La falta de espacio en los cementerios de Estados Unidos ha impulsado una práctica polémica: transformar cuerpos humanos en compost para plantas mediante un proceso llamado “terramación”.
Cementerios saturados y una solución que genera polémica
En Estados Unidos, el debate sobre cómo tratar a los fallecidos ha dado un giro inesperado. El histórico cementerio Green-Wood de Brooklyn, con cerca de 190 hectáreas, estudia implantar un nuevo servicio funerario: la llamada “reducción orgánica natural”, más conocida como “terramación” o compostaje humano.
La idea es simple —y para muchos inquietante—: convertir el cuerpo del difunto en tierra fértil mediante un proceso acelerado de descomposición. En lugar de enterrarlo o incinerarlo, el cadáver se introduce en un contenedor especial donde, con temperatura, humedad y oxígeno controlados, los microbios transforman los restos en compost.
Según sus impulsores, el proceso dura alrededor de 40 días, tras los cuales los restos se convierten en tierra rica en nutrientes que puede usarse para plantar árboles o esparcirse en jardines.
El argumento ecológico detrás del “compostaje humano”
Los defensores de esta práctica aseguran que se trata de una alternativa más sostenible frente a los métodos tradicionales.
Argumentan que:
- La incineración genera alrededor de 430 kg de CO₂ por cuerpo.
- Los entierros convencionales pueden emitir hasta 780 kg de CO₂, considerando transporte, ataúdes, energía y materiales.
Además, el problema del espacio en los cementerios urbanos se agrava cada año. En ciudades densamente pobladas como Nueva York, las parcelas funerarias se han convertido en un recurso escaso y cada vez más caro.
Este contexto ha empujado a algunos gestores funerarios a explorar soluciones radicales para afrontar el aumento de fallecimientos previsto en las próximas décadas, especialmente con el envejecimiento de la generación baby boom.

Una industria de miles de millones en plena transformación
La industria funeraria estadounidense mueve cerca de 20 000 millones de dólares anuales, un negocio dominado por cementerios, funerarias y crematorios. En ese mercado, la “terramación” se presenta para algunos como una nueva oportunidad comercial.
El servicio suele rondar los 7 000 dólares, una cifra comparable a muchas cremaciones o entierros tradicionales. Sin embargo, elimina uno de los costes más caros: el terreno funerario.
Por eso cada vez más empresas funerarias ven en esta técnica una vía para reinventar el sector en un contexto de saturación de cementerios y cambios culturales.
Críticas éticas y oposición religiosa
La expansión del compostaje humano no está exenta de polémica. Diversos grupos religiosos y organizaciones sociales consideran que el método no respeta la dignidad del cuerpo humano.
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos ha criticado abiertamente esta práctica, argumentando que no cumple con los principios de respeto que la tradición cristiana exige para los difuntos.
Además, algunos expertos advierten sobre posibles problemas sanitarios o toxicológicos durante el proceso.
Una práctica legal… pero aún minoritaria
Aunque la “terramación” sigue siendo poco común, más de una decena de estados estadounidenses ya la han legalizado. El primero fue Washington en 2019, y desde entonces otros territorios han aprobado normativas similares.
Sin embargo, su expansión continúa enfrentando obstáculos culturales, políticos y legales en muchos países occidentales.
El debate de fondo es cada vez más evidente: qué hacer con los muertos en sociedades urbanas cada vez más densas.
Y la pregunta que muchos empiezan a plantearse es incómoda pero inevitable:
¿Es la “ecología funeraria” el futuro… o una línea roja moral que no debería cruzarse?

