El delantero del RC Celta de Vigo, Borja Iglesias, ha vuelto a situarse en el centro del debate sobre la homofobia en el fútbol tras una entrevista concedida al diario francés L’Équipe. El jugador reflexiona sobre los insultos que recibe y denuncia el clima que aún persiste en el deporte: “Sería más feliz siendo maricón que siendo uno de los que me insultan”.

Borja Iglesias denuncia la homofobia en el fútbol

En vísperas del duelo de octavos de final de la UEFA Europa League entre el RC Celta de Vigo y el Olympique de Lyon, el delantero español ha protagonizado una entrevista centrada más en su activismo social que en el propio partido.

El futbolista ha reconocido que los insultos homófobos han sido habituales durante su carrera, aunque asegura que con el tiempo ha cambiado su manera de afrontarlos.

Según explica, ya no considera un insulto que alguien lo llame “maricón”, pero sí le preocupa el impacto que esas actitudes tienen sobre las personas homosexuales.

“Lo que me molesta es que una persona homosexual tenga miedo de decirlo por este tipo de reacciones. No poder ser uno mismo y amar a quien uno quiere es inaceptable”, afirmó.

Para Iglesias, la lucha contra la homofobia sigue siendo una batalla pendiente dentro del fútbol profesional.

Pintarse las uñas como símbolo de activismo

El delantero también explicó el origen de uno de los gestos que más han llamado la atención en su imagen pública: pintarse las uñas.

Según relató, comenzó a hacerlo durante el confinamiento de la pandemia de COVID-19, aunque en un primer momento tenía dudas sobre cómo reaccionaría la opinión pública.

Posteriormente decidió mantener el gesto tras verse impactado por el movimiento Black Lives Matter, utilizando el color negro en las uñas como símbolo de apoyo a la lucha contra el racismo.

El jugador explica que ese tipo de gestos le permiten expresar valores y posicionamientos personales, del mismo modo que otros deportistas lo hacen con tatuajes o estilos de imagen.

Un fútbol aún marcado por estereotipos

En la entrevista, Iglesias también reflexiona sobre por qué el fútbol sigue siendo un entorno hostil hacia la homosexualidad.

El delantero considera que el deporte arrastra una tradición ligada a la masculinidad extrema y la exaltación de la virilidad, lo que dificulta que algunos jugadores puedan mostrarse abiertamente tal y como son.

En su opinión, aún existe miedo entre futbolistas profesionales a salir del armario, por temor a perder contratos, apoyo mediático o incluso su carrera deportiva.

El atacante del Celta recuerda que, tras más de veinte años dentro del entorno futbolístico, nunca ha tenido un compañero que le confesara abiertamente ser homosexual, algo que considera significativo.

Referentes que cambiaron la imagen del fútbol

Iglesias también mencionó a jugadores que, a su juicio, contribuyeron a romper ciertos moldes dentro del deporte, como David Beckham o Guti Hernández, quienes introdujeron estilos y formas de masculinidad diferentes a las tradicionales en el fútbol.

Para el delantero, esos cambios ayudaron a que las nuevas generaciones de futbolistas tengan mayor libertad para expresar su personalidad.

Sin embargo, reconoce que todavía queda mucho camino por recorrer para lograr un entorno verdaderamente inclusivo.

La presión de posicionarse públicamente

Otro de los temas abordados en la conversación fue el papel de los futbolistas en los debates sociales.

Iglesias reconoce que a menudo siente una presión constante para pronunciarse sobre distintos temas, algo que describe como la sensación de convertirse en “una especie de justiciero”.

El delantero entiende tanto a quienes prefieren no involucrarse como a quienes sí lo hacen, citando el ejemplo del francés Kylian Mbappé, que en diversas ocasiones se ha posicionado públicamente contra el extremismo.

Para el atacante gallego, participar en estos debates puede resultar mentalmente agotador, por lo que prefiere elegir cuidadosamente las causas en las que decide implicarse.

Un futbolista entre el activismo y el deporte

Mientras el RC Celta de Vigo se prepara para su compromiso europeo ante el Olympique de Lyon, Borja Iglesias vuelve a demostrar que su figura trasciende lo deportivo.

Su discurso, que mezcla activismo social, experiencias personales y crítica al entorno del fútbol, reabre un debate que sigue siendo incómodo para muchos dentro del deporte.

La pregunta que queda en el aire es clara: ¿está realmente preparado el fútbol profesional para afrontar este cambio cultural o seguirá mirando hacia otro lado durante años?

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