Lo que durante años fue una máquina perfecta de dominar la Fórmula 1 hoy se enfrenta a una realidad incómoda: Red Bull ya no es el equipo imbatible que arrasaba en el campeonato. La estructura se ha ido descomponiendo pieza a pieza y, en 2026, el panorama es muy distinto.
La fuga de cerebros que cambió la historia reciente de la F1
La salida confirmada de Gianpiero Lambiase, ingeniero clave en la comunicación con Max Verstappen, hacia McLaren en 2028, ha encendido todas las alarmas. Su marcha se suma a una lista que parece no tener fin.
En los últimos años, Red Bull ha perdido figuras clave como:
- Christian Horner, exteam principal
- Adrian Newey, gurú del diseño aerodinámico
- Jonathan Wheatley, director deportivo
- Rob Marshall, pieza clave del desarrollo técnico
- Helmut Marko, figura histórica del programa deportivo
El resultado es claro: la estructura de liderazgo que construyó la era dorada del equipo ha desaparecido casi por completo.
Del dominio absoluto al desgaste interno
El punto de inflexión se sitúa en octubre de 2022, con la muerte de Dietrich Mateschitz, fundador del imperio Red Bull. A partir de ahí, el equilibrio interno empezó a romperse.
La antigua sintonía entre dirección y equipo dio paso a una etapa de tensión, reorganización y decisiones controvertidas que han acabado debilitando la estabilidad deportiva.
Horner, Newey y el fin de una era
La salida de Christian Horner en 2025 marcó un antes y un después. Tras años como rostro visible del éxito, su salida se produjo en un contexto de conflictos internos y desgaste político.
Antes que él, Adrian Newey, considerado uno de los mayores genios técnicos de la historia de la F1, abandonó Milton Keynes en 2024 rumbo a Aston Martin, tras discrepancias internas y pérdida de influencia en el desarrollo del monoplaza.
A ello se sumó la marcha de Rob Marshall a McLaren, donde ha tenido un impacto inmediato en el rendimiento del equipo británico.

El vacío de poder y el nuevo Red Bull
Con todas estas salidas, la estructura actual queda profundamente modificada. El equipo está ahora en manos de una combinación menos estable:
- Laurent Mekies como team principal
- Pierre Waché al frente del desarrollo técnico
- Influencia creciente del entorno de Verstappen
El resultado es un Red Bull donde el equilibrio interno ha sido sustituido por un sistema mucho más dependiente de su estrella principal.
El “clan Verstappen”, más poderoso que nunca
Uno de los aspectos más polémicos del nuevo escenario es la creciente influencia del entorno de Max Verstappen. Su padre Jos Verstappen y su mánager Raymond Vermeulen ejercen una presión directa en decisiones estratégicas del equipo.
La situación ha generado la percepción de que, en Milton Keynes, el poder deportivo gira alrededor de una sola figura.
Rendimiento en caída y dudas sobre el futuro
Aunque Red Bull acumula cifras históricas —130 victorias, 8 títulos de pilotos y 6 de constructores—, la tendencia reciente muestra signos de desgaste.
En las últimas temporadas, el equipo ha ganado alrededor del 58% de las carreras, una cifra aún alta, pero lejos del dominio absoluto anterior.
El problema ahora no es solo deportivo, sino estructural:
- pérdida de talento técnico
- inestabilidad interna
- dependencia excesiva de Verstappen
Verstappen, el eje… y la gran incógnita
El propio Max Verstappen, con 71 victorias en F1, sigue siendo el gran activo del equipo. Sin embargo, las dudas crecen en torno a su futuro.
Se habla incluso de una posible retirada anticipada o cambio de proyecto, lo que supondría un golpe casi definitivo para la estructura actual de Red Bull.
¿Qué queda de la dinastía Red Bull?
La pregunta empieza a ser incómoda en el paddock:
¿qué es Red Bull sin sus arquitectos originales y sin Verstappen?
Lo que antes era un modelo de estabilidad y excelencia técnica ahora parece un equipo en transición, atrapado entre su pasado glorioso y un futuro lleno de incertidumbre.
¿Estamos presenciando el final de una dinastía o el inicio de una reconstrucción obligada en Red Bull?

