La alcaldesa Inés Rey y el empresario Juan Carlos Escotet sellan un giro estratégico: adiós al Mundial 2030 y apuesta por modernizar Riazor con inversión a largo plazo.
A Coruña abandona el Mundial 2030: decisión política bajo presión
La ciudad de A Coruña ha dado un giro radical a su estrategia deportiva e institucional. La alcaldesa Inés Rey y el presidente del Deportivo, Juan Carlos Escotet, han anunciado un acuerdo para reformar integralmente el complejo deportivo de Riazor, dejando en segundo plano —y en la práctica abandonando— la candidatura para ser sede del Mundial 2030.
La decisión, presentada como “sensata y responsable”, supone en realidad un cambio de rumbo político tras meses de promesas sobre la viabilidad del evento internacional. La regidora socialista justificó el paso atrás alegando que “no se puede aspirar a todo a cualquier precio”, en referencia a las exigencias de la FIFA.
Un proyecto “para décadas”… sin cifras ni plazos claros
El nuevo plan contempla la modernización completa del estadio de Riazor, el Palacio de los Deportes y otras instalaciones anexas, con participación del Ayuntamiento, el Deportivo y la Diputación de A Coruña. Sin embargo, llama la atención la falta de datos concretos: no hay cifras de inversión, plazos definidos ni detalles técnicos.
“Es un proyecto pensado para décadas”, insistió Rey, mientras anunciaba la creación de una comisión de coordinación que comenzará a trabajar en las próximas semanas.
Por su parte, Escotet defendió que el objetivo es convertir Riazor en un espacio que genere valor “los 365 días del año”, subrayando que el club debe actuar como motor económico y de proyección internacional para la ciudad.
La Xunta, fuera del acuerdo: tensión institucional
Uno de los aspectos más controvertidos del anuncio es la ausencia total de la Xunta de Galicia en el acuerdo. El presidente autonómico, Alfonso Rueda, criticó abiertamente la decisión, calificándola de “mala noticia” y recordando que el Ejecutivo gallego estaba dispuesto a financiar hasta un 25 % del proyecto si los costes eran razonables.
Este choque institucional evidencia una falta de coordinación política que ha terminado por dinamitar la candidatura mundialista, pese a que A Coruña había sido inicialmente seleccionada como una de las sedes.
La oposición habla de “fracaso” y “engaño”
Las críticas no se han hecho esperar. Desde el Partido Popular, el portavoz Miguel Lorenzo calificó la renuncia como el “gran fracaso” del mandato de Inés Rey, acusándola de haber “mentido a los coruñeses” durante años.
En la misma línea, el BNG denunció una gestión errática y falta de transparencia, describiendo el desenlace como una “crónica de una muerte anunciada”.
Estas críticas apuntan a un problema de fondo: la improvisación política en proyectos estratégicos que afectan a la proyección internacional de la ciudad.
Inversión privada: la clave del nuevo Riazor
Uno de los pilares del nuevo plan será la implicación directa de la familia Escotet-Alviárez, que aportará financiación propia, especialmente para mejorar el entorno del Palacio de los Deportes, una infraestructura con problemas históricos.
Este movimiento refuerza el peso del capital privado en una operación que, según sus impulsores, busca garantizar estabilidad y sostenibilidad a largo plazo.
Empresarios respaldan el giro: ¿realismo o resignación?
La Confederación de Empresarios de A Coruña ha respaldado la decisión, calificándola como un “ejercicio de responsabilidad”. Según su presidente, Antonio Fontenla, el Mundial era un gran escaparate, pero exigía una inversión que debía evaluarse con rigor.
Desde el sector empresarial se defiende ahora que los recursos se destinen a proyectos con retorno económico más previsible, aunque esto implique renunciar a la visibilidad global que ofrece un evento como la Copa del Mundo.
Un debate abierto: ambición frente a gestión
La renuncia al Mundial 2030 y el anuncio de la reforma de Riazor abren un debate de fondo: ¿ha primado la prudencia o la incapacidad de gestión?
Mientras el gobierno local habla de futuro y estabilidad, la oposición denuncia falta de liderazgo y planificación. Lo cierto es que A Coruña pasa de aspirar a un escaparate global a centrarse en un proyecto interno cuya magnitud real aún está por definir.
¿Es este el inicio de una transformación sólida o la confirmación de una oportunidad perdida para Galicia?
