de los momentos más delicados de los últimos años, donde cualquier error de cálculo podría desencadenar un conflicto de gran magnitud.
Por ahora, Hezbolá se une al conflicto con una ofensiva limitada pero simbólicamente poderosa. La respuesta israelí y la postura que adopte el nuevo liderazgo iraní determinarán si este episodio queda en una escalada controlada o se convierte en el inicio de una guerra regional de consecuencias imprevisibles.

