Un pequeño comercio histórico de A Coruña, abierto desde 1939, vive una sorprendente segunda juventud gracias al impulso de las redes sociales y al interés de una nueva generación que busca estilo y autenticidad en piezas únicas.
Un negocio histórico que vuelve a estar de moda
En plena calle San Andrés de A Coruña, una pequeña tienda llena de historia ha encontrado un inesperado impulso gracias a las redes sociales. Se trata de la mercería Cándida, considerada la más antigua de la ciudad, que desde 1939 abastece a generaciones de clientes con botones, broches y accesorios de costura.
Hoy, casi noventa años después de su apertura, el establecimiento vive un auténtico renacimiento impulsado por influencers y amantes de la moda vintage.
Al frente del negocio se encuentra Menchu Murillo, quien lleva cerca de quince años atendiendo el local y que nunca imaginó que los productos tradicionales de su tienda terminarían convirtiéndose en tendencia.
“Tengo un millón de botones y algunos ya no se hacen o son muy difíciles de conseguir hoy en día”, explica la propietaria con orgullo.
El efecto redes sociales: cuando una influencer lo cambia todo
El resurgir del negocio comenzó cuando la estilista e influencer Paloma Gras, residente en A Coruña, compartió en sus redes sociales uno de los broches comprados en la tienda.
Lo que antes muchos consideraban accesorios “de otra época” se convirtió de repente en un elemento estiloso para personalizar prendas.
“Paloma ya era clienta de aquí. Compró un imperdible grande que tenía en el escaparate, lo enseñó en redes y ahora me están pidiendo broches de toda España”.
La viralización de estos accesorios ha provocado que el comercio tenga que ampliar su catálogo de prendedores, que actualmente cuenta con alrededor de treinta modelos distintos.
Una nueva generación descubre la costura
El éxito no solo se ha traducido en pedidos desde otros lugares de España, sino también en un cambio generacional entre la clientela.
Cada vez más jóvenes se acercan al pequeño comercio para buscar materiales con los que personalizar su ropa o crear sus propias prendas.
Según explica Murillo, muchos clientes llegan con curiosidad y terminan descubriendo un mundo completamente nuevo.
“Está apareciendo una clientela más joven que se está haciendo su propia ropa o que viene a por alfileres, broches y accesorios para el pelo”, afirma.
La propietaria ha sabido adaptarse a esta nueva ola sin perder la esencia tradicional del negocio.
La “casa de los botones”: un tesoro difícil de encontrar
Entre todos los artículos del establecimiento, hay uno que ocupa un lugar especial: los botones.
Murillo define su tienda como “la casa de los botones”, un auténtico archivo de piezas que ya no se fabrican.
Entre sus estanterías se pueden encontrar:
- Botones antiguos de gran tamaño
- Modelos descatalogados
- Piezas únicas difíciles de encontrar en el mercado actual
Muchos de ellos proceden de décadas pasadas y conservan diseños que hoy resultan prácticamente imposibles de reproducir.
Un pequeño museo de 1939 en pleno centro de la ciudad
Entrar en la mercería Cándida es casi un viaje en el tiempo.
El local conserva la misma estética con la que abrió sus puertas en 1939:
- Escaparate enmarcado en madera
- Suelo de baldosas rojas y verdes
- Estanterías llenas de pequeños tesoros
Por el establecimiento han pasado hasta tres generaciones de clientes, muchos de los cuales regresan ahora con recuerdos familiares.
“Hay gente que viene y me dice que antes venía con su abuela o que venía cuando era aprendiza a comprar botones”, explica Murillo.
Una historia familiar que sigue viva
Menchu Murillo llegó al negocio casi por casualidad. Aunque estudió Magisterio, siempre tuvo interés por la costura.
Una conocida le habló de la tienda, que buscaba empleada, y así comenzó su relación con el comercio.
Tras varios años trabajando allí, su antigua jefa le ofreció quedarse con el negocio, y desde entonces lo dirige junto a su hijo Enrique.
El objetivo sigue siendo el mismo que el primer día:
“Atender a la gente como me gustaría que me atendieran a mí”.
Una filosofía que explica por qué, en plena era digital, el pequeño comercio sigue encontrando su lugar.
Tradición y redes sociales: una combinación inesperada
El caso de la mercería Cándida demuestra que tradición y modernidad no siempre están enfrentadas.
Un negocio abierto hace casi un siglo ha conseguido reinventarse gracias a las redes sociales, atrayendo a una nueva generación que busca autenticidad frente a la moda industrial.
En un mundo dominado por las grandes cadenas, un simple botón o un broche vintage pueden convertirse en el detalle que marca la diferencia.
Y en A Coruña, ese detalle lleva décadas esperando en una pequeña tienda llena de historia.

