Los residentes de Agolada, en la comarca del Deza (Pontevedra), consiguen frenar la controvertida macroplanta de biometano promovida por Mapfre, tras meses de protesta vecinal. La empresa anunció el abandono del proyecto este 12 de marzo de 2026, confirmando la presión social que puso en jaque a una iniciativa destinada a tratar cerca de 100 000 toneladas anuales de residuos orgánicos en suelo rústico del municipio.
La movilización vecinal que detuvo a Mapfre
El proyecto, ligado a una empresa asturiana y respaldado por un fondo de inversión de Mapfre, habría implicado la digestión anaerobia de purines de explotaciones ganaderas, lodos de depuradora y otros residuos agroindustriales. Se estimaba la generación de 80 750 toneladas de digestato anual, un residuo cuya gestión alarmaba a colectivos ecologistas por su potencial impacto en los suelos locales.
La plataforma Stop Biometano Deza, anteriormente Stop Biometano Agolada, celebró la noticia aunque advirtió que seguirá vigilante. La organización atribuye el “éxito parcial” a la resistencia de propietarios que no vendieron sus terrenos, a la presión vecinal sostenida y al respaldo de colectivos como Ecoloxistas Galicia Atlántica e Verde, ADEGA, Stop Ganadería Industrial, Stop Biogás España, Berce do Ulla y el Sindicato Labrego Galego-Comisións Labregas (SLG-CCLL).
Impacto más allá de Agolada
La cancelación de la planta no solo afecta a la comarca del Deza. Galicia se ha convertido en un imán para proyectos de biometano, incentivados por subvenciones europeas, lo que ha generado tensiones con comunidades rurales que perciben estas instalaciones como macroinfraestructuras industriales impuestas sobre territorios familiares.
Actualmente, se tramitan plantas en Abadín, Lugo y Curtis, con inversiones millonarias y capacidades que podrían generar hasta 50 GWh anuales. El SLG-CCLL advierte que estos proyectos, en zonas con ganadería familiar extensiva, requerirían importar residuos de otros municipios, incrementando tráfico pesado y emisiones, y cuestiona la eficacia real del digestato para gestionar purines.
Riesgos y polémicas del biometano
Aunque la industria presenta estas plantas como soluciones verdes para la descarbonización, los vecinos señalan impactos concretos:
- Digestato problemático: el proceso no elimina nitrógeno ni fósforo, manteniendo riesgos de saturación del suelo.
- Olores y emisiones: digestión anaerobia genera sulfuro de hidrógeno, afectando la calidad de vida.
- Tráfico de residuos: la importación de materia orgánica de otros municipios contradice la supuesta gestión local de residuos.
Detrás de los proyectos están fondos de inversión y grandes energéticas, como Mapfre en Agolada y Moeve en Abadín, que buscan rentabilizar subvenciones europeas más que beneficiar al territorio.
Galicia: un territorio en disputa
La presión vecinal ha logrado paralizar varias iniciativas, y la polémica refleja la tensión entre ganadería intensiva industrial y el modelo familiar extensivo. Las plantas de biometano, lejos de ser una solución comunitaria, parecen favorecer a explotaciones de gran escala a costa del medio rural y de la seguridad ambiental.
Mientras la Xunta defiende las ayudas millonarias y la tramitación “con máximo rigor técnico”, la realidad muestra un choque entre el discurso oficial de transición energética y la resistencia de comunidades rurales que exigen protección de su territorio y su modelo de vida.
