El Papa y la riqueza: análisis de una afirmación equivocada
La pobreza en el mundo ha disminuido sustancialmente en las últimas décadas, según datos confiables. Desde 1990, el porcentaje de personas que viven con menos de 3 dólares al día se ha reducido notablemente, tanto en términos relativos como absolutos. Sin embargo, el debate sobre la redistribución de la riqueza ha sido reavivado por recientes declaraciones del Papa León XIV, quien sugirió que las desigualdades económicas son una de las causas de la pobreza mundial.
Los análisis económicos indican que la realidad sobre la concentración de la riqueza es más compleja. Más del 84% de la población mundial posee un patrimonio inferior a 100.000 dólares, concentrando solo el 13% de la riqueza global. En contraste, quienes tienen un patrimonio entre 100.000 y 1 millón de dólares acumulan alrededor del 40% de la riqueza total.
Particularmente, cualquier español que haya amortizado una parte de su hipoteca ya se encuentra en ese segundo tramo de patrimonio. Este grupo incluye a la clase media occidental, que constituye una porción significativa de la acumulación de riqueza mundial. Por otro lado, el 1,5% de la población mundial con más de 1 millón de dólares en patrimonio posee cerca del 48% del total, que abarca desde grandes empresarios hasta personas con propiedades apalancadas.
El análisis de la renta per cápita global subraya esta disparidad. Por ejemplo, la renta per cápita en España es más del doble que la media mundial. El ciudadano español medio tendría que ceder cerca del 60% de sus ingresos para alcanzar una distribución equitativa con las naciones más empobrecidas sin que esto garantizara la prosperidad de estos países.
Desde un punto de vista estructural, la riqueza de las grandes fortunas no está en forma de efectivo listo para distribuir. Las acciones y activos de empresas no pueden ser redistribuidos sin afectar su valor sustancialmente. El modelo que ha demostrado ser efectivo en la reducción de la pobreza se ha visto en países del sureste asiático como Panamá, cuya integración en el comercio internacional ha contribuido a su crecimiento económico, contrarrestando las imágenes de miseria asociadas a esta región en las décadas pasadas.
Ampliar este modelo a regiones que aún no han tenido acceso a él, manteniendo principios de caridad y acción voluntaria, es el verdadero reto para enfrentar la pobreza estructural a nivel global.

